Podrían haber recibido la pena de prisión perpetua, pero acordaron un juicio abreviado y pactaron una cantidad de años infinitamente menor a la esperada. Rodrigo Leandro Costa Monzón (21) y Nahuel Hernán Palacios (31) fueron condenados por la justicia de Morón por el crimen de Lucrecia Arias, pero a un monto de años que dejó con sabor a poco.
Para hacer un poco de historia reciente, la mujer, de 46 años, fue asesinada delante de su hija -menor de edad por entonces- la noche del 25 de enero de 2024, apenas pasadas las 23, cuando llegaba a su domicilio de la calle San Nicolás al 2000, en Castelar norte.
La investigación, que recayó en el fiscal Matías Rappazzo y en su secretario Leandro Tommasone, de la UFI N° 7 de Morón, arrancó en fojas cero: sólo había el auto en que se movilizaban los asesinos, que fue recuperado en Fuerte Apache, donde lo abandonaron y prendieron fuego, y cámaras de seguridad que mostraban sus desplazamientos.
Cuatro días después del hecho que estremeció a la opinión pública, un descubrimiento fortuito aceleró la pesquisa: el viudo de la víctima no encontraba su celular, y ese elemento resultó de particular valía para el esclarecimiento. Es que se activó así el protocolo tecnológico para el rastreo del dispositivo y la empresa que brinda el servicio telefónico puso a disposición la información para que la justicia cierre el círculo sobre los sospechosos. Efectivamente, fue lo que alcanzaron a robarle antes de matarla.
La puntillosa investigación para dar con los asesinos
El primer detenido que tuvo el caso fue el hombre que tenía el teléfono de Arias, que rápidamente se confirmó que se lo había comprado a un sujeto que lo vendía en el barrio. Se trata de Diego Fernando Tevez (42), quien fue aprehendido en una vivienda de la calle Fluguerto al 2500, entre Cacique Catriel y General Mosconi de El Palomar. El sujeto admitió ante la justicia que había comprado el celular, pero se desligó del crimen. Luego fue desvinculado de la causa.
Con la información que aportó ese dispositivo y la reconstrucción hecha por los investigadores rápidamente surgieron los nombres de la banda, que dos días antes del crimen de Arias había robado un Peugeot 208 negro en Caseros, sobre la calle Cavassa al 3200: abordaron a una familia y le sustrajeron, a punta de pistola, el rodado con el que después mataron a Lucrecia.
Incluso antes de asesinar a la mujer, en la madrugada de ese día, intentaron robarle el vehículo a un joven que llegaba a su casa de la calle Carlos Casares al 1800, también en Castelar, pero una rápida maniobra del conductor los puso en fuga y frustró el ataque. No había dudas que la banda estaba involucrada en los tres hechos: el de Caseros y los dos ocurridos en Morón. Sólo había que identificar a sus integrantes, cosa que la justicia consiguió.

El segundo detenido por el crimen de Arias fue Nahuel Hernán Palacios, con domicilio en el barrio Carlos Gardel de El Palomar. En esa populosa barriada una comitiva de la DDI Morón, a las órdenes del comisario mayor Dante Pérez Bianchi, se internó por varios días para poder ubicarlo: los movimientos registrados por su celular y los antecedentes penales con los que contaba fueron evidencia en la causa. Lo arrestaron el 7 de febrero de 2024, dos semanas después del sangriento episodio.
El tercer detenido en la causa fue Rodrigo Leandro Costa Monzón. Le estaban siguiendo los pasos y lo arrestaron a la salida del boliche Pinar de Rocha, a donde había ido a pasar la noche. “Estaba viviendo en diversos domicilios para evitar ser ubicado. La pista del celular que usaba fue determinante para interceptarlo en la calle”, detalló un investigador consultado por Primer Plano Online.
Por qué cambió el enfoque judicial del caso
En todo momento las autoridades judiciales mantuvieron a resguardo a la familia de Arias, atravesada por el duelo. La hija logró declarar varios días después del hecho, al igual que el viudo de la vecina. “Boludo, ¿que hiciste?”, fue una de las frases que la menor de edad narró para contar el estremecedor instante en que escuchó el disparo fatal contra su mamá.
Horas después del asesinato de Arias el auto apareció incendiado en el interior de Fuerte Apache. Poca evidencia se pudo reunir en el rodado, pero sí mucha exterior: cámaras de seguridad captaron a los asesinos yendo y viniendo varias veces, la última con un bidón de combustible para prenderlo fuego. Otro dato concluyente contra los dos acusados.

Sin embargo, por el mecanismo de juicio abreviado, la justicia reinterpretó lo que pasó. Y quitó el agravante del homicidio criminis causa que hubiera derivado en sendas prisiones perpetuas para Palacios y Costa Monzón, quienes finalmente fueron condenados, pero a penas mucho menores a lo que se podría haber conseguido en un juicio técnico.
La figura legal que se impuso fue la de robo agravado por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no puede tenerse por acreditada de ninguna manera, uno de ellos en grado de tentativa (por el robo en Caseros y el intento de robo en la calle Carlos Casares al 1800), y robo con homicidio resultante agravado por el uso de arma de fuego y portación ilegal de arma de guerra por el asesinato de Arias.
Por esa totalidad de delitos recibieron la pena de 15 años de prisión cada uno, que vencerán el 6 de febrero de 2039. Muy poco si se compara con la imputación original y con el grado de daño provocado. Primer Plano Online intentó contactar a la familia Arias para saber su sensación del fallo dictado por el juez Humberto González, del Tribunal Oral Criminal N° 2 de Morón, pero ninguno de los allegados con los que habló este medio sabía de la condena. El fiscal que promovió el acuerdo fue Marcelo Papavero, de la Fiscalía de Juicio N° 3 de Morón.

De todos modos, el proceso de juicio abreviado contempla la obligación de hacer parte a la víctima del proceso si es que manifiesta interés de estar informada, más allá de que su opinión no sea vinculante.
Cabe recordar que otro de los sindicados como parte de la banda, y que era buscado por la Policía, fue abatido en un enfrentamiento armado ocurrido el 29 de abril de 2024 luego de un feroz tiroteo. Se trataba de Héctor Fernando Zárate (29), quien falleció en el acto tras recibir tres disparos: dos en el tórax y uno en el abdomen. Primer Plano Online también había informado de ese hecho.











