¿Cuáles son tus derechos como parturienta a la hora de dar a luz? ¿Cuáles son las obligaciones de las y los profesionales que te asisten? ¿De qué se trata la violencia obstétrica? ¿Cómo se destierran prácticas de otras épocas que siguen arraigadas en diversas instituciones médicas en la era digital?
Esas son algunas de las preguntas sobre las que reflexionaron Celeste Cornejo, una mamá que perdió a su bebé al momento del nacimiento y es denunciante y activista contra la Violencia Obstétrica, y María Laura Anzorena, socióloga y abogada. Fue durante una entrevista con el programa periodístico Primer Plano que se emite por el canal Somos, de Flow.
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Ambas integran el colectivo ‘Gestar Justicia, Parir Derechos’, que consiguió que se implemente en el Municipio de Morón un observatorio de monitoreo para el abordaje de este tipo de situaciones, de las que se habla poco y nada. Incluye a instituciones sanitarias del ámbito público y privado, y contempla el inicio de investigaciones “con la debida diligencia”, la entrega de una Carta de Derechos a cada persona gestante y capacitación al personal de salud.
Además, en el Hospital de Morón en particular, en donde ocurrió la totalidad de los casos denunciados entre 2016 y 2019, se habilitó un espacio para la colocación de una placa “como una marca y recordatorio de la violencia ejercida y del camino de búsqueda de justicia transitado”.
LA TRAUMÁTICA EXPERIENCIA DE CELESTE
“Empecé con muchas contracciones, llegué al hospital después de varios días de recurrir a la guardia, siempre con mucha espera y maltrato. Me internan el viernes 13 de julio de 2018 con un poco de pérdida. Ese mismo día alrededor de las 9 de la noche me dejan internada por control. Según ellos (los médicos), estaba todo bien, pero como todavía faltaban unas semanitas para que llegara a término, me dejaban por control”.
Así comenzó su relato de una noche que jamás podrá olvidar Celeste, que esperaba por la llegada de su bebé de una manera completamente distinta a la que experimentó. Aquella jornada se quedó sola en una habitación del nosocomio, desnuda de la cintura para abajo, sin su celular ni contacto alguno con su familia. Hacía frío, y el último control que recibió fue cerca de las 23 pedido por ella, que quería saber si su hijo estaba bien.
“Hasta el momento, en el control de las 11 de la noche estaba bien, pero yo tenía cada vez más dolores. Me dijeron que me durmiera y que me dejara de estar llamando cada rato a los médicos”, recordó, en un claro ejemplo de la patologización a la que son sometidas las personas gestantes que están en esa condición de vulnerabilidad y en donde el “poder” parece estar en manos de otro sobre su propio cuerpo.
“Me apagaron la luz y se fueron. Cuando volvieron a las 6 de la mañana, yo ya no daba más, me cansé de llamar a los médicos, a los enfermeros. Durante toda la noche nadie me asistió: no me traían ni agua. Me hicieron un monitoreo para ver cómo estaba el bebé y ahí ya bueno empezó toda la tragedia. En ese momento no encontraban muy bien los latidos, se confundían con los míos y de urgencia me hicieron una cesárea”, manifestó.
Sin tener compañía a su lado y sin saber lo que estaba pasando, Celeste recibió la peor noticia una vez concluida la cirugía. “El único que me informaba algo y me hablaba era el anestesista, que estaba al lado mío y me preguntaba cómo estaba, nada más. Terminó la cesárea, vino el médico y me dijo que lamentablemente mi hijo había nacido muerto”, señaló. Solamente imaginar la escena eriza la piel.
JUSTICIA RESTAURATIVA
A partir de la denuncia de Celeste se abrió un camino para el abordaje institucional de la problemática, que va por un carril diferente al judicial. Morón es un distrito pionero en implementar medidas concretas. “Entre 2016 y 2019 detectamos más de 15 situaciones, pero siete mujeres llevaron adelante una denuncia colectiva por violencia obstétrica sufrida en una misma institución, que es algo muy valioso”, detalló Anzorena, que acompaña la campaña desde un rol profesional y legal.
La gran pelea por delante en este tipo de reclamos es que la persona denunciante sea escuchada y atendida en su planteo, porque la primera respuesta que recibe es si tiene forma de probar lo que está diciendo. Además, porque otro elemento fundamental de cualquier expediente es la historia clínica, que es completada por los mismos médicos que intervinieron en el procedimiento.
“Fue muy importante este proceso colectivo que hicieron las chicas, y a partir de esto se generó una instancia de justicia restaurativa, es decir, que haya un reconocimiento de que estas son situaciones que suceden, y que por supuesto hay que establecer responsabilidades individuales, y que son prácticas sistémicas que hay que modificar”, concluyó Anzorena.










