Quién es ‘El Turkito de la gente’, el fenómeno que provoca estallidos de solidaridad entre vecinos

Por Omar Abuid lo conocen pocas personas. Para la mayoría es ‘El Turkito de la gente’, un protagonista regional de movidas solidarias con las que consigue soluciones concretas ante la imposibilidad de la burocracia estatal de aceitar mecanismos de ayuda.

“Ese apodo me lo puso la mamá de un nene con cáncer hace 20 años y ahí arranqué”, le cuenta a Primer Plano Online vía telefónica. Y recuerda que arrancó con estas cadenas cuando su mamá sufrió esa enfermedad y “nadie la ayudaba”. “Me propuse que nunca más nadie tenga que vender una propiedad para pagarse los medicamentos oncológicos”, rememora.

Omar conoce la Argentina profunda. Y desde su experiencia habla de familias “devastadas” cuando necesitan enfrentar algún tipo de tratamiento, dejar de trabajar para acompañar a un hijo y descuidar a otros. Lo que cualquier papá o mamá haría en condiciones de desesperación y soledad, porque ese es el momento en que aparece la fortaleza individual como, quizá, único recurso.

LA PÁGINA DE ‘EL TURKITO DE LA GENTE 2’:

A lo largo de tantos años ‘Turkito’ armó dos salitas sanitarias en el Chaco, una en Formosa, otra en Catamarca y ahora trabaja en la construcción de un hogar para personas en situación de calle. “La pandemia hizo estragos: cuando se cerró todo empezamos a entregar cosas que se necesitaban en las casas con un permiso especial que tramitamos”, señala.

Y mantiene su lema: “a la gente la ayuda la gente”. En las navidades, por caso, suele entregar carne que consigue de un frigorífico. El año pasado fueron 22 mil kilos de asado los que pudo dar a 32 mil personas que se juntaron en la plaza Murialdo de Villa Bosch, en Tres de Febrero, de donde es oriundo. “Se nos quieren pegar los políticos y nosotros les decimos que no”, aclara.

Hace poco también le cerraron una página en la red social Facebook en la que tenía 400 mil seguidores. Sospecha que fue denunciado por gente que no ve con agrado lo que hace. Sin embargo, se reinventa a diario con una máxima ricotera: “el que abandona no tiene premio”, tal como dice una caja de telgopor en la que está escrita la sentencia. Allí depositan medicación oncológica para que no pierda cadena de frío.

Las cadenas medicamentosas las logra en base a la confianza que supo ganarse con los años: vecinas y vecinos que cuentan con remedios en sus casas y, cuando fallece su familiar, se la alcanza para ponerlos a disposición de quien los va a requerir. “Simplemente soy un eslabón en el que la gente confía”, sintetiza Omar.

Entra tanta solidaridad incluso recibió un allanamiento judicial en su casa por entregar medicamentos oncológicos sin ser profesional de la salud. “Tengo una causa por eso. Puedo recibir, pero no soy médico ni farmacéutico para entregar. Y si lo analizás bien tienen razón. Pero mi pregunta es qué pasa si esa persona que necesitaba un medicamento muere”, reflexiona.

Y cuenta algo que es fácil de cotejar: actualmente se entregan turnos en hospitales públicos para la atención de enfermedades oncológicas con hasta seis meses de espera, tiempo en que el tumor avanza. “La vida es hoy. A mí en el cajón seguramente me van a poner una remera de Racing y listo. Entonces prefiero ayudar de verdad y que quien necesita encuentre su respuesta”, sentencia.

Entre otras obras, el ‘Turkito’ urbanizó tres cuadras y levantó 14 viviendas en el barrio Esperanza. Sólo puso el CBU de su cuenta y la gente donó. Fue a un corralón, se llevó materiales al costo y entre las familias de esa populosa barriada erigieron sus hogares. “¿Cómo eso lo va a poder hacer un cuatro de copas, que soy yo, y no el Estado?”, se pregunta.

Omar es comerciante. Tiene puestos en La Salada, un auto en la aplicación Uber y así para la olla a diario. “Somos unos trastornados que nos encanta ayudar. Hay días que tenemos gente desde las 5 de la mañana en la vereda de casa después de haber viajado de alguna provincia. Y jamás tuvimos que decir que no: si no lo tenemos pongo la tarjeta para comprarlo”, cierra la entrevista, a la espera de atender el próximo timbrazo que está por sonar en su casa.

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