Francisco Di Luciano es instructor de musculación y vendedor de suplementos deportivos. Su vida no tiene nada que ver con el derecho, pero desde que mataron a su hijo debió sumergirse en el conocimiento de procedimientos judiciales y lo hizo, a punto tal que hablar con él se asemeja a conversar con un perito. En el objetivo de buscar justicia y limpiar el nombre de Gianfranco no encuentra obstáculos.
“Ya desde un primer momento lo quisieron ensuciar diciendo que tenía droga en su vestimenta, cuando jamás se drogó y hasta odiaba que yo fume cuando íbamos a la cancha. Hay un bache entre que pasó el crimen y que nos llaman: lo mataron a las 5.15 y nos enteramos por un amigo a las 10. Ni siquiera nos llamó la Policía. El cuerpo de mi hijo estaba manipulado y el celular se lo hicieron mil pedazos”, contó el papá del muchacho asesinado en diálogo con Primer Plano Online.

A Gianfranco lo asesinaron en la madrugada del 14 de abril de 2024 en el interior del boliche Teatro Woodstock, ubicado sobre la avenida Juan Manuel de Rosas al 2900, en San Justo. Tenía 20 años y recibió un disparo en la cabeza que resultó mortal. Según las constancias médicas, falleció prácticamente en el acto, sin que pudieran asistirlo. A pocas horas del crimen comenzaron a circulas las primeras versiones policiales y judiciales que daban cuenta de una discusión en el interior del local, cosa que nunca existió.
Las 23 dosis de cocaína y tusi halladas en un bolsillo interior de la campera de Gianfranco alguien las plantó. Fue tan burdo lo que hicieron que el WhatsApp Web de la computadora del muchacho quedó abierto en su casa, y así su familia pudo descubrir que todo se trató de un ardid tramado. El horario de muerte fue estipulado como a las 5.15 y a las 5.45, media hora después, le empezaron a llegar mensajes con frases como ‘me conseguís esto’ o ‘tenés aquello’. Lo querían presentar como un dealer. ¿Quién lo hizo? Es un misterio.
El crimen de la prepotencia
La investigación policial avanzó rápidamente. Es que mediante testimonios, filmaciones hechas por celulares y cámaras de seguridad del propio local de esparcimiento identificar al autor de los disparos no fue misión imposible. Quien disparó fue identificado como Yoel Tahiel Tambussi, conocido en el local porque siempre solía ir con dólares y hacer alarde del dinero que tenía.
Aquella noche tampoco pudo contener su incontinencia y se acercó al disk jockey a pedirle que lo dejara pasar unos temas. Para eso le llevó billetes, pero el dj se negó. Eso lo enfureció al asesino: primero mostró su desagrado apagándole la computadora y luego le toqueteó la botonera. No conforme con eso dejó fluir su prepotencia criminal: se subió a una tarima y arrancó a disparar. Mató a Gianfranco y arruinó a una familia entera: pudo haber cometido una verdadera masacre.
Crónica del juicio por el crimen de Gianfranco Di Luciano en el boliche Teatro Woodstock, en San Justo: el video que es evidencia clave https://t.co/zTna8qvkYd pic.twitter.com/NFJsLuaz6M
— Primer Plano (@primerplanotv) February 23, 2026
“Son tiros”, se le escucha decir a una chica absolutamente conmovida por la situación. Además del balazo al muchacho fallecido hubo otro joven herido en una pierna. Ahora todo eso se debate ante el Tribunal Oral Criminal N° 3 de La Matanza, a cargo de los jueces Eduardo Sánchez, Ramiro Larrañaga y Raúl Fernando Elhart. El fiscal del juicio es Carlos Luppino. Hoy lunes se leerán los alegatos.
Gianfranco, conocido como ‘El Colo’, trabajó como vendedor de autos, empleo al que había renunciado para irse de vacaciones con su familia “por última vez, porque empezaba su carrera de kinesiología y sabía que más adelante se le iba a complicar”. De hecho, había empezado a cursar el CBC en la UBA y había superado una prueba que le tomaron en una cafetería para comenzar a trabajar. Ese fin de semana recibió la llamada que lo puso contento: le avisaron que el puesto era suyo. “Nosotros esperamos perpetua, no hay otra condena posible”, reflexionó Francisco.
La detención del asesino que tendría que haber estado preso
Tambussi, como se escribió más arriba, fue identificado fácilmente por la evidencia recopilada en el boliche. Después de matar a Gianfranco huyó de la escena en un Ford Fiesta rojo junto a sus cómplices. Lo increíble es que, lejos de ponerse a resguardo por lo que hizo, se fue a una fiesta clandestina en el barrio Almafuerte (ex Villa Palito), donde finalmente fue localizado y detenido tras una persecución y un tiroteo a manos de la DDI La Matanza.

Al momento de su captura, se le secuestró la pistola Bersa Thunder utilizada en el crimen y se descubrió que se movilizaba en una moto KTM Duke 250 robada. Es decir, mató, se fue a otra fiesta, robó una moto y disparó contra los uniformados que lo capturaron. La pericia balística sobre esa pistola fue clave: confirmó que las vainas servidas encontradas en el boliche correspondían al arma que tenía Tambussi cuando se enfrentó con la Policía.
Para Francisco, que es particular damnificado en la causa y asistió a las dos audiencias del debate oral, “no hay manera objetiva que no se compruebe que fue Tambussi quien mató a mi hijo”. “Estuvo en el boliche, disparó y hasta quedó filmado. Su defensa está haciendo el trabajo de embarrar la cancha con los testimonios que aporta queriendo ensuciar a mi hijo, pero lo que pasó está bien claro. Y el buen nombre y honor de Gianfranco quedará limpio”, aseveró.
Como si fuera poco el crimen de Di Luciano, Tambussi también está implicado en otro asesinato: el del Rafael Indalecio Pardo (83), el abuelo que había ido a comprar medicamentos el sábado 18 de noviembre de 2023 a una farmacia de la calle Pellegrini 450 en Ramos Mejía y fue baleado por dos motochorros que internaron robarle el auto. A tres integrantes de esa banda los detuvieron; el cuarto siguió prófugo y volvió a matar. “Si lo hubieran detenido como correspondía mi hijo estaría vivo”, lamenta Francisco.
El otro condenado por el crimen de Gianfranco Di Luciano
El otro condenado por el crimen de Gianfranco Di Luciano fue W.R.V. (menor al momento del hecho, tenía 17). Se entregó a las autoridades días después de la detención de Tambussi: quedó filmado llegando con él, dentro del boliche y lo ayudó a fugarse. No fue quien disparó, pero la justicia lo acusó de encubrimiento y fue condenado, por el Régimen Penal Juvenil, a 5 años y medio de prisión en juicio abreviado.
El tema es que le dieron el beneficio del arresto domiciliario, es decir, que cumpla la sentencia en su casa. Y fue el propio Francisco quien se ocupó de constatar que no lo cumplía, porque seguía saliendo con sus amigos. El papá de Gianfranco aclaró que no hizo nada ilegal: simplemente se estacionó con su auto a metros de la casa del condenado y lo vio en la calle, paseándose con otros jóvenes y fumando cigarrillos.
El 7 de enero de 2025 registró la evidencia con su celular y, ni bien se levantó la feria judicial, le llevó las pruebas al juez de Menores Gustavo Andrés Pons, que se negó a atenderlo. A finales de febrero hubo una audiencia y el magistrado resolvió que el condenado siga en esa condición.
Recién el Día del Amigo del año pasado, cuando la Policía fue a la casa y tampoco lo encontró, y apareció cuando lo llamó su madre y con un documento nuevo, con domicilio en otro distrito, la justicia revocó la domiciliaria y ordenó su detención en un instituto de menores. La semana que viene el magistrado debe resolver en qué condición cumple su condena.











