La charla telefónica con Viviana Navas es cordial, hasta que en un momento la interlocutora rompe en llanto. Es cuando Primer Plano Online le pide que recuerde a su hija con una palabra, con una definición, con alguna particularidad. “Perdoname pero me angustio demasiado y me cuesta seguir”, responde una mujer atravesada por la tragedia para siempre.
Es la mamá de Rocío Carla Otero, la joven de 21 años oriunda de Lomas de Zamora que murió el 20 de mayo de 2017 por las heridas que le provocó el asesino al volante Pablo Ariel Flores Ayala, un ciudadano paraguayo de 39 años que manejaba borracho y a alta velocidad.

La víctima viajaba en un Chevrolet Sonic blanco junto a sus amigos Eduardo y Angie. Trabajaba junto a su mamá en el Senasa durante la semana en inspección de frigoríficos y los fines de semana hacía presencias en el boliche Siroco, en Laferrere. Cuando iba hacia ese lugar, poco antes de llegar, en la calle Carlos Encina al 2900, un Ford Fiesta bordó apareció desde una transversal e impactó con fuerza el lado izquierdo del vehículo de los jóvenes.
Rocío, que viajaba en el asiento trasero del lado del conductor, salió despedida por la ventanilla. De ahí en más las versiones que se escucharon, que sólo quedarán confirmadas o desmentidas en el juicio que comienza mañana lunes en los Tribunales de La Matanza, en Mendoza 2417 de San Justo. Según la Policía, Rocío murió en el acto, aunque los testigos le contaron a la familia que la escucharon quejarse durante varios minutos. “La velocidad a la que viajaba era tal que los arrastró contra un paredón. Tanto él (por Flores Ayala) como el acompañante reconocieron que habían tomado. Esperemos que con esos agravantes, que son la velocidad y el alcohol, la justicia imponga una condena ejemplar”, dijo Viviana a Primer Plano Online.
La mamá de Rocío recordó que aquella noche fatídica, donde le dio un beso a su hija y le deseó suerte para recibir el llamado a la hora con la noticia del accidente, la gente del lugar del siniestro le contó que el asesino al volante gritaba “mi auto, miren cómo quedó mi auto”. Desde entonces, el clamor por justicia la hizo dejar todo lo que era su vida cotidiana. Por ejemplo, la ONG solidaria ‘Ayudar a Ayudar’, que ella misma había fundado.
“Es que me tuve que dedicar absolutamente al seguimiento de la causa y mi ánimo no me permite otra cosa. Son muchas las cosas que no se saben de este tipo de causas, como por ejemplo que cuando hicieron el peritaje el perito puso mal el nombre de mi hija. Y hasta escribió que la muerte fue porque era un peatón que venía caminando y fue atropellada”, graficó. Insólito e indignante, pero tan real como la ausencia de Rocío.

Como la causa está caratulada como homicidio culposo agravado, el máximo de expectativa de pena que tiene Flores Ayala es de seis años. El mínimo es de tres y en todos los casos, en caso de apelar la sentencia, no irá preso hasta que el fallo quede firme. Ah, y llega libre al juicio, ya que apenas estuvo preso una semana luego del hecho.











