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lunes, enero 12, 2026
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Cayó el segundo motochorro acusado del crimen de Hilda Tello, baleada en un colectivo de la línea 174 en San Justo

Por ese hecho, el pasado 27 de octubre Jonathan Ezequiel Soto (19) recibió la pena de prisión perpetua. Restaba el segundo imputado en la causa; Dylan Uriel Vivas, quien tenía orden de captura nacional e internacional. Agentes de la DDI La Matanza le venían siguiendo los pasos y lo interceptaron en un local de comidas de La Tablada pese a su desesperada resistencia: mordió y golpeó a dos agentes, que igual lo redujeron.

A Dylan Uriel Vivas (19) le venían siguiendo los pasos. Los investigadores tenían el dato de su celular y las redes sociales que usaba, en donde tenía la necesitad de mostrar todo lo que hacía pero con una particularidad: subía historias breves, que rápidamente desaparecían.

No era un prófugo más: sobre él pesaba una orden de captura nacional e internacional por un crimen que conmovió a la opinión pública. Fue el asesinato de Hilda Tello, la mujer de 45 años que viajaba en un colectivo de la línea 174 y recibió un balazo en el cuello sin tener nada que ver con la secuencia.

Es que dos motochorros intentaron asaltar a un joven que lavaba el auto el pasado 15 de enero de este año sobre la calle Coronel Lynch al 2800, entre Illia y San Martín. Ambos abordaron a la víctima con fines de robo, lo intimidaron con una pistola del calibre 9 milímetros y no alcanzaron a sustraerle nada porque justo pasaba por el lugar el transporte público en el que viajaba la fallecida.

Al ver la secuencia y escuchar el pedido del auxilio del muchacho, el chofer Cristian Julio Rodolfo Paz, colectivero del interno 623 de la línea 174, estrechó el paso de la moto en la que circulaban los delincuentes, que reaccionaron de la peor manera: el acompañante disparó tres balazos hacia el micro, de los cuales uno de los proyectiles impactó en la humanidad de la pasajera. Pese a que fue llevada de urgencia a una clínica cercana, su deceso fue casi inmediato.

La detención del prófugo que mordió a los policías

El que disparó los balazos mortales fue identificado como Jonatan Ezequiel Soto, quien fue detenido pocos días después del hecho, el 13 de febrero. En el juicio en su contra, en el que fue condenado a prisión perpetua, confesó que fue él quien gatilló el arma aunque sus intenciones no fueron matar. “Pido perdón. No quise matar a nadie, no soy capaz de matar a nadie. Estoy arrepentido de lo que hice. Yo quise tirar al aire. Si pudiera volver el tiempo atrás no me subiría a la moto y no compartiría tiempo con esa persona”, fue su declaración ante la justicia, que le aplicó la pena máxima.

Quedaba pendiente en la causa Vivas, un joven al que nunca la DDI La Matanza, a cargo del comisario mayor Flavio Marino, le dejó de seguir el rastro en un trabajo coordinado por el fiscal Adrián Arribas, de la UFI Temática Homicidios de ese Departamento Judicial. “Subió una imagen que duró poquito tiempo, pero alcanzamos a identificar en qué lugar estaba. Y ahí se armó el procedimiento de urgencia”, precisaron fuentes de la investigación.

El prófugo había armado una tarde de dispersión con una amiga. Se encontraron en el local de McDonald’s ubicado en el interior del hipermercado Changomas de Crovara y Ruta 4, en La Tablada, y allí los agentes montaron un fuerte operativo encubierto para evitar que escape. No fue fácil su arresto igual: Vivas arrojó golpes de puño contra el personal policial e incluso mordió a una oficial mujer y a otro varón, a quienes les causó heridas leves.

Una vez reducido, fue puesto a disposición de la justicia, que espera por indagarlo en orden al mismo delito por el que fue condenado Soto: robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa (por el intento de asalto al vecino que lavaba el auto) y homicidio agravado criminis causae agravado por el uso de arma de fuego por el crimen de Tello. No hay ningún motivo para pensar que no tendrá el mismo destino.

El crimen de la mujer que viajaba en colectivo
No hay motivos para creer que a Dylan Uriel Vivas no le espera el mismo destino que a su cómplice: perpetua

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