Comenzó el juicio de un hecho que espera desde hace seis años ser llevado a los estrados judiciales, luego de la denuncia presentada por la abogada Fiorella Mucholi contra su colega Sebastián Moure, a quien acusa de abuso sexual en la oficina en la que ella trabajaba.
El caso es ventilado ante el Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Morón, a cargo de los jueces Juan Carlos Uboldi, Claudio Chaminade y la jueza Mariana Maldonado. El fiscal del debate es Leonardo Lisa, quien al comienzo de las audiencias, luego de leer una síntesis del hecho, solicitó al tribunal que el imputado sea juzgado por el delito de abuso sexual agravado, mientras que el abogado del acusado, Ricardo Malvicini, negó la existencia de lo que se le imputa a su cliente.
Se trata de un juicio muy engorroso, que va a demandar varias y largas jornadas. En los tres primeros días, el tiempo neto empleado para el testimonio de la víctima y de cuatro testigos fueron más de 18 horas y todavía faltan varios testimonios más por escuchar, entre otros el de Moure.

Mucholi trabajaba en el consultorio del médico forense Pablo Denquiu en Sucre al 300 de Morón, y lo que ella denunció se habría producido el 23 de noviembre de 2015. Ese día el acusado tocó el timbre de la oficina y le dijo que trabajaba para ‘Chino’ Sierra, un abogado muy conocido en Morón. Ella primero se negó a abrirle la puerta pero cuando nombró a ese letrado decidió hacerlo pasar para no tener problemas. Sin embargo, Sierra en su momento negó conocerlo y que sea parte de su staff. Mientras estaban juntos llegó otra mujer llamada Micaela, cuñada de la víctima, con lo cual en un momento estuvieron las tres personas en la oficina.
Cuando su cuñada se retira, Mucholi relató que la acompañó hasta la salida en la planta baja y que, al retornar a la oficina, le costó abrir la puerta debido a que del otro lado alguien la estaba trabajando. La tomaron del brazo y la introdujeron por la fuerza. Primero pensó que se trataba de un robo pero rápidamente escuchó el grito de parte de Moure, que le decía “no me mires”. Le pegó un cachetazo, se abalanzó sobre ella y siguieron los golpes.
Además, que la puso boca abajo sobre un escritorio, comenzó a insultarla gritándole insultos de todo tipo y la frase “sos mía”. Además, le pedía que dijera que le gustaba lo que le estaba haciendo. En fracción de segundos y en medio del pánico, se dio cuenta que el atacante se bajó el pantalón con el pene erecto. Es en ese instante en que ella le expresó una suerte de promesa: si se quedaba tranquilo iban a salir, lo que puso más violento a su agresor.
Entre manoseos, gritos, golpes e insultos, Mucholi se quebró en el instante de contar que sintió cómo fue penetrada con más de un dedo en su vagina y por el ano. Lloraba, le pedía que terminara con el ataque, cuando escuchó una amenaza: “callate porque de acá te vas en bolsa”. Además la arrastró por la oficina y la obligó a que le practique sexo oral, a lo que ella se negó. Es allí cuando Moure, siempre según los dichos de la denunciante, cesa en la actitud pero igual intenta sacarle el corpiño especial que ella tenía puesto, debido a que hacía un mes se había operado de las mamas. Logró correrlo y siguió manoseándole los pechos. “Estaba como loco. Tenía color fuego en la cara”, definió.
Minutos después sonó el timbre en la oficina y él la obligó a atender amenazándola con un cuchillo. “¿Quién es, a quién esperás?”, fueron las palabras con que la inquirió. Es ahí cuando la víctima lo enfrenta y le afirma “a mí matame pero Micaela (su cuñada) no sube”. “Invitala a la fiestita”, fue la respuesta que recibió. Finalmente ella logró distraer a su familiar: le dijo que iba a tardar en bajar porque estaba con otro llamado, pero siempre con el cuchillo en su garganta. “No tengo problemas, te espero”, le contestó la visitante.
Entonces Moure la acostó en el piso, le exigió que lo masturbe y ella accedió “por miedo”, según confesó. Lo cierto es que el violador le cuestionó la manera en que lo hacía y terminó masturbándose con su propia mano tomando la de ella. Después de eyacular en la mano de la víctima, se puso de pie, se levantó los pantalones y, como si nada hubiera pasado, la indagó: “¿cuándo te traigo los estudios que faltan?”. Durante su exposición, Mucholi contó que a lo largo de estos seis años desde la denuncia varias veces se preguntó “por qué fui tan boluda y no reaccioné”.
Después del ataque hizo pasar a Micaela y Moure se retiró de la oficina. La víctima se comunicó con una médica, que es la que le había hecho el prequirúrgico por su operación en las mamas, y se fue hasta el consultorio de ella, distante a unas quince cuadras. Allí, según reveló Mucholi, la profesional la contuvo desde el punto de vista humano y espiritual, más que desde lo médico. Es que no tenía signos de haberse defendido de un ataque sexual, por ejemplo en las uñas. Al día siguiente radicó la denuncia.
Durante su relato, el fiscal del juicio le marcó una contradicción. Cuando la mujer narró que Moure no había sido citado al consultorio en el que Mucholi trabajaba. “En tu declaración dijiste que sí”, le precisó Leonardo Lisa, quien también señaló que no hubo restos del semen del atacante, con lo cual no hay elemento de prueba al respecto. Ella lo que aclaró en ese punto es que, por el asco que le produjo la situación, se limpió con agua y jabón. Tampoco encontraron el cuchillo, que supuestamente era de la oficina: los peritos no levantaron ninguna prueba en el lugar.
En cinco ocasiones Mucholi fue sometida a pericias psiquiátricas mientras que el acusado ni una sola vez. Eso lo recalcó varias veces la víctima, quien también contó que, una semana después, con su propio celular, se sacó fotos de las lesiones que le quedaron en el cuerpo. Durante el juicio, esas imágenes las pudieron ver por primera vez todas las partes implicadas. “Este hecho me cortó la vida en dos”, se sinceró la abogada. “No puedo ser madre, no puedo controlar esfínteres, tengo miedo, tengo ataques de pánico y nunca pude cumplir con las expectativas de mis parejas en términos sexuales después de este episodio”, concluyó.









