Suelen ser la trinchera que le da vida a los barrios, sean humildes, clase media o de las altas esferas de ingreso. No existe geografía en el conurbano que no cuente con un comercio minorista y un propietario o empleado que, más allá de la calidad de lo que vende, termina siendo un vecino más, en donde se comparten las problemáticas diarias.
Ese negocio, el pequeño, el que no tiene posibilidades de sumarse a los planes de pago con tarjeta de crédito en cuotas y que tampoco es parte de las promociones bancarias que brindan descuentos por la compra, intenta subsistir. Es que no es otra cosa que el reflejo de lo que le sucede al bolsillo del consumidor, al que todo se le incrementó en los últimos meses.
Primer Plano Recargado reunió a tres representantes de cámaras que nuclean a los comercios minoristas en la región para conocer su realidad. Walter Ruiz Díaz, ex presidente de la Cámara de Comercio de William Morris; Jorge Varni, titular de la Unión de Comerciantes, Industriales y Afines de Ituzaingó (UCIADI) y Fernando Savore, quien integra la Cámara de Almaceneros de Morón, explicaron cómo la caída del consumo impacta directamente en sus negocios.
“Es la primera fila que sufre cualquier impacto económico. Lo que nos cuesta mucho ver son persianas cerradas, negocios que se van por falta de ventas. En Hurlingham hay unos 60 comercios que cerraron éste año”, graficó Ruiz Díaz, quien se dedica a la venta de seguros y recibe permanentes pedidos de sus clientes para cambiar de compañía aseguradora por el aumento en los costos.
“Todos vemos, los que vivimos en Morón, la cantidad de comercios que se están cerrando. Sabemos que mantener un negocio tiene un costo de alquiler de 60 ó 70 mil pesos, que si la venta se mantiene forma parte del costo operativo, pero cuando la venta decrece todo se pone muy complicado. Y en los barrios, los comercios no somos más que un reflejo de lo que pasa con el consumidor”, describió Savore.
Por su parte, Varni habló del combo explosivo que se instaló en la economía argentina desde hace tiempo y les hace imposible salir a flote. “Los negocios chicos y los nuevos son los que menos soportan la crisis. Están dos o tres meses, cierran, abren otro negocio con características similares y otra vez el mismo ciclo. Este tremendo combo que es una caída impresionante en las ventas prolongada en el tiempo, más la importante presión impositiva que alcanza al 42 por ciento de la actividad y la imposibilidad de acceder al crédito, con las tasas de interés como están, es algo explosivo”, señaló Varni.










