Pidieron 38 años de prisión para el chacal que mató a Lucinda, la abuela asesinada a martillazos en su casa de Merlo

El fiscal Adrián Ferreyra, a cargo del juicio que se le sigue al chacal que asesinó a la abuela Lucinda Palavecino (78) y otros cinco delitos más cuya característica principal era el ataque a mujeres adultas mayores, pidió hoy 38 años de prisión para el acusado por la sumatoria de hechos por los que llegó imputado al debate.

Se trata de Diego Hernán Herrera, quien enfrenta cargos por tres robos agravados por el uso de arma, un robo simple, otro agravado por efracción y el último con homicidio resultante. Los ataques ocurrieron en las localidades de Villa Tesei, Hurlingham, y Libertad, Merlo, curiosamente los barrios en los que vivía el criminal. Y varias veces con un modus operandi: acercarse a sus víctimas para pedirles agua o alimentos para los hijos.

El monto de pena solicitado por Ferreyra responde a que los casos juzgados fueron cometidos en concurso, es decir, en un mismo juicio se le imputaros todos los delitos. La acusación en su contra que no prosperó fue la de un abuso sexual contra una joven de 15 años (actualmente tiene 18), porque ni ella ni el hermano pudieron reconocerlo en el debate.

Dos de los casos que cometió Herrera fueron publicados en su momento por Primer Plano Online. El primero fue sobre la calle Boulogne Sur Mer al 1700, en Libertad, cuando el imputado abordó a una mujer que salía de su casa: la golpeó sin piedad con un fierro y le efectuó un corte en la frente con un cuchillo tipo Tramontina. La mujer cayó desmayada. Creyendo que había muerto, el acusado se apuró para irse del lugar y se llevó una bolsa con dinero, un celular y una tarjeta Sube propiedad de la víctima, al igual que la moto del hijo.

Le clavaron un cuchillo en la frente a una mujer y le robaron la moto en su casa de Merlo

También el caso de Lucinda, que ocurrió sobre la calle Malvinas al 2500 de la misma localidad de Merlo, mientras la víctima sacaba unos baldes con agua a la vereda. La metió por la fuerza a su casa y la golpeó no sólo con el puño sino también con un martillo, que es lo que le termina causando la muerte tras agonizar por una semana.

El deceso de Lucinda se produjo el 1 de julio de 2020, diez días después del ataque. ¿Qué intentó llevarse? Un par de zapatillas y un teléfono celular, pero en su intento por escapar, un vecino que vio la secuencia advirtió al resto de los habitantes de la cuadra y lograron detenerlo. La mujer murió como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio traumático producto de la hemorragia cerebral secundaria a traumatismo encéfalo craneano grave.

Justamente sobre ese hecho fue el único testimonio que aceptó brindar Herrera en el juicio, una vez que terminó el relato de los testigos. “Yo pasé por ahí y ví a la señora lastimada. Los vecinos me empezaron a acusar y salí corriendo. Después que me agarraron la Policía me puso la mochila con las cosas de la abuela”, se intentó defender. Por supuesto, su relato se cayó por las evidencias.

Ahora los jueces Rodolfo Castañares, Carlos Torti y Humberto González, del Tribunal Oral Criminal Nº 4 de Morón, darán a conocer la sentencia en los próximos días. Como ya es reincidente, en caso de recibir condena será de cumplimiento completo y sin beneficios.

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