Relatos del horror: dos sobrevivientes de la comunidad Valientes y las torturas a las que eran sometidos

No es lenguaje tumbero, pero el periodista de Primer Plano Online que encaró este artículo debió entender un dialecto propio de un lugar cerrado, en donde los códigos fluían entre internos y responsables y cada uno sabía de qué se trataba un “rescate”, un “correctivo” y cómo funcionaba un centro clandestino cuya característica central era, supuestamente, sacar a jóvenes de consumos problemáticos.

Dos sobrevivientes de la comunidad terapéutica Valientes, allanada y clausurada el fin de semana pasado luego de que una inspección realizada por funcionarios del Ministerio de Salud bonaerense detectara fuertes irregularidades en las acciones que llevaban a cabo, revelaron los tormentos a los que eran sometidas las personas que se alojaban allí, en su mayoría en contra de su voluntad.

Son dos relatos de varios más que están de a poco saliendo a la luz, una vez que la justicia tomó intervención y cerró definitivamente el lugar. Son testimonios del horror, crudos y angustiantes, que también provocan indignación en las familias que enviaron a sus hijos allí con la intención de ayudarlos a salir de las adicciones. Sin embargo, los condenaron a ser tratados literalmente como escoria humana y que salgan de allí “con odio acumulado”, tal cual revelaron.

Uno de los testimonios que recogió Primer Plano Online es el de Gastón Pezolano, un camionero que actualmente volvió a vivir a su ciudad natal, Pico Truncado, en la provincia de Santa Cruz. Su papá pagó 345 mil pesos para su internación y luego una cuota mensual de entre 100 mil y 120 mil pesos, y que durante el tiempo que permaneció alojado, en dos etapas distintas, hasta sufrió la fractura de dos costillas como resultado de un castigo al que fue sometido.

“Los que somos adictos nos miramos a la cara y ya sabemos si volvimos a consumir o no. En julio pasado yo dije que Germán (Ferrante, uno de los directores) había recaído y se enojaron mucho conmigo. Me dieron un correctivo, una golpiza entre varios, y me rompieron dos costillas. Después me tiraron a una pileta de noche, con temperaturas bajo cero, y me hicieron arrodillar por varias horas para que recapacite por lo que había dicho”, describió Gastón vía telefónica. “Hasta el día de hoy tengo las marcas en el cuerpo”, acotó.

Horror en Moreno: encontraron a un joven esposado en un gallinero dentro de una comunidad terapéutica

En otro momento el muchacho estuvo también en correctivo durante casi un mes. Según recuerda, “me daban de comer cada tres días y me daban de tomar medio vaso de agua al día, encerrado en una habitación”. “Para ellos era algo natural. Al igual que la comida: la pasábamos muy mal. Nos daban poca cantidad y de mala calidad. Comíamos porquerías, y carne no existía, pese a que le decían a nuestras familias que sí nos daban”, precisó.

Y también reflotó otra anécdota, que de alguna manera refleja el manejo de los responsables del lugar. “Yo he ido a acompañar a los directores cuando le hacían entregar carne a un chico que tenía problemas de adicciones y trabajaba en un frigorífico. Y en la comunidad dejaban los huesos para la sopa, el resto se lo llevaban ellos para sus casas”, indicó.

La vida de Gastón hoy transita arriba del camión que maneja diariamente en el sur del país. Reconoce que su lucha contra las adicciones “es muy difícil, cuesta mucho y es día a día”, pero tiene la motivación en su familia primaria: Lorenzo, de seis años; Gino, de cuatro; y Giovanni, de tres meses. Son los hijos que tuvo con su esposa, otro baluarte en su recuperación. “Ella le pidió a mi hermano que me vaya a buscar porque me conoce. Los llamados telefónicos eran en alta voz y con una persona escuchando al lado lo que hablábamos, así que entendió todo y me ayudó a salir”, valoró.

RESCATES, ESPOSAS Y BAÚLES

Otro sobreviviente de la comunidad, que en este caso prefirió no dar su nombre y que se contactó con Primer Plano Online al ver los dos artículos que este medio publicó entre domingo y lunes, señaló que de los 90 chicos que estaban en Valientes mientras él se internó 85 estaban con contra de su voluntad. Y narró una experiencia que conoció al encontrarse con un compañero nuevo.

Restos de comida y basura fueron hallados por todo el predio donde interactuaban los pacientes

“Ellos (los directores) le hacían creer a las familias que era indispensable lo que llamaban ‘rescate’, y que según el estado de la persona adicta era lo que cobraban”, recordó. ¿Qué era el ‘rescate’? Llevarlo engañado hasta un lugar, en donde lo esperaban y prácticamente lo secuestraban. “La madre de este chico lo llamó y lo citó en una esquina con la excusa de darle plata. Ahí lo estaban esperando cuatro tipos de la comunidad, que lo redujeron a golpes, lo esposaron y metieron en un baúl. Yo lo vi llegar a la comunidad así”, se sinceró.

Ese era el tipo de tratamiento tortuoso que desarrollaban en la granja. Y luego la manipulación se extendía al entorno de las personas adictas: siempre explicaban que debían seguir un tiempo más para evitar recaídas. “En mi caso mintieron con lo que era mi adicción. Yo consumía y mezclaba cocaína con marihuana para fumarla, pero cuando citaron a mi mujer le dijeron que yo inhalaba cocaína y que me escapaba de mi casa cuando ella no se daba cuenta, cosa que es mentira”, describió.

Para finalizar, evocó otra triste anécdota sobre castigos, en este caso a un muchacho al que le limitaron la comida, estaba “desesperado de hambre” y su pecado capital fue robarse un pan. “Lo tuvieron encerrado y esposado por doce horas”, explicó, luego de darle una golpiza para que “recapacite”. “Había buchones ahí adentro, que tenían el cerebro tan lavado que creían era correcto lo que hacían”, completó.

Había 90 personas alojadas en la comunidad terapéutica clausurada en Moreno

 

Como informó Primer Plano Online, la comunidad terapéutica Valientes fue clausurada entre sábado y domingo a raíz de un allanamiento de urgencia dispuesto por el fiscal Gabriel López, de la Fiscalía Nº 8 del Departamento Judicial Moreno-General Rodríguez. Hay tres detenidos en el marco de una investigación que no se cerró: el director y los coordinadores quedaron imputados formalmente por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, lesiones, amenazas, y no se descarta la figura de asociación ilícita, lo que agravaría las penas en expectativa.

Según pudo confirmar este medio con fuentes judiciales, ayer fue detenido Gonzalo Llinás, uno de los propietarios del lugar, y también quedó la orden de detención sobre Germán Ferrante, que ya está preso en otra causa: el crimen de un interno ocurrido en enero pasado.

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