Un vecino de Morón que hoy cumple 90 años devela su fórmula de la longevidad

Según consta en su documento, Claudio García nació el 30 de julio de 1931 en el partido de Seis de septiembre, nombre que llevaba el distrito de Morón a causa del golpe de Estado de 1930 y que retomaría su actual denominación recién en 1946, durante la gestión del intendente justicialista César Albistur Víllegas.

Su primer hogar estaba localizado en Hurlingham, en una zona rodeada de campo a la vera de donde hoy funciona el Colegio Santa Hilda. De aquellos años Claudio rememora recuerdos imborrables de su infancia cuando, por ejemplo, jugada al fútbol frente a la estación del ferrocarril en la zona del Club El Retiro.

Cuando tenía 14 años, sus padres tomaron la decisión de mudarse a Morón, a una casa ubicada en la calle La Roche, entre Buen Viaje y Mitre. El nuevo lugar de residencia les quedaba mucho más cerca del Instituto San José de los Hermanos Maristas al que asistían los cuatro hermanos García (tres varones y una mujer). Es que por entonces había muy pocos establecimientos secundarios en la zona para que los adolescentes de la época cursaran sus estudios.

De sus primeros años en Morón, Claudio recuerda como si fuera hoy la zona comercial que existía en la manzana donde en 1938 comenzó a construirse el palacio municipal, actual sede del gobierno local.

De temperamento muy inquieto, de joven participó activamente de la vida social del Club Morón, años de los que recuerda los Jueves Culturales donde en los ´50 tuvo el honor de conocer a Jorge Luis Borges y escuchar las disertaciones de pensadores destacados de la época.

Ya afincado en este distrito, en 1957 García se casó con Ana Nicora en el registro civil local y por iglesia en la Catedral de Morón. Esa mujer de quien hasta hoy habla con profunda admiración fue la mamá de sus cinco hijos (uno de ellos ya fallecido). La familia creció y la descendencia no tardó en llegar: hoy tiene 17 nietos y 10 bisnietos.

Lúcido y memorioso de las circunstancias que le tocaron vivir a lo largo de sus 90 años de vida, Claudio dialogó con Primer Plano Online a corazón abierto. En la charla nos confió que más de allá de las lógicas complicaciones que enfrenta en la vida cualquier ser humano, “el tramo más difícil que me tocó atravesar fue la enfermedad de mi esposa con quien estuvimos 3 años de novios y 55 casados. Ella falleció hace 6 años a causa del Alzheimer y yo aún la amo profundamente por haber construido juntos una familia soñada».

Claudio con sus hijos; sus hermanos; su esposa Ana y sus nietos; sus nueras y yerno; sus compañeros de la escuela y con dos de sus bisnietos

Desde su casa de la calle Larrea al 700 donde vive solo, García rememoró su historia, las cosas que lo hicieron feliz y los placeres que aún le dan energía para seguir disfrutando de la vida cada día.

En lo que hace al trabajo, Claudio tuvo una inmobiliaria, se dedicó a la construcción y participó de una empresa de impermeabilizaciones hidráulicas para la industria. Algunos años más tarde, cuando su esposa se dedicó a la venta de libros –primero para una empresa y más tarde por su cuenta- Claudio decidió secundarla. Finalmente, cuando Ana se enfermó, él tomó las riendas del negocio que continuó llevando adelante hasta el 19 de marzo de 2020 cuando la pandemia lo obligó a abandonar la tarea.

Consultado por este medio sobre los secretos para llegar a los 90 en un estado envidiable, este hombre que solía jugar al fútbol de chico y hasta no hace tantos años atrás disfrutó de la práctica del tenis con amigos se sincera: “Siempre llevé una vida muy activa, con mucha entrega social, sin excesos y buena alimentación. Desde hace muchísimos años mantengo mi peso entre los 70 y 75 kilos, y si bien me gusta comer y cocinar no me saturo”. A la hora de poner manos a la obra confiesa que su especialidad son los asados y la paella, que llegó a preparar para el deleite de 120 comensales.

Claudio es muy creyente y familiero: “Le doy gracias a Dios todos los días porque con el amor que me dan me inyectan supervivencia”, deduce cómplice y se lamenta por la limitación que impuso la pandemia a las reuniones familiares y sociales.

“Encontrarse es una de las cosas más lindas de la vida” expresa finalmente a modo de consejo para renovar la energía, cosa que a las claras él ha sabido hacer a lo largo de los años como si se tratara de un ritual. “Eso sí –advierte- un poco de licor y vino hay que tomar: yo siempre brindo para invitar al encuentro”, expresa con complicidad y con la sonrisa franca que caracteriza.

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