Hay olores, canciones y sabores capaces de viajar en el tiempo. Basta escuchar unos pocos acordes o ver el envoltorio de una golosina para volver, sin pedir permiso, a la infancia: al guardapolvo blanco, a las figuritas del recreo, a los programas de la tarde, a la bicicleta apoyada en la vereda y al kiosco del barrio, donde unas pocas monedas alcanzaban para comprar un pedacito de felicidad.
En ese viaje directo a los años más felices aparece un nombre que todavía despierta sonrisas: Tubby. «Yo soy un Tubby que andaba solo en una ciudad pesada… Hasta que un día encontré una Tubby y quiso que la acompañara…»
Quienes crecieron en los años 80 seguramente completaron esa frase de memoria. Porque aquel jingle no fue solamente una publicidad: fue la banda sonora de toda una generación.
La historia comenzó en 1984, cuando la Argentina recuperaba la democracia y comenzaba a respirar nuevos aires de libertad. Mientras el rock nacional brillaba con Soda Stereo, Virus, GIT, Los Abuelos de la Nada, Charly García, Miguel Mateos, Fito Páez y Sumo, y artistas internacionales como Michael Jackson, Queen, Madonna, Phil Collins, Bon Jovi y Duran Duran dominaban las radios, Bagley apostó por crear una golosina diferente.
La misión quedó en manos del ingeniero químico Francisco Bellotti, un verdadero referente de la industria alimenticia que había trabajado en Fanacoa, Stani y Bonafide. Desde la planta de Villa Mercedes, en San Luis, desarrolló una receta que terminaría convirtiéndose en una de las más recordadas de la historia argentina.
Primero llegó el Tubby 3, una combinación perfecta de tres capas de oblea, crema de avellanas y cobertura de chocolate semiamargo.
Poco después apareció el que, para muchos, fue insuperable: el Tubby 4, con cuatro capas de oblea, crema de maní, un suave caramelo y el clásico baño de chocolate. Su equilibrio entre lo crocante y lo cremoso lo convirtió rápidamente en uno de los favoritos de los kioscos argentinos.
La saga continuó, pero no fue lo mismo
A comienzos de los años 90, la familia siguió creciendo. Bagley lanzó el Tubby 5, que incorporó arroz crocante entre sus capas de oblea y relleno, ofreciendo una textura más liviana y aireada. Poco después apareció el Tubby 6, la versión más ambiciosa de la marca, con una mayor cantidad de capas de oblea y crema bajo el tradicional baño de chocolate semiamargo. Aunque nunca alcanzaron la popularidad de los inolvidables Tubby 3 y Tubby 4, estas nuevas versiones conquistaron a miles de chicos y demostraron que la marca seguía apostando por la innovación.
La publicidad también evolucionó. Si en los años 80 el recordado comercial «Ciudad Soleada de Tubby», creado por Hermida Publicidad, con música de Juan «Pollo» Raffo, letra de Lucho González y la voz de Rubén Goldín, había conquistado al país e incluso obtenido un premio en el Festival Internacional de Publicidad de Nueva York, durante los años 90 la marca volvió a sorprender con una campaña protagonizada por un joven Diego Capusotto, acompañada por las originales ilustraciones del prestigioso artista Carlos Nine junto al estudio de Catú.
Durante una década, los Tubby fueron mucho más que una golosina. Fueron el premio después de hacer la tarea, el compañero inseparable de los recreos, la sorpresa que esperaba en el bolsillo del guardapolvo o dentro de la mochila.

Pero toda esa historia cambió en 1994. La compra de la mayoría accionaria de Bagley por parte de Danone marcó el final de una época. Como parte de una reorganización internacional de su catálogo de productos, la empresa decidió discontinuar toda la línea Tubby.
Con el paso de los años ocurrió algo que pocas marcas consiguen: convertirse en un mito. En 2016, Internet y las redes sociales hicieron renacer el fenómeno. Miles de argentinos comenzaron a compartir publicidades, fotos de los envoltorios, recuerdos de la infancia y campañas de recolección de firmas para pedir el regreso de las obleas más queridas del país. Y en 2024, al cumplirse 40 años de su lanzamiento, aparecieron distintos homenajes, entre ellos un alfajor conmemorativo inspirado en el clásico Tubby.
Hoy, más de cuatro décadas después de aquel lanzamiento de 1984, el Tubby sigue demostrando que hay recuerdos que el tiempo no puede borrar. Porque sin dudas era mucho más que una oblea bañada en chocolate.














