Funcionario judicial de Ituzaingó que protagonizó escándalo en comisaría de Padua desmiente versión policial

Federico Lompizano aseguró a Primer Plano Online que cuando estaba por orinar en un árbol oscuro en cercanías de la dependencia un efectivo lo golpeó de atrás y le espetó “rajá de acá, tomatelas”. También recalcó que es “falso” que haya roto la puerta de la seccional y sentenció: “lo que pasó en el calabozo no puedo calificarlo de otra manera más que tortura”.

El nuevo escándalo que sacude a la justicia de Ituzaingó suma otro capítulo: ahora, el funcionario que quedó en el centro de la escena desmintió haber provocado los desmanes por los que la Policía lo denunció y aseguró que fue “torturado” en la comisaría 2ª de San Antonio de Padua, en Merlo. Además, anticipó que presentó una contradenuncia contra los efectivos que participaron del procedimiento.

Federico Lompizano, auxiliar letrado y secretario de la Unidad Fiscal Descentralizada N° 2 de Ituzaingó, envió un escrito con su descargo a la causa que tiene en su contra por los delitos de exhibiciones obscenas, daño y resistencia a la autoridad. El texto está acompañado por el reconocimiento médico que le realizaron en el Sanatorio del Oeste, en donde le confirmaron que tiene una fractura de fractura de tabique nasal y una lesión ósea en la rodilla, entre otras heridas. Por eso solicitó una licencia de 15 días en sus labores.

Su relato difiere a lo que denunció personal policial ante el fiscal Martín Schebes, de la UFI N° 4 de Morón. En sus dichos, Lompizano explicó que había acudido a un bar que se encuentra ubicado en la esquina de la mencionada dependencia policial y que dejó su auto particular estacionado allí “por seguridad”. Lo que pasó después arrancó a las 4.30 de ayer domingo, cuando el funcionario se retiraba del local de esparcimiento.

“Les dije a mis amigos que con mi hermano nos teníamos que ir porque teníamos un almuerzo familiar al mediodía. Salí primero, para ir encendiendo el auto. Al llegar a donde lo tenía estacionado, me di cuenta que ya no podía aguantar más las ganas de orinar. El local estaba lleno y era difícil el ingreso a los sanitarios. Por tal motivo me vi en la urgencia de ir hacia un árbol: estaba oscuro, pero lo hice para no orinarme encima”, describió.

Golpes, persecución y esposas para todos

Según narró Lompizano, en ese momento sintió “un fuerte golpe en la nuca” que casi lo noquea y quedó “mareado”. Ese impacto fue acompañado por una patada en la rodilla y en la espalda baja. “Cuando me doy vuelta vi que el que me pegó era un uniformado que se encontraba junto a una mujer también uniformada. Le dije “¿estás loco?”, y me contestó ‘rajá de acá, tomatelas’”.

El funcionario entonces se retiró a la esquina contraria al boliche “sin salir del asombro” por lo ocurrido. “Decidí ir a la dependencia para hablar con un responsable y pedir los nombres, sumado a que tenía mi vehículo estacionado en la puerta y debía sí o sí regresar. Cuando entré a la comisaría crucé una puerta de vidrio, estaba caminando hacia donde está la guardia y desde atrás nuevamente fui sorprendido por golpes”, señaló.

Escándalo en comisaría de Padua

En su relato, Lompizano indicó que fueron varios los policías que le pegaron hasta que consiguió zafarse e ir nuevamente a la vereda, donde se reencontró con su hermano y un amigo. “Me subí al auto y al hacer unas dos cuadras, vi que por detrás venía un patrullero, por lo que, para evitar que me involucraran en una persecución decidí estacionar. Abrí la ventanilla un poco y les expuse a los uniformados que había sido golpeado por dos efectivos de la comisaría y que no iba a bajar por temor. Me identifiqué como funcionario judicial”, indicó en su defensa.

Uno de los agentes lo invitó a descender del rodado con la frase, textual: “bajate y hacemos un mano a mano, gil”. “Como la situación se volvió insostenible, bajé del auto y fui reducido por el mismo policía que me había golpeado momentos antes. Me colocó las esposas de manera tal que me estranguló las muñecas. Mi hermano y su amigo también fueron esposados”, refirió.

“Tortura” en el calabozo

A las 5 de la madrugada Lompizano fue trasladado a la comisaría. “En todo momento preguntaba por qué estábamos esposados. No supimos el motivo de la aprehensión hasta las 8”, describió el funcionario. En ese lapso aseguró que escuchó que llamaron al fiscal de turno y le narraron que el acusado había roto la puerta de vidrio de ingreso a la seccional. “Eso es totalmente falso”, aseveró.

“Desde que me pusieron las esposas les pedí que las aflojen porque tenía las manos moradas. Me decían que habían perdido la llave -justo el mismo efectivo que me golpeó era quien las había perdido-. Lo que pasó en el calabozo, sumado a la injusticia que vengo relatando, no puedo calificarlo de otra manera más que tortura: me metieron y me dijeron ‘este que esta todo meado es para vos’, y cada 10 o 15 minutos pasaban para hostigarme y provocarme”, manifestó el funcionario judicial. También contó que en un par de ocasiones le hicieron comentarios vinculados a su padre, comisario ya retirado de la fuerza.

Escándalo en comisaría de Padua
Lompizano aseguró que no fue él quien rompió la puerta de vidrio de ingreso a la comisaría: es lo que debe probar ahora la justicia

Lompizano reveló también que recién a las 11 de la mañana no llevaron a una guardia para hacer reconocimiento médico y que presentaba “chichones en la cabeza, vidrios incrustados, el codo esguinzado y las muñecas entumecidas por las esposas”. “Una verdadera pesadilla”, se sinceró. En horas de la tarde fue trasladado a la Fiscalía N° 4 de Morón, en donde fue indagado como imputado en la causa penal.

Antes fue llevado al Hospital Posadas para una extracción sanguínea, cosa que Lompizano criticó debido a que lo llevó el mismo policía que le había pegado durante la madrugada. “Me extrajeron sangre, la médica le dijo que no tenía la cadena de custodia y él (el policía) le dijo ‘no importa, después la hacemos’. Sumado a ello no convocó testigo para la extracción y el sobre no fue firmado ni por la médica, ni por el policía ni por mí”, completó.

Para finalizar la jornada, el funcionario se enteró que dos agentes de la comisaría 2ª de Padua fueron hasta su casa “con actitud intimidante, como para hacernos saber que saben dónde vivo”. “Esto para mí es una pesadilla. Tengo una carrera intachable, siempre trabajé en la trinchera del Poder Judicial, participé de cientos de procedimientos que son de público conocimiento, mantengo un compromiso con las víctimas por vocación y siento que todo lo sucedido está arruinando el camino que fui forjando a lo largo de los años”, cerró Lompizano.

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