La comunidad ResKT está próxima a cumplir 17 años de servicio ininterrumpido a la sociedad. El 13 de abril venidero se reunirán en Victorino de la Plaza 3100 de Pontevedra, en Merlo, para celebrar junto a las familias de chicos que dejaron sus tratamientos y son externados para arrancar una nueva vida.
Allí se escucharán testimonios inspiradores de personas que dejan grandes enseñanzas por haber logrado superar las adicciones a consumos problemáticos y reconocerán a profesionales y a entidades que trabajan y realizan su aporte en la lucha por dar una mano y ayudar a los adictos a que se aprendan a amar a sí mismos como primera medida para el cambio.
En una entrevista con el programa periodístico Primer Plano por el canal Somos, de Flow, el referente y creador de ese espacio, Gustavo ‘Tavo’ Moreira, abrió su corazón y se brindó se lleno a una charla profunda, en la que reveló aquello que no necesariamente se ve del impacto que provoca la droga.
“Cuando caes en la droga vas perdiendo el sentido de pertenencia, del amor. Hoy pasás por algunos barrios de madrugada y ves pibes y pibas de 14, 15 años que están sonámbulos”, indicó quien se define a sí como un adicto recuperado. Siempre cuenta que dejó las drogas ilegales hace 35 años y nunca más volvió a probar.
“Una vez lo hicieron conmigo y eso es lo que me lleva a mí a hacerlo también”, explica sobre su trabajo social, que supera los límites institucionales puertas adentro: encabeza un grupo de escucha y acompañamiento en el club Deportivo Morón todos los lunes a las 20 y se acerca a cuanto lugar le brinda espacio para mostrar que la salida es posible. Y no tiene problemas en vincular a los consumos problemáticos con los altos niveles de inseguridad y de violencia que hay en las calles.
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“El 90% como mínimo de la inseguridad es por el consumo destructivo. Al adicto no es que le importa si le quita la vida a alguien, si le saca el bolso a una abuela… Te alejás tanto del sentimiento interno que estás muy perdido. Y la gran mayoría de las personas que se interna lo hace por una motivación externa, ya sea que va a caer preso, pierde la familia o porque ve sufriendo a alguien. Y nosotros tenemos que procurar que su motivación sea interna. Por eso es amarlos hasta que ellos aprendan a amar”, enfatizó ‘Tavo’.
POLICÍAS LLORANDO
Durante la entrevista, Moreira recordó una anécdota vivida recientemente en la institución que lidera. Fue de parte de una comitiva policial que se presentó a realizar un procedimiento, lo que derivó en una ocasión oportuna para improvisar una reunión con los chicos alojados allí. Es que algunos están con pulsera electrónica cumpliendo condena, y lo curioso llegó en el cierre de la sorpresiva visita.
“Gracias por tratarnos bien”, expresaron los chicos en recuperación, y les regalaron a cada efectivo remera, gorra y prendedor de las que elaboran ellos mismos. “Veías a los policías con lágrimas en los ojos, y mi hijo, que trabaja conmigo, sobre el final les dijo: ‘pensar que antes estaba la misma división, ustedes de un lado y nosotros del otro. Y hoy estamos acá, en familia, agradeciendo que el buen trato que tuvieron’”, contó Moreira.
Claro: si a ese uniformado no le sucede en lo personal eso de padecer algún consumo problemático (casos sobran en la institución), seguro conoce a alguien que lo sufra, ya sea en su entorno familiar, amistoso o barrial. Para muestra un botón: “el jefe del operativo me mandó un mensaje a cinco minutos de haberse ido agradeciendo por nuestra labor y asegurando: ‘lo que ustedes dan sin recibir nada a cambio se multiplica’”, concluyó Moreira.











