“Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente”. La popular canción que inmortalizó para siempre León Gieco acompañó un nuevo reclamo de trabajadores de la ex clínica Constituyentes de Morón, que permanecen en un limbo y vacío legal luego del cambio de nombre del establecimiento sanitario y una deuda de parte de la anterior patronal que se acumula con el paso del tiempo ante la indiferencia estatal, política y sindical.
Como una manera de modificar la estrategia para hacer escuchar sus voces, ese grupo de hombres y mujeres que supo erigir la institución con su fuerza laboral hoy armó una olla popular en la esquina de Constituyentes y Azcuénaga para visibilizar su lucha.
Y reiteraron fuertes críticas a la anterior patronal, representada por los empresarios Ramiro Britos y Luis Videla, quienes dispusieron el cierre a finales del año pasado y dejaron un tendal de meses de sueldos sin pagar, y a la las flamantes autoridades, encabezadas por la Red Basa, una empresa del grupo Olmos dedicada al negocio de la salud que rebautizó el lugar bajo el nombre de Santa Clara.
“Hay quienes, por suerte, tenemos otro trabajo, pero igual estamos esperando nuestra indemnización. Y hay gente que no tiene empleo y no los reincorporan. Como hemos prometido estamos en la calle y cada vez las movilizaciones van a ser un poco más complejas”, narró a Primer Plano Online una de las trabajadoras cesanteadas que participó de la manifestación.

“Haremos huelga de hambre de ser necesario. Todas las semanas vamos a venir a reclamar”, agregó la mujer, visiblemente molesta con la falta de respuestas a los reclamos. Es cuanto menos curioso que ninguna organización política (salvo un espacio de Izquierda), ni el Ministerio de Trabajo ni tampoco gremial acompañe la petición. Ni el Municipio de Morón, si bien no es un actor directo para arbitrar, tomó partido en el diferendo.
Fuertes críticas al titular del Sindicato de Sanidad por un presunto “arreglo” con la nueva patronal
Otra de las manifestantes se quejó de la postura tomada por la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA Hurlingham), cuyo titular, Jorge D’Andrea, “dijo en una entrevista televisiva que ya estaban arreglando con la Red Basa para la reincorporación pero no es así, porque nadie nos llamó y seguimos esperando”.
Es más: el testimonio de esa trabajadora se completó con una frase atribuida al sindicalista, en la que el dirigente los descalificó diciendo que “son 15 gatos locos que hablan con pasquines”. Quizá fue una referencia a Primer Plano Online, el único medio que sigue la evolución del conflicto desde sus inicios, antes de la pandemia. “Nosotros seguimos en la calle, sin ser indemnizados, y ellos hacer sus acuerdos por detrás”, completó.
“Al sindicato ahora lo único que le importa es arreglar con Red Basa y que trabajen los 420 que éramos porque les van a dar la cuota sindical. Pero, ¿por qué no están ahora con nosotros?”, se quejó la exempleada en un dejo de sinceridad, en el que también cuestionó a la CGT Regional, que tampoco se acercó a escuchar sus planteos y tratar de establecer alguna manera de resolver el conflicto.
Otra trabajadora que quedó en la calle lamentó haber perdido su obra social a partir de haberse quedado sin empleo. En rigor no por ella sino por su hijo, que padece una discapacidad. Si bien no es responsabilidad directa del Municipio, la bronca también alcanzó al intendente Lucas Ghi, que se acercó a cortar la cinta el día de la reinauguración y prometió interceder en pos de una solución que aún no llega.
El sanatorio reabrió sus puertas a principios de junio pasado, todavía no de manera completa, y la promesa de la nueva patronal de convocar a las y los trabajadores más calificados de la anterior administración tampoco se efectivizó. Eso, lógico, a partir de un nuevo vínculo y sólo en caso de que la nueva prestadora lo requiera, sin la antigüedad acumulada.










