Un juicio de fuerte impacto se lleva adelante por estas horas en los Tribunales de Morón y, como es costumbre, Primer Plano Online le brinda cobertura exclusiva. Se trata de la muerte de Pablo Sebastián ‘Pali’ Alcorta, quien falleció el 6 de diciembre de 2013 tras haber recibido un disparo por parte de un efectivo policial que hacía adicionales en el peaje de colectora de Autopista del Oeste y Húsares, en Villa Tesei. El uniformado intervino para impedir el robo de una moto que el joven, de 17 años, estaba cometiendo junto a un cómplice.
El caso, cuyo debate oral y público se demoró por la pandemia de Covid-19, se ventila en el Tribunal Oral Criminal Nº 4, integrado por los jueces Carlos Torti (presidente), Pedro Rodríguez y Rodolfo Castañares. El hecho en cuestión sucedió el 18 de mayo de aquel año, y Alcorta murió casi siete meses después, luego de internaciones, altas médicas y un estado vegetativo irreversible en el que quedó.
Se trata de un caso similar al del policía Luis Chocobar, quien fue condenado por el delito de homicidio agravado por la utilización de un arma de fuego en exceso en el cumplimiento de un deber el intervenir en la persecución de un delincuente que había apuñalado a un turista para robarle. El uniformado recibió dos años de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos por cinco años.

Ahora en Morón, el imputado es el exagente Diego Ariel Tolaba, quien tenía el rango de sargento y pertenecía a la Policía Buenos Aires 2, destinado a la Estación Morón. El fiscal del juicio, Horacio Vázquez, lo acusa de homicidio con uso de arma de fuego. Para la querella, que en ese caso representa a la familia Alcorta, se trató de “un típico caso de gatillo fácil”. “El imputado actuó a sabiendas que el chico no representaba ningún peligro ni para el imputado ni para terceros”, enfatizó el letrado.
De la primera jornada del debate participó la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, varias organizaciones políticas y sociales, familiares de víctimas del gatillo fácil y representantes de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI).
LOS HECHOS JUZGADOS
Tolaba realizaba servicios adicionales en la cabina de peaje del Acceso Oeste, en la bajada de Vergara, en Hurlingham. Aquella noche escuchó que los trabajadores del lugar le avisaron de un robo en proceso y a mano armada contra un motociclista, al que le estaban sacando sus pertenencias y el rodado sobre la colectora de la autopista.

Alcorta, que actuó con un cómplice identificado como Gabriel Murillo y que declaró en el juicio como testigo, recibió un disparo en la frente, pero no murió en ese momento. Estuvo primero internado 18 días en el hospital Posadas, fue dado de alta y al poco tiempo fue alojado en un nosocomio privado. Su estado de salud fue desmejorando con el tiempo a punto tal que entró en estado vegetativo y en diciembre murió. Desde el momento que recibió el disparo hasta el día de su muerte transcurrieron siete meses.
En la primera audiencia del juicio declaró el motociclista víctima del robo, quien describió cómo fue amenazado y despojado de sus pertenencias por los dos ladrones que lo atacaron “a punta de arma”. Lo que no pudo determinar, siempre según sus expresiones, es si ambos estaban armados. “Pero al menos uno sí”, enfatizó.
También prestó testimonio Gabriel Murillo, el cómplice de Alcorta. Se trata de un joven que actualmente está detenido purgando una pena de siete años y medio por robo en la localidad de Morón. El muchacho reconoció que le habían robado la moto a la víctima frente a la cabina de peaje. Afirmó también que ‘Pali’ Alcorta era el que tenía el arma con la que lo amenazaron. Y detalló que, una vez que se subieron al rodado, su compañero se sentó al manubrio y, cuando arrancó, sintió los disparos. A los pocos metros, ambos cayeron al asfalto con la moto y allí lo vio a Pablo “ensangrentado en la frente”.
LA VERSIÓN DEL POLICÍA ACUSADO
El exsargento Tolaba declaró ante los jueces y brindó una detallada descripción de cómo pasaron los hechos. Recordó que fue avisado por empleados de la cabina de peaje del robo, se asomó y visualizó a los dos ladrones armados apuntádole a la víctima mientras le sacaban la moto y el bolso. En esas circunstancias es que gritó “alto, policía”, y ambos atacantes intentaron huir con la moto hacia la avenida Vergara.

El uniformado, cubierto por una columna del peaje, avanzó ya empuñando su arma y se refugió en un poste más fino, en el cual según sus dichos se sentía menos a resguardo. En base a sus expresiones ante el tribunal, los malvivientes lo apuntaron y es allí cuando les volvió a gritar para que cesen su actitud delictiva.
En ese instante se produjeron insultos entre el efectivo y los atacantes, que no pudieron arrancar la moto. Ahí es cuando Tolaba dispara dos veces, vio caer la moto y a los dos delincuentes. Murillo declaró que tomó uno de los revólveres que tenían pero no alcanzó a disparar. Intentó correr hacia Húsares para escapar, pero el agente logró esposarlo. Alcorta, mientras tanto, yacía herido en el suelo.
El policía aceptó responder preguntas del fiscal y de los abogados de la familia y aclaró que los atacantes no le dispararon, pero sí lo apuntaron y se sintió en peligro. Un dato que no es menor y que expresó ante el tribunal fue que sólo tuvo práctica de tiro durante su instrucción para ingresar a la fuerza. Después ya no: fue todo ejercicio de la profesión.
Quienes trabajaban en ese tiempo en la cabina de peaje (un hombre y una mujer) coincidieron con el relato del policía. Y reconocieron que, en medio de los tiros, liberaron la barrera para que el tránsito se aleje y se pusieron a resguardo en medio del pánico. Otra testigo, que es la mujer que pidió ayuda porque vio cómo le estaban robando al motociclista, señaló que vio a uno de los delincuentes armado. Ese testimonio fue clave para la investigación: es que en la instrucción incautaron una pistola Bersa calibre .22 apta para el disparo y un revólver marca Pasper Bagual no apta para disparar.
LA MUERTE DEBATIDA
La médica que pertenece a la asesoría pericial habló de “nexo causal indirecto o mediato entre el daño producido por la herida de arma de fuego y la muerte” de Alcorta. Escrito de otra manera: ‘Pali’ falleció por las consecuencias que ese balazo le ocasionó a su salud, por más que su deceso se haya producido con varios meses de posterioridad.

Tolaba nunca estuvo detenido y llegó al juicio en libertad. Para su defensa actuó en defensa propia y la de terceros “al repeler de modo racional y responsable con su arma reglamentaria el temerario accionar desplegado por los agresores Murillo y Alcorta” al momento de robar.
Como se dijo, para la querella fue un caso de gatillo fácil. La justicia tiene la última palabra a casi nueve años del disparo que resultó mortal.










