De Merlo a la tragedia de Venezuela: el rescatista que cruzó fronteras para devolver esperanza entre los escombros

Nahuel Cristiano tiene 35 años y forma parte del Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios (CEPA). Viajó dos veces para participar en las tareas de búsqueda y recuperación de víctimas tras el devastador terremoto. Su historia refleja el compromiso, la solidaridad y el profesionalismo de quienes ponen su propia vida al servicio de los demás.

Hay historias que no necesitan héroes de ficción, alcanzan con personas comunes que, cuando llega el momento crítico, deciden dar un paso al frente. Ese es el caso de Nahuel Alejandro Cristiano, un vecino de Merlo, en la zona oeste del conurbano bonaerense, que a sus 35 años dejó por unos días a su familia, su trabajo y su vida cotidiana para viajar a Venezuela y sumarse a una brigada internacional de búsqueda y rescate después del devastador terremoto que sacudió al país.

Como maestro mayor de obras, técnico superior en ObrasViales y actual director de Obras Viales y Mantenimiento Hidráulico del Municipio de Morón, Nahuel lleva toda una vida vinculada al trabajo y al servicio.

Criado en el marco de una familia de trabajadores de la construcción, asegura que heredó de sus padres el valor más importante: la empatía. «Mi mamá siempre nos enseñó a vivir en los zapatos del otro», recuerda.

Esa enseñanza lo acompañó desde muy joven. Participó en proyectos de educación popular, trabajó en obras viales, pasó por distintas áreas del Estado y, en mayo de 2025 encontró un nuevo camino cuando se sumó al CEPA (Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios), una organización de voluntarios que se prepara para actuar en emergencias, rescates y desastres naturales.

En poco más de un año ya había participado en operativos de búsqueda de personas, coberturas sanitarias y distintos servicios solidarios. Pero nada lo preparó para el llamado que llegó desde la Cancillería venezolana días después del doble terremoto.

Desde hace poco más de un año Nahuel Cristiano es parte de la organización de voluntarios ‘Cuerpo de Evacuación y Primeros Auxilios’ (CEPA)

La brigada argentina viajó para colaborar en una de las zonas más afectadas. Allí trabajaron durante jornadas agotadoras entre montañas de escombros, buscando primero sobrevivientes y luego recuperando cuerpos para que las familias pudieran despedir a sus seres queridos.

Búsquedas bajo los escombros

En la primera misión permanecieron ocho días y lograron recuperar 74 víctimas. Sin embargo, Nahuel regresó con una historia que lo marcó para siempre. Un abuelo llamado Pablo le pidió encontrar a su nieta de apenas ocho años, la única integrante de su familia que todavía permanecía bajo los restos del edificio derrumbado.

Junto a su equipo llegó hasta el lugar donde estaba la habitación de la nena. Tras horas de trabajo encontraron su cama, pero una enorme columna sostenida por toneladas de hormigón hacía imposible la extracción. La misión terminó y el grupo debió regresar a la Argentina con la angustia de dejar esa tarea inconclusa.

Días después llegó un nuevo llamado: había que volver. La segunda misión comenzó el 20 de julio y estuvo enfocada exclusivamente en la recuperación de cuerpos y el desmonte de la estructura con maquinaria pesada. Durante siete días de trabajo, la brigada recuperó otras 67 víctimas junto a rescatistas, bomberos, militares y voluntarios venezolanos.

Fue entonces cuando llegó el momento que todavía emociona a Nahuel. Uno de sus equipos consiguió recuperar el cuerpo de la nieta de Pablo. Desde el puesto de comando observó cómo el abuelo bajaba abrazado a los rescatistas.

Cuando se encontraron con Nahuel, el hombre lo reconoció de inmediato y, entre lágrimas, le dijo: «La encontramos, ahora puedo descansar». Ese abrazo quedará grabado en su cuerpo para siempre. «Tuve que dejar el comando unos minutos para llorar. Sentí una mezcla de dolor y paz. Ahí entendí que todo había tenido sentido», recuerda el rescatista.

Hay equipo: voluntarios siempre listos para asistir en situaciones de emergencias, rescates y desastres naturales

Detrás del uniforme hay una historia de esfuerzo y compromiso que también continúa en su casa. Vive junto a su esposa Luci- que también es socorrista-, y a sus hijos Lucero y Noah que con apenas 12 y 13 años ya integran las juventudes del CEPA, siguiendo el ejemplo de sus padres.

La historia de Nahuel Alejandro Cristiano trasciende una misión internacional. Representa el espíritu solidario de personas que trabajan silenciosamente para ayudar a los demás. Porque mientras muchos mirábamos la tragedia por televisión, este joven merlense ponía su cuerpo, conocimiento y corazón para aliviar el dolor de familias desconocidas, demostrando que la solidaridad no conoce fronteras.

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