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sábado, junio 15, 2024
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Luego de 50 años de oficio, decidió colgar el moño Ramón, “el mozo del oeste”

La pérdida de una hija marcó su vida para siempre: llegó de Mendoza a los 32 años, se radicó en el barrio Gaona, de Morón, y así comenzó su carrera en la gastronomía regional. Cumple 68 velitas y tras medio siglo dedicado al rubro considera que “ya estoy grande para seguir”.

Ramón Ferreira, “el mozo del oeste”, decidió colgar el moño tras medio siglo de vida dedicado a la gastronomía. Infinidad de gente fue comensal en los lugares en los que trabajó y la comida que le fue servida pasó por sus manos. Quizá su oficio más destacado, por la extensión en el tiempo, fue el que desarrolló en Punta Leloir, el reconocido restorán en el que se desempeñó por 21 años. Pero antes y después tiene una vida dedicada al rubro, que no deja de ser un arte.

“La gastronomía es mi vida. Me dio muchas cosas, aunque también le dediqué todo lo que tuve, dejando incluso de lado a la familia”, le contó el trabajador a Primer Plano Online en una charla telefónica. La decisión de dejar el oficio la tomó por sí mismo, luego de percibir algo que sólo las personas con sabiduría pueden reconocer. “Ya estoy grande”, subrayó.

Por eso, luego de su último paso por el restorán Paladar Negro, de la calle Ratti al 1900, en Ituzaingó, prefirió renunciar para dedicarse un poco más a ver crecer a sus nietos y cumplir lo que no pudo hacer con sus hijas. “Voy cuando me necesitan”, contó sobre lo que acordó con los propietarios del comercio, con los que conserva “una excelente relación”.

“Nunca falté, nunca llegué tarde. Siempre era el primero en llegar y el último en irme”, subrayó con orgullo en referencia a su trayectoria, que tuvo un pequeño interregno con la pandemia, en donde debió reinventarse para sobrevivir. “Me dediqué a hacer mesas y sillas plegadizas que vendía en la calle, sobre el Camino del Buen Ayre. Pero no fue buena la experiencia: muchos días no vendía nada y mis hijas eran las que me alentaban para seguir”, recordó.

SUS COMIENZOS Y LA LLEGADA A PUNTA LELOIR

Ramón, nacido en San Luis, tenía 17 años cuando inició su carrera laboral. Se acuerda de aquellos comienzos en la localidad de General Alvear, en Mendoza, donde su familia se había radicado. Y lo grafica como lo que suele suceder en el ambiente de la gastronomía: primero hay que limpiar pisos, después pasar a la cocina, a la barra y luego al salón para retirar los platos. Esa es la preparación para luego atender al público y tomar pedidos y llevar la comida la mesa.

Se jubila Ramón, el mozo del oeste
“Nunca falté, nunca llegué tarde. Siempre era el primero en llegar y el último en irme”, subrayó Ramón

A los 32 años me vine para Buenos Aires y tuve la suerte de conocer gente muy buena para seguir con mi trabajo. Tuve también una desgracia muy grande, que fue la pérdida de una hija a la que pisó un camión. Esa tragedia purificó de amor con mi familia a mucha gente”, sintetizó sobre el hecho que lo marcó para siempre, como no puede ser de otra manera.

La muerte de la chica fue en 1983 en el barrio Gaona, de Morón, a donde se vino a vivir para probar suerte. Hubo gente de la zona que se acercó a él y a su familia y nunca le soltó la mano, desde el momento del velatorio hasta lo que vino en años posteriores. Ramón ya prestaba su oficio en 9 de Julio y Almirante Brown, en un bar, y así arrancó su carrera en la región.

Siguió por Café Queen, incursionó por el comedor del viejo Canal 7 (actual Televisión Pública) pasó por el comedor del club Matreros y también del Deportivo Morón. Tuvo pasos por una rotisería y casa de comidas Edelweiss, de Morón, luego por la Pizzería 1924 (frente a la plaza central de ese distrito), en donde fue empleado por casi un lustro.

Con el mismo dueño se fue a la parrilla ‘Las Tinajas’, de Muñiz y Paysandú, en Ituzaingó, y un día se sumó a Punta Leloir, luego de dejar sus datos en plena formación del comercio. “Me citaron, me entrevistaron y quedé. Después de una semana les pregunté a los dueños si estaban conformes conmigo: la respuesta fue que renuncie en el otro trabajo para quedarme con ellos”, recordó.

Con Punta Leloir Ramón tiene sus mayores aventuras laborales. “Yo lo inauguré en 1999 y yo lo cerré con la pandemia”, graficó. “Estoy muy agradecido con ese comercio. Crecieron mis hijas, nacieron mis nietos, me pasó la vida”, describió. También habla con añoranza de lo que sucedió cuando la sociedad se disolvió y el restorán cerró: le hicieron una propuesta económica que fue la que le podían pagar. “Para mí eso fue suficiente, porque valoro la actitud que tuvieron”, aseguró.

EL FIN DE UNA ETAPA

A finales de 2022 a Ramón le picó el bichito de volver al oficio. “Le dije a mi señora que iba a ir a buscar trabajo de nuevo”, contó. Y allá fue: habló con el dueño de un restorán ‘El Mercader’, de Sarmiento y Carlos Casares, en Castelar, y recibió el llamado con la convocatoria a los tres días.

Pasó un tiempo y recibió la comunicación de Paladas Negro, en donde también recorrió casi un año hasta que prefirió dejar. “No me reprocho nada porque fue mi trabajo, pero cuesta mirar para atrás y ver todo lo que uno no pudo hacer. Por eso ahora colgué el moño, ya estoy grande”, concluyó el mozo más reconocido de la región.

Y un dato no menor: nadie en su familia siguió su camino. Quizá por ver ese sacrificio, tal vez por otros gustos. Como sea, el legado de Ramón quedará para siempre con él.

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