Saber escuchar al cuerpo: la relación entre depresión, riesgo cardíaco y accidentes cerebrovasculares

Hay estudios que señalan que 8 de cada 10 personas depresivas no reciben diagnóstico ni tratamiento oportuno, lo que hace que transiten años de sus vidas con un peligro cardiovascular aumentado sin siquiera saberlo. “Estos hallazgos han modificado de manera profunda la comprensión del vínculo entre mente y corazón”, sostienen desde la Sociedad Argentina de Cardiología.

En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) afirmaron que presentar síntomas depresivos incrementa entre 30% y 50% el riesgo de desarrollar infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca.

Diversos estudios señalan que 8 de cada 10 personas que padecen depresión no reciben diagnóstico ni tratamiento oportuno, lo que hace que transiten años de sus vidas con un riesgo cardiovascular aumentado sin siquiera saberlo. “Estos hallazgos han modificado de manera profunda la comprensión del vínculo entre mente y corazón”, sostienen desde la SAC.

“La depresión es hoy una de las experiencias humanas más extendidas y, al mismo tiempo, más invisibles de nuestra época. No siempre se expresa en forma de llanto o tristeza manifiesta; muchas veces se esconde detrás del cansancio persistente, el insomnio, la irritabilidad, la pérdida de motivación o de esa sensación cotidiana de estar ‘funcionando en automático’. En ese silencio, que suele naturalizarse, el cuerpo comienza a hablar, y el corazón es con frecuencia uno de los primeros órganos en expresar las consecuencias”, reflexionó Omar Prieto, cardiólogo y asesor del Consejo de Aspectos Psicosociales de la SAC.

Depresión y riesgo cardiovascular
Desde la SAC hacen hincapié en la importancia de integrar la dimensión emocional al cuidado cardiovascular

Lo más novedoso es que la ciencia ya no mira a la depresión como una condición estática o aislada, sino como un proceso dinámico. Investigaciones recientes muestran que cuando los síntomas depresivos persisten o empeoran a lo largo del tiempo, el riesgo cardiovascular aumenta de manera progresiva, como si el organismo fuera acumulando una carga silenciosa de daño biológico.

Qué hace el cuerpo con el modo alerta

Podría afirmarse, entonces, que el cuerpo no logra apagar el modo de alerta. El cerebro permanece bajo estrés emocional crónico, se activan de forma sostenida las hormonas del estrés, aumenta la inflamación de bajo grado, se altera el equilibrio del sistema nervioso autónomo y los vasos sanguíneos pierden su capacidad natural de adaptarse. El resultado es un corazón que trabaja exigido, arterias más rígidas y un terreno fértil para la aterosclerosis y los eventos cardiovasculares mayores.

“La evidencia científica es concluyente: la depresión trasciende lo afectivo. Se trata de un fenómeno multidimensional que atraviesa lo biológico, lo cognitivo, lo conductual, lo físico y lo social, y que ejerce un impacto directo y significativo sobre la salud cardiovascular”, agregó Alejandra Ávalos Oddi, cardióloga y también integrante de la SAC.

Depresión y riesgo cardiovascular
La ciencia ya no mira a la depresión como una condición estática o aislada, sino como un proceso dinámico

La entidad médica sostiene que la depresión, junto con el estrés, la ansiedad, la soledad y el aislamiento social, constituyen un factor de riesgo cardiovascular relevante, frecuente y potencialmente modificable, cuya detección debería formar parte de la práctica clínica habitual.

Integrar la dimensión emocional al cuidado cardiovascular

En la misma línea, el Consenso Clínico 2025 de la Sociedad Europea de Cardiología sobre Salud Mental y Enfermedad Cardiovascular dio un paso histórico al afirmar que la relación entre mente y corazón es bidireccional: la depresión incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular y, a su vez, la enfermedad cardiovascular favorece la aparición y cronificación de la depresión. Este círculo vicioso impacta directamente en la calidad de vida, la adherencia a los tratamientos, la tasa de hospitalizaciones y la supervivencia.

Desde la SAC hacen hincapié en la importancia de integrar la dimensión emocional al cuidado cardiovascular no como una concesión humanista ni una moda pasajera sino como la forma de entender que es medicina basada en evidencia, respaldada por consensos nacionales e internacionales, con capacidad real de modificar trayectorias de enfermedad.

“Comprender esta conexión es uno de los grandes desafíos de la cardiología moderna y, al mismo tiempo, una enorme oportunidad para construir una medicina más cercana, más humana y verdaderamente transformadora”, concluyen.

Depresión y riesgo cardiovascular

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