La inolvidable experiencia de Analía Fronti, la vecina de Morón que fue la única mujer en integrar la tripulación del primer viaje a China en busca de insumos sanitarios

Responde el mensaje que Primer Plano Online con espontaneidad y frescura, como si fuera que algo en su fibra interior se hubiera encendido. Conoce de recorrer el mundo, de viajar por latitudes recónditas, pero su lugar en el universo sigue siendo Morón, la ciudad que eligió para vivir y de la que no piensa irse. Los ruidos, olores, el barrio, las calles, la gente: una escenografía que la acompaña desde su nacimiento, y que asegura “no cambio por nada”.

Es que, luego de conseguir su contacto, el cronista que la convocó para una entrevista telefónica le remarca la pertenencia del medio a la región oeste, y sus ilusiones de que vecinos y vecinas de su zona conozcan la historia la entusiasmó. Así lo reconoció, tras unos minutos de diálogo, en los que narró cómo sus 42 años están fuertemente vinculados a la industria aeronáutica y a la Base Aérea de Morón en particular.

Bendita tu eres entre todos los varones: Analía fue la única tripulante mujer entre otros 17 compañeros

Analía Fronti es la protagonista de esta historia que llena de orgullo y admiración. Convocada por la línea de bandera Aerolíneas Argentinas para ir a buscar insumos sanitarios a China, fue una de las primeras tripulantes que se ofreció para realizar la travesía, inédita para la compañía. Fue la única mujer entre 17 varones a bordo del avión, nada diferente a lo que le pasó en su época de formación en el Instituto Nacional de Aviación Civil-Centro de Instrucción de Aeronavegantes y Técnicos Aeronáuticos (Inac-Ciata), donde arrancaron seis chicas a estudiar y solamente terminaron tres, entre más de 40 muchachos.

Después de aquella formación secundaria continuó formándose en la carrera de Despachante de Aeronave. Comenzó en 2002 y, aclara, por herencia familiar: su papá es jubilado la Base Aérea, personal civil y fanático de los aviones, con 42 años de trayectoria en la fuerza. Pero claro: la decisión fue personal, porque sus hermanos se dedicaron a otra cosa. Remarca, particularmente, a una de ellas, que es maestra y vive en el campo, más concretamente en Pérez Millán, localidad perteneciente a Ramallo, en el interior bonaerense. “Cada vez que viene a Morón no se quiere volver a ir”, detalla Analía. Su otra hermana vive en Castelar y el restante de Ituzaingó, así que los tiene más cerca a ambos.

EL RELATO DE ANALÍA FRONTI SOBRE CÓMO FUE EL VUELO: 

 

Analía vive sola en la casa en la que se crió, que se la compró a sus padres. Ellos, a su vez, se mudaron a La Matanza. “Por mi trabajo me ofrecieron mil veces irme a vivir a Capital Federal pero nunca acepté. Yo soy de acá, mis raíces no las cambio”, aclara. Desde hace 13 años trabaja en el aeropuerto internacional de Ezeiza y prefiere hacer ese recorrido cada vez que las labores la convocan. Pero de Morón no se va.

Analía compartió en primer vuelo a China en busca de insumos sanitarios junto a doce pilotos, cuatro técnicos, y un trabajador de carga. De los 17 integrantes de la tripulación una sola mujer. “Yo me puse a disposición ni bien escuché la convocatoria. Esperé unas horas y empezaron los llamados. ‘¿Vos sabés lo que vas a hacer?’, me preguntaban mis superiores. Y cuando me enteré de cómo era la travesía, así y todo seguí eligiendo ser parte”, le aseguró a Primer Plano Online.

Su misión era adelantar el trabajo que iba a tener que realizar la tripulación en Shangai al llegar. Lo hacía conectada desde la computadora del avión, que recibía la información desde la base conectada en Aeroparque. Son datos que ella necesita para hacer el peso y balanceo, entre otras cosas, con lo cual iba en vuelo adelantando el panorama futuro.

“Se puede ir haciendo un preliminar de cosas, así que cuando aterrizamos en China, entre lo que yo tenía y lo que era real pudimos hacer la operatoria más rápida”, precisó. Claro: una cosa es bajar y encontrarse con todo lo que había que cargar y otra muy distinta tener diseñado todo un sistema para agilizar el trámite. “No te olvides que tardamos dos días en llegar, y lo que planificamos hoy puede cambiar en varias horas hacia adelante”, señaló.

Un dato no menor para entender algo más de lo que fue el vuelo. Las primeras 24 horas las hicieron volando de noche. Y al regreso, en la mayor parte siempre fue de día. ¿Cómo se le explica eso al cuerpo? “Hay 15 horas de diferencia en Auckland (Nueva Zelanda) respecto del huso horario en Argentina. Tu organismo necesita al menos dos o tres días para acomodarse, y nosotros tuvimos que hacerlo en una hora. Cuando estás yendo perdés un día de tu vida, y cuando volvés lo recuperás”, describió Fronti.

LA EXPERIENCIA DE ANALÍA CONTADA EN PRIMERA PERSONA: 

 

Luego de media hora de una charla agradable por demás, la moronense que destaca sentirse “orgullosa” de pertenecer a su distrito dejó una reflexión para entender la valía de contar con una aerolínea de bandera, mucho más en situaciones de emergencia como las actuales. “Somos conscientes de que muchas veces fuimos objetos de crítica de parte de los pasajeros, pero en este caso nos metimos todo lo que es bandera, sindicato, diferencias políticas, verticalismo. Todo quedó de lado y allá fuimos, en busca de esta misión tan humanitaria que nos tocó la fibra más íntima. Ver al comandante del vuelo, que era el jefe de la misión, acomodando cajas como cualquiera de nosotros, fue realmente impactante”, concluyó, mientras se prepara para su próxima misión, que sólo el destino sabrá cuál es.

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