Inaugurado en 1960 por los hermanos Adelino, Bruno y Luis Zanon, inmigrantes italianos que apostaron por un gran proyecto de entretenimiento familiar, el Italpark se convirtió rápidamente en el parque de diversiones más importante de Sudamérica. Ubicado en el barrio de Recoleta, era conocido por muchos como el ‘Disney argentino’.
Ubicado sobre avenida del Libertador, entre Callao y Pueyrredón del barrio de Recoleta, al llegar al predio, el sonido de las atracciones en movimiento, el aroma del algodón de azúcar y el pochoclo recién hecho, las luces de colores y la música constante creaban una atmósfera única que todavía permanece viva en la memoria colectiva.
Mucho antes de los celulares, los videojuegos y las redes sociales, las vacaciones tenían otro sabor. Para muchas familias, un gran plan consistía en viajar hasta la Ciudad de Buenos Aires para pasar un día inolvidable entre montañas rusas, autos chocadores y juegos que parecían sacados de un mundo mágico.
El viaje formaba parte de la experiencia: la emoción comenzaba mucho antes de llegar y crecía a medida que aparecían a lo lejos las estructuras de los juegos.
Para los chicos de aquella época, cruzar las puertas del Italpark era ingresar a un universo diferente. Sus más de 35 atracciones distribuidas en 4.500 m2 marcaron la infancia de varias generaciones. El Tren Fantasma, el Pulpo, el Samba, las Tazas, los Autos Chocadores, el Barco Pirata, el Teleférico, la Calesita Cósmica, Dumbo y la inolvidable Montaña Rusa fueron protagonistas de miles de historias familiares.

Cada juego tenía su propio ritual, estaban quienes cerraban los ojos durante la primera bajada de la montaña rusa, los que salían corriendo del Tren Fantasma entre risas y sustos, o quienes disfrutaban contemplar la ciudad desde las alturas del teleférico. Eran momentos simples, pero capaces de transformarse en recuerdos para toda la vida.
Sin embargo, la historia del parque tuvo un final tan inesperado como doloroso. El 29 de julio de 1990, en plena temporada de vacaciones de invierno, un accidente ocurrido en el juego Matter Horn, cuando uno de sus carritos se desprendió de la montaña rusa que imitaba al famoso pico de Los Alpes que lleva el mismo nombre y provocó la muerte de Roxana Alaimo, una adolescente de 15 años. La tragedia derivó en la clausura del predio y, meses después, en el cierre definitivo del parque.
Tras su desaparición, los juegos siguieron distintos destinos: algunas atracciones fueron trasladadas a otros parques de la provincia de Buenos Aires, mientras que otras llegaron a Brasil y Uruguay. Sin embargo, ninguna logró reemplazar lo que representaba el Italpark para los argentinos.

Hoy, en el lugar donde alguna vez se escucharon gritos de emoción y risas interminables, se encuentra el Parque Carlos Thays. El paisaje cambió, pero la memoria del lugar permanece intacta.
Las fotografías familiares, las antiguas entradas guardadas como tesoros y las historias compartidas entre amigos y familiares siguen manteniendo vivo su legado. Incluso nuevas generaciones han descubierto aquella historia a través del documental ‘Italpark’, estrenado en 2024, que recupera testimonios y recuerdos de quienes crecieron bajo sus luces.

Por eso, cuando llegan las vacaciones de invierno y las familias comienzan a planificar actividades para compartir, el nombre del Italpark vuelve a aparecer en las conversaciones y recuerdos colectivos. Ya no existen sus montañas rusas ni sus juegos, pero sigue siendo uno de esos lugares capaces de hacernos viajar en el tiempo.
Porque algunos parques cierran sus puertas para siempre, pero otros -como el Italpark- continúan abiertos en el recuerdo de quienes alguna vez fueron niños y todavía conservan la emoción de aquel paseo inolvidable.











