Habló Daniel Kuhne, sobreviviente del caso de gatillo fácil en Ituzaingó que terminó con la vida de Juan Cruz Leal

Con su amigo iban a jugar a la pelota la noche del 12 de marzo pasado cuando un efectivo de la Policía de la Ciudad les disparó creyendo que lo iban a asaltar. La bala que recibió el muchacho le atravesó el pecho, debajo de la axila, y de milagro no le dañó ningún órgano vital. “Me gustaría verlo a la cara y ver qué dicen sus ojos”, dijo sobre el asesino.

Daniel Kuhne luce sobrio pese a su corta edad. Entra al estudio del programa periodístico Primer Plano acompañado por su papá, estrecha la mano de los conductores y mira fijo a su alrededor. Sabe que tiene una misión por delante: honrar la memoria de su amigo Juan Cruz Leal, víctima de gatillo fácil en Ituzaingó.

Reconoce que está haciendo tratamiento psicológico para enfrentar los recuerdos de aquella noche y poder mirar al futuro. Que su gran sostén es su familia, que espera resolver temas administrativos para volver a estudiar la carrera de Ingeniería en Sistemas en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y dibuja sólo una sonrisa en su circunspecto rostro cuando evoca a la víctima fatal.

“Era calentón, pero le gustaba pisarla e ir para adelante”, describe a Juan Cruz, con quien iba a jugar a la pelota ese día. El partido en la canchita de ‘Goles y Gambetas’, en Merlo, se jugó igual: el resto de los chicos pensaron que no habían podido llegar por alguna situación puntual, nunca semejante tragedia. De hecho, se enteraron como dos horas después.

“De salud estoy bien, mejorando mucho. Tengo la suerte que no me hizo demasiado grave. La bala me impactó en el pecho, debajo de la axila, cerca del pectoral y de las costillas, pero por suerte no me tocó nada”, rememora. Y coincide en que es un sobreviviente: “cuando estás tirado en el piso con un balazo pensás que no la contás”. Una de las balas que disparó el asesino le atravesó el tórax y no le provocó más que un orificio de entrada y salida. Verdaderamente increíble.

“Pibe, naciste de vuelta, agradecé todos los días”

Daniel no termina de compaginar en su cabeza lo que pasó. Entre el duelo por la muerte de su amigo, la congoja que ve en Cecilia y Diego, mamá y papá de Juan Cruz, y su propia vivencia de haber sido atravesado por un balazo ejecutado a corta distancia conciliar el sueño es una tarea desafiante cada noche. Aún resuenan en su mente las palabras del médico que lo recibió en el Hospital Güemes, de Haedo: “pibe, naciste de vuelta, agradecé todos los días”.

Con su amigo se conocía desde los 7 años. Hicieron tres grados de la Primaria juntos y luego asistieron a escuelas diferentes, pero la amistad y el grupo de amigos nunca se distanció. Vive con su papá, con la mujer de él, que es como su madre, y sus dos hermanas. Hoy tiene que ir a hacer reconocimiento médico como parte de la investigación judicial, en la que está fuertemente comprometido.

“Si te cruzás con Lucas Gómez, el policía que los baleó, ¿te imaginas ese momento?”, indaga Adrián Noriega, el conductor del ciclo televisivo. La respuesta deja entrever una señal de madurez que asombra. “No quiero decir que lo estoy esperando, pero es una situación tan irracional que me gustaría mirarlo a la cara, ver qué dicen sus ojos. No lo quiero escuchar, no me interesa, pero es un acto tan incoherente que me gustaría verlo”, sentencia.

Y lamenta que nadie de la familia del autor del crimen de su amigo y del intento de homicidio contra él no haya pedido disculpas en ningún momento, sino que incluso se defendió por lo que hizo. “Siento la responsabilidad de hacer justicia por mi amigo, que es mi hermano, por su familia. Voy a hacer todo lo posible por él”, concluye.

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