Gatillo fácil en Ituzaingó: claves de la prisión preventiva dictada al policía que asesinó a Juan Cruz Leal

La justicia puso las cosas en la verdadera dimensión que siempre tuvieron: nunca los chicos baleados representaron un peligro para el uniformado. De hecho, las manifestaciones que expuso Lucas Adrián Gómez a modo de intento de defensa fueron derruidas en la resolución firmada por el juez Ricargo Fraga, que las calificó de “entelequia” porque “sólo existieron en la esfera de su imaginación”.

“Considero que las manifestaciones expuestas por el causante (el policía Lucas Adrián Gómez) en su acto de defensa en torno a su intento de justificar su accionar (y que la defensa intenta sostener en sus presentaciones escritas que analizaré posteriormente) resultan ser una entelequia, pues solo habría existido en la esfera de su imaginación la agresión que alude”.

Lapidaria y contundente, esa frase de la resolución de 109 páginas firmada por el juez de Garantías Ricardo Fraga derrumba por completo la argumentación usada por el abogado Guillermo Endi y por el propio acusado del caso de gatillo fácil que sacudió a Ituzaingó: el crimen de Juan Cruz Leal y el intento de homicidio de Daniel Kuhne, dos amigos que iban a jugar al fútbol y que resultaron baleados por el entonces efectivo de la Policía de la Ciudad.

Entelequia es un concepto filosófico aristotélico que representa una cosa irreal, ficción, fantasía o quimera que solo existe en la imaginación. El imputado sigue defendiendo su accionar sin mostrar ningún atisbo de arrepentimiento ni pidiendo perdón a la familia de las víctimas. E insiste en que se defendió de algo que no pasó nunca.

Un “relato artificioso” de lo que pasó esa noche

Su descargo lo aleja de la realidad, en especial teniendo en cuenta la calidad de funcionario policial que reviste quien haciendo abuso de su investidura utilizó su arma reglamentaria para terminar con la vida de Juan Cruz y de Daniel (que en definitiva quedó tentado), obedeciendo simplemente al designio de su imaginación y relato artificioso”, agregó el magistrado, que trabajó el fallo con su secretario Diego Prieto.

El juez Fraga rechazó por completo que Juan Cruz y Daniel hayan sido una amenaza para Gómez. Y derrumbó también el argumento de su defensa para pedir una prisión domiciliaria: el abogado que representa al policía valoró que el agente “permaneció en el lugar del suceso, le realizó un torniquete a la víctima Leal y llamó a la Policía junto a su pareja”. “Esta actitud proactiva de auxilio y colaboración es incompatible con la intención de evadir la justicia y demuestra un claro arraigo al lugar y a su entorno familiar y social”, fundamentó.

El tema es que todo eso lo hizo luego de haberles disparado a los chicos a corta distancia, revisarles sus pertenencias y corroborar que sólo tenían botines y una botella de agua, nada más alejado del mundo del delito. Por eso en otro fragmento del fallo el magistrado se pregunta: “¿tuvo el imputado intención o no de causar un daño y el medio empleado (arma de fuego) no debía razonablemente causar la muerte?”.

La respuesta está implícita en todo lo recolectado por la fiscal María Alejandra Bonini, de la UFI Descentralizada N° 2 de Ituzaingó: “se deduce con claridad que este caso no encuadra en ninguna causal de justificación”. En otras palabras, es un caso de gatillo fácil, como afirmó Primer Plano Online desde el minuto cero. “Nos hallamos en presencia de una clara manifestación de violencia institucional y violación brutal de los derechos humanos”, completó el juez para dictar la prisión preventiva de Gómez.

La reconstrucción del hecho

El hecho maldito, que será debatido en juicio una vez que la instrucción finalice, ocurrió el pasado 12 de marzo a las 22.05 sobre la calle Martín Rodríguez, esquina Suboficial Perdomo de Ituzaingó. Por allí circulaba el policía Gómez a bordo de una moto Honda XR 150 sin patente, quien aceleró la marcha al observar que detrás suyo circulaban Juan Cruz y Daniel en una Honda CB con el dominio a la vista, como corresponde.

Gatillo fácil en Ituzaingó
Lucas Adrián Gómez, el policía detenido por el crimen de Juan Cruz Leal, un caso de gatillo fácil

Los chicos iban a velocidad porque llegaban con lo justo a jugar al fútbol con sus amigos en la canchita Goles y Gambeta de Merlo. Fue en ese momento que el policía “efectuó una maniobra brusca de frenado y derrape, cruzando su rodado delante de los jóvenes”. Y, sin mediar palabra, sacó su arma y les disparó a ambos con su arma reglamentaria.

A Juan Cruz le asestó dos balazos, de los cuales uno impactó en la región posterior del hemitórax derecho y el otro ingresó por la región anterior de su muslo izquierdo lesionando su arteria femoral. El muchacho, de 21 años, murió horas después en el Hospital del Bicentenario de Ituzaingó, a donde fue llevado en una ambulancia. Daniel Kuhne, en tanto, recibió un balazo en su hemitórax derecho con entrada y salida y sobrevivió de milagro: el proyectil no le hirió ningún órgano vital.

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