Abrió la puerta de su casa y quedó cara a cara con el asesino. Le dio la mano, intercambió algunas palabras, como si lo conociera, y se quedó impávido cuando el agresor sacó el arma y le disparó dos veces a quemarropa. Detrás suyo, dos niñas jugaban en el patio de la vivienda sin entender nada de lo que pasaba.
¿Fue un crimen por error? Intensa búsqueda del asesino de Maximiliano Requejo Pozzi en Morenohttps://t.co/aAMACe3NpC pic.twitter.com/hF2OJSqjty
— Primer Plano (@primerplanotv) April 6, 2026
“Llamá a tu mamá. A tu abuela, a tu abuela, dale que me muero”, alcanzó a gritar Maximiliano Jonatan Requejo Pozzi, quien agonizó por 48 horas y murió por las heridas que le provocaron los proyectiles en axila y abdomen. La balacera ocurrió el sábado 7 de febrero a la noche sobre la calle San Luis al 2300 de la localidad de La Reja y la víctima falleció el lunes 9 de ese mes en el hospital Mariano y Luciano de la Vega.
Desde entonces, la fiscal Carina Saucedo intenta develar qué pasó. Lo primero que hizo, en un trabajo conjunto con la Policía, es determinar la identidad del atacante. El autor material del crimen fue Natanael David Brizuela (25), quien no actuó en soledad: a pocos metros de la vivienda lo aguardaba en una moto Tobías Alexander Lohman (19).


Pesa sobre ambos una orden de captura nacional e internacional por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Pero pasa el tiempo y a casi dos meses del hecho no logran encontrarlos. Dónde se escondieron es un verdadero misterio.
Maximiliano Requejo Pozzi: ¿la víctima equivocada?
La familia de Requejo Pozzi declaró en la Fiscalía interviniente y no pudo aportar ninguna hipótesis en torno al hecho. “No tenía enemigos, no tenía deudas, no tenía problema con nadie, era una persona de trabajo. No tenemos la menor idea de qué pudo haber pasado”, fue lo que le contaron a la justicia.
Hay varios elementos que permiten inferir que ni la víctima se esperaba una situación así. Abrió la puerta de su casa sin preguntar quién era, sus pequeñas hijas jugaban detrás suyo y ni se inmutó al ver el arma, una señal de perplejidad. Además, haberle dado la mano al asesino es otra evidencia de que jamás sospechó peligro.

Los investigadores trabajaron en reconstruir el diálogo breve que mantuvieron y no consiguen obtener alguna palabra amenazante. Por eso no se descarta la hipótesis de que se haya tratado de la víctima equivocada. Requejo Pozzi trabajaba en una empresa haciendo mantenimiento y traslados y era padre de tres menores de edad: las dos nenas que vieron todo y otro varón.
El 9 de mayo próximo Maximiliano cumpliría 39 años. A su familia la noticia la golpeó con dureza: no dejan de recibir mensajes en redes sociales de condolencias y palabras de respeto hacia él. Pero del asesino y su cómplice hasta el momento no saben nada. Están unidos en un solo reclamo: que caigan y expliquen el porqué de semejante brutalidad.









