El docente de la asignatura Metodología de la Investigación perteneciente al doctorado en Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), Fishel Fernando Szlajen, fue galardonado con el prestigioso Premio Konex en el rubro ‘Ética y Bioética’.
Este reconocimiento se otorga cada diez años a figuras destacadas en diversas disciplinas. En esta ocasión correspondió a las humanidades. Vale aclarar que, en 2018, la UNLaM había sido galardonada por la Fundación Konex con el diploma al mérito en educación, en la categoría ‘Entidades Educacionales y de Formación Docente’ como una de las instituciones más destacadas de la última década.
En ese marco, el rector de la entidad académica, Daniel Martínez, recibió el diploma y destacó que “con el esfuerzo, el compromiso y el alto sentido de pertenencia de nuestros estudiantes, docentes y no docentes, logramos ser una institución de calidad y destacada entre otras universidades”.
“La academia debe estar al servicio de la sociedad”
El docente premiado explicó que “no hay política sanitaria, innovación tecnológica o reforma educativa que pueda prescindir de una ética sólida”. En ese sentido, reconoció que su trayectoria se centró en aportar en esa intersección entre el pensamiento académico y el debate público. Y ponderó que la UNLaM “encarna el ideal al que se dedica, ya que “se centra en formar a personas que provienen de familias trabajadoras”.

“Este contexto implica un doble compromiso. En mi campo, el valor de la ética y la bioética no debe limitarse a formular principios, sino que debe ayudar a que las instituciones y comunidades tomen decisiones más informadas”, aclaró el docente. Szlajen también destacó la importancia de que los temas de investigación sean pragmáticos y resuelvan problemas reales, alentando a sus alumnos a que sus investigaciones no sean meramente teóricas, sino que busquen aportar soluciones concretas a los desafíos que enfrenta la sociedad.
Con un llamado a jóvenes investigadores y estudiantes, también les aconsejó que estudien e investiguen con el propósito de servir a la comunidad, no de servirse de ella. “La academia debe estar al servicio de la sociedad. Si hemos sido formados con recursos públicos, tenemos la obligación de devolver a la comunidad lo que ésta nos ha dado”, completó. Y remató: “este premio renueva mi compromiso de contribuir a que la ética y la bioética tengan una incidencia real en ámbitos como la salud, la educación, el derecho, la tecnología y la política pública”.
Compromiso con la ética y la bioética
El docente también explicó que su trabajo se centra en el análisis de políticas públicas desde una perspectiva ética, buscando formar criterios que ayuden a los tomadores de decisiones a prever las consecuencias de sus acciones. “Lo que trato de hacer es que la ética no llegue después de la crisis”, subrayó.

Uno de sus logros más destacados fue la creación de un protocolo de triage (un sistema de clasificación rápida de pacientes en urgencias, basado en la gravedad clínica y no en el orden de llegada), que durante la pandemia lo adoptó la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A raíz de su éxito también lo solicitaron otros países como Colombia y Brasil, se diseñó para asegurar que las decisiones en situaciones críticas se basen en principios éticos y de dignidad humana.
El profesor distinguido recalcó la relevancia de conectar la teoría académica con la práctica real. “La academia y la realidad tienen que nutrirse mutuamente”, enfatizó, y reiteró que tiene como objetivo que su trabajo no sólo se quede en publicaciones académicas, sino que tenga un impacto tangible en la sociedad.











