Prisión perpetua para los asesinos de Ariel Mariano Charrutte (34), el mecánico justiciero de Ituzaingó que salió en defensa de un vecino al que le habían robado la moto y murió tras recibir un balazo en la frente la noche del 26 de septiembre de 2023.
La pena máxima recayó sobre Daniel Luquez (28) y Juan Edgardo Rodríguez (33), quienes se encuentran privados de su libertad desde poco después del sangriento episodio. Si bien el sindicado como autor material es uno (Luquez), como la acción fue conjunta, la fiscal del juicio, Graciela Biassotti ,había solicitado idéntica pena para ambos.
El Tribunal Oral Criminal N° 6 de Morón, integrado por los jueces Andrea Bearzi, Alejandro Rodríguez Rey y Cristian Toto, encontró a ambos imputados culpables de una gran cantidad de delitos, todos concursados entre sí. Primer Plano Online, como es costumbre, único medio presente acompañando a la familia.
“Es una especie de alivio sentir que se hizo justicia. También un dolor profundo saber que Ariel no está más entre nosotros. Hay que creer en la justicia. Mi hijo descansa en paz a partir de ahora”, alcanzó a expresar Susana Norma Díaz, la mamá del muchacho asesinado, en diálogo con este medio. La mujer lucía firme, pero conmocionada por dentro.
A su lado, la fiscal Biassotti, que se acercó a saludar a la familia una vez conocido el veredicto, acotó: “no tenía otra opción el tribunal porque la prueba reunida era contundente”. La comitiva que acompañó la lectura cerró su presencia en el palacio de justicia con un aplauso para homenajear a su ser amado, cuya memoria buscaron reivindicar en todo momento.

La sangrienta noche de hace casi 3 años
Charrutte tenía 34 años, era papá de 4 hijos y alquilaba un local ubicado a metros de la esquina de Beltrán y Pintos, en Ituzaingó, en el que reparaba motos, aunque su arraigo de siempre estaba en el barrio San Juan de Castelar sur. La noche del 26 de septiembre de 2023, el mecánico y su amigo Joaquín Zapata, testigo presencial de lo ocurrido, salieron en busca de dos delincuentes que le habían robado la moto a un vecino kiosquero.
Los justicieros salieron a bordo de una moto a seguirlos y los alcanzaron a las dos cuadras, en la esquina de Bertolé y Caaguazú. Cuando los ladrones vieron que se venían contra ellos se despojaron de la moto que habían robado, la dejaron tirada y uno de ellos sacó un arma de su cintura. Con una puntería certera, el balazo que disparó ingresó por la frente de Charrutte, que manejaba la moto de un cliente y de inmediato cayó desvanecido.
En esas circunstancias, los asesinos se acercaron caminando hasta Ariel y le pusieron el arma en la cabeza a Joaquín, al que obligaron a irse corriendo antes que le gatillen. Zapata se alejó unos metros y observó cómo los malvivientes movieron el cuerpo del mecánico, incorporaron la moto y se fueron con ella. Ese rodado fue abandonado en la localidad de Libertad, en Merlo.
Un testigo que declaró en el juicio narró esa secuencia: el momento en que la moto frenó su marcha de golpe y fue dejada por sus ocupantes. Es más: reveló que los vio caminar y cambiarse de ropa. Su testimonio fue clave para la investigación. No sólo sirvió para recuperar la moto robada a Charrutte sino para identificar a los sospechosos.
La evidencia contra los acusados
Personal policial logró, a partir del hallazgo de la moto, realizar una reconstrucción de cómo escaparon los asesinos y hacia dónde se fueron. Con las imágenes captadas por cámaras de seguridad, los investigadores recorrieron barrios de Merlo y lograron establecer quiénes eran en base a la identificación aportada por vecinos de la zona.
Con esos elementos, la fiscal que investigó el caso, María Laura Cristini, solicitó la realización de 6 allanamientos, de los cuales dos arrojaron resultados positivos. A Luquez lo detuvieron en una vivienda de la calle Azara de Parque San Martín, mientras que a Rodríguez en un domicilio de Gabriela Mistral, de esa misma localidad. Ese segundo detenido intentó escapar por varias cuadras corriendo, hasta que lograron reducirlo.
En la casa de Luquez, asimismo, incautaron un revólver calibre .38 Special con numeración suprimida y 19 municiones de ese mismo calibre. El cotejo balístico realizado con el proyectil extraído del cuerpo de Charrutte y con el alojado en la campera de Zapata fue positivo: fue el arma homicida. Además, hubo 4 reconocimientos posteriores a las detenciones de ambos y otros dos en audiencia de debate.
Los delitos que les imputaron a ambos son los de robo agravado por efracción, robo agravado por el uso de arma de fuego reiterado en dos hechos, disparos de arma de fuego criminis causa, homicidio agravado por el uso de arma de fuego criminis causa y homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por ser criminis causa en grado de tentativa, todos concursados entre sí.











