Gonzalo Sánchez tiene 17 años. El sábado 18 de marzo volvió de jugar un partido de básquet en el club Portugués de Isidro Casanova y se fue con dos amigos y una amiga a la plaza del kilómetro 40, en Virrey del Pino, a seguir haciendo deporte y tomar tereré, tal como era costumbre.
Después del rato de esparcimiento regresaron caminando por colectora de Ruta 3 y, a la altura del barrio cerrado Santa Amelia, como la vereda allí de hace más angosta se pusieron en fila india para permitir el paso de cinco chicos que transitaban en dirección opuesta. Gonzalo quedó último y eso lo expuso al drama en el que se encuentra.
“Lo emboscaron y le pusieron un revólver en la cabeza mientras le sacaban las zapatillas y el celular”, narró Florencia, la hermana del muchacho, a Primer Plano Online. Sus amigos atinaron a correr en medio del susto y ahí escucharon un disparo: cuando se dieron vuelta vieron cómo Gonzalo caía al piso. Los atacantes huyeron corriendo y el llamado al 911 para pedir ayuda fue lo primero que hicieron quienes estaban con la víctima. Eran apenas pasadas las 20 y también contactaron a la familia del chico para contar la novedad.
Gonzalo estuvo consciente en todo momento. La Policía llegó rápido al lugar del hecho, pero la ambulancia tardó más de una hora según relató la hermana del baleado, cuyo calvario recién comenzaba. Finalmente arribó, inmovilizó al muchacho y lo trasladó de urgencia al hospital Simplemente Evita, de González Catán. Allí le hicieron una tomografía y confirmaron que la bala quedó alojada en la médula, con orificio de entrada sin salida. Desde entonces el deportista no tiene sensibilidad y movilidad en casi todo su cuerpo: de las tetillas para abajo.
El joven estuvo un día en el mencionado nosocomio y luego derivado por su obra social al Policlínico Central de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), en Once, donde repitieron el estudio y reconfirmaron el diagnóstico. Tres días permaneció en terapia intensiva y luego fue llevado a sala común con cuello ortopédico. Pero se lo sacaron hace unos días, al igual que la medicación, y sigue sin poder mover su cuerpo. Ahora la familia pelea por la internación domiciliaria y luego por el comienzo de un tratamiento en algún centro de rehabilitación.
Mientras, la investigación sigue en fojas cero. “No hay detenidos ni avances concretos”, explicó Florencia, cuyas prioridades se dividen entre el sostén anímico de papá y mamá, la asistencia a su hermano y el pedido de justicia. De hecho, el video del barrio cerrado que logró captar el paso de los atacantes fue conseguido por la familia y aportado al expediente judicial en trámite.
Eso sí: no hay registro del momento de la balacera y por esas imágenes se dificulta identificar a los delincuentes que dejaron postrado a un joven de 17 años por un par de zapatillas y un teléfono. Por eso la familia pide públicamente que si alguien puede hacer algún aporte para identificar a los malvivientes se comunique de inmediato al 911 para brindar la información.











