Un día, casi por accidente, Hugo Villarreal descubrió que en su partida de nacimiento figuraba la dirección de la confitería donde trabajaba su padre y no fue un error: allí lo recibió la partera cuando vio la luz al llegar a este mundo. El local de Almirante Brown 890 era el lugar donde funcionaba la confitería Massa, lugar de trabajo de su padre donde además le cedían un lugar para vivir junto a su familia.
Hugo recuerda que allí se amasaba a mano, todo era fabricado de modo artesanal, utilizaban horno a leña y en el caso del pan dulce hacían un amasijo enorme y le ponían todas las frutas por encima. “En ese momento entrábamos en acción los hijos de los pasteleros, entre ellos yo, que a los cuatro o cinco años pisábamos las frutas descalzos”, recuerda en diálogo con Primer Plano Online y agrega entre risas: “¿Qué querés? ¿Mirá si no me va a salir bien el pan dulce después de toda esa experiencia? Tengo que decir que prácticamente toda mi vida estuve haciendo pan dulce”, sentencia.
Hoy, a sus 72 años y con un largo camino recorrido, Villarreal no duda en definir que “lo mío es la pastelería”. Sabe que su confitería es imbatible en la región en materia de delicias dulces, muy especialmente la pastelería alemana. Además ofrece repostería fina, bombonería, chocolatería, turrones, pan dulce, strudel, facturas y pan, y una gran variedad de tentadoras propuestas para paladares golosos. También fabrica mermeladas artesanales con bajo contenido de azúcar.
Hace algunos años atrás también incursionó en el rubro panadería ofreciendo servicio de lunch y catering más que nada orientado a las fiestas de Navidad y fin de año.

Su local es sin dudas el más tradicional y antiguo de la calle Almafuerte al 2600, y solo compite en historia con la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Pompeya ubicada a pocos metros de allí. Además, ostenta el podio de los comerciantes con más años en la ciudad de Castelar, ofreciendo piezas de pastelería únicas y exquisitas para el deleite de lugareños y gente que se después de haberlas probado, llega desde distintos lugares de la provincia de Buenos Aires en su búsqueda.
Exquisiteces con sello alemán
Con total conciencia de la calidad de los productos que comercializa, Hugo Villarreal diferencia la pastelería alemana de la francesa, que es sin dudas la más popular. “Están enfocadas en distintos públicos porque la mercadería es otra”, detalla rememorando que “hoy en día la pastelería es accesible a un público muy amplio, pero hace algunos años esto no era así. Todo fue cambiando y hoy es un oficio en el que muchos se animan a meter mano, no siempre con el profesionalismo debido”, se lamenta.
Este pastelero de ley tuvo la práctica como base de su formación. Pero obviamente consumió teoría, cursos, capacitaciones, literatura alemana, viajes y “fundamentalmente libros de 1930 en los que ya estaba todo inventado y a los que sigo consultando para continuar mi aprendizaje”, confiesa.
Villareal es un profesional en lo suyo y tiene un paladar crítico a la hora de evaluar sus creaciones y disfrutar las de la competencia: “me gustan los turrones que hacemos acá pero también me encantan los españoles”, asegura. “En materia de pan dulce nosotros hacemos el Stollen que es la versión alemana. Para las fiestas yo me llevo uno y después de la cena lo disfruto con un rico champagne… no hay nada mejor que eso, te lo aseguro”, narra contagiando las ganas de probar uno de los productos vedette de la pastelería.
Con el paso de los años la confitería Alemana ha sabido aggiornarse a los cambios tecnológicos y a la forma en que fue fluctuando la demanda de sus clientes: “tratamos de estar siempre en contacto con la sociedad de Castelar y atenderlos como ellos se merecen”. Más allá de servir al público en el local realizan entregas a domicilio y procuran estar actualizados tomando pedidos vía redes sociales. Además, se siguen actualizando en cuanto al equipamiento que utilizan, sumando maquinaria de última generación para la elaboración de nuevos productos que sumen cada vez mayor calidad. “Eso no se negocia: buscamos estar a la vanguardia en equipamiento y en la incorporación de materia prima de primera; vamos acompañando la demanda y las tendencias que impone el mercado para seguir siendo líderes en un rubro en el que supimos ganarnos un lugar de privilegio”, destaca el pastelero.
La Alemana cerrará por vacaciones la segunda quincena del mes de febrero para volver con las pilas recargadas y seguir deleitando a los paladares exigentes de sus clientes de la región oeste en 2026, como lo viene haciendo ininterrumpidamente con profesionalismo y dedicación desde hace 46 años.








