La Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires ratificó la condena a prisión perpetua a Hugo Bermúdez, uno de los sentados en el banquillo de los acusados en el primer juicio por el caso Candela Sol Rodríguez, la nena de once años secuestrada, abusada sexualmente y asesinada en 2011 en Hurlingham.
Por unanimidad, el máximo tribunal bonaerense rechazó el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley presentado por el defensor oficial de Bermúdez (62), con lo cual quedó firme la pena como coautor del delito de privación ilegal de la libertad coactiva seguida de muerte dictada en 2017 por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de Morón. En el mismo veredicto, Leonardo Daniel Jara también había recibido la máxima condena que establece el Código Penal.
EL TESTIMONIO DEL JUEZ DIEGO BONANNO TRAS EL FALLO
En el fallo publicado en la página web de la Suprema Corte provincial, la jueza Hilda Kogan -que fue quien fundó el voto unánime de sus colegas Luis Esteban Genoud, Sergio Gabriel Torres y Daniel Fernando Soria- desestimó el planteo de “arbitrariedad en la valoración de la prueba”, y firmó que “todos los elementos de cargo constitutivos de indicios y presunciones señalados en ambas sentencias confirman la hipótesis de cargo”.
Sentado en el estudio del programa periodístico Primer Plano por el canal Somos, de Flow, un día después de dar a conocer el fallo el juez Diego Bonanno, presidente del tribunal que juzgó el caso, reveló que detrás del crimen de la menor hubo un entramado de drogas, poder, política, corrupción policial y un ajuste de cuentas dedicado a la familia de la nena, especialmente un atentado contra su papá, Alfredo, o ‘Juancho’, quien cuando sucedió el crimen estaba preso por piratería del asfalto.
“En la jerga se lo conoce como un ajuste de cuentas. El hecho que terminó con la vida de Candela no fue azaroso sino planificado, y tuvo una organización criminal de alta envergadura y narco criminalidad detrás, en donde la exigencia pasó por reclamarle al padre de Candela el producto de un ilícito”, describió el magistrado. El debate oral y público se extendió por algo más de siete meses.

Las conclusiones a las que arribaron los encargados de juzgar los hechos que concluyeron con la vida de la niña fue que lo relevante en el juicio “fue lo no dicho, lo oculto”. “El silencio de aquellos que tenían algo para decir y no lo dijeron, el desvío primario de la investigación, la toma tardía de la pista San Martín, donde Candela estuvo cautiva desde un primer momento. Hubo un traslado a Kiernan 992, donde encontramos ADN de la nena que no pudo ser plantado. En Ciellini lo que sí comprobamos es que Bermúdez incineró prueba”, describió Bonanno durante la entrevista con Adrián Noriega y su equipo periodístico.
Bermúdez y Jara recibieron prisión perpetua por ser considerados los autores del delito de privación ilegal de la libertad coactiva seguida de muerte. El otro condenado por el crimen de Candela Sol Rodríguez fue Gabriel Fabián Gómez, quien ya cumplió la pena de cuatro años por ser considerado partícipe secundario del hecho. Como también implicaba una perpetua, la condena de Bermúdez por el abuso sexual no fue incluida. Se decidió por una cuestión técnica (la Fiscalía no quiso correr el riesgo de posponer el juicio), pero el hecho está probado.

Los elementos que en su momento el TOC 3 de Morón ponderó para las condenas en el juicio oral fueron las pruebas de ADN, que demostraron el cautiverio de la niña en la casa de la calle Kiernan 992, de Hurlingham, y que vincularon a Bermúdez, quien también quedó implicado con la quema de evidencias en la casa de su ex pareja.
Candela fue secuestrada por una camioneta EcoSport negra el 22 de agosto de 2011. Fue levantada en la esquina de su casa, en el cruce de Bustamante y Coraceros, en Villa Tesei. De ahí la llevaron a una casa en el barrio Costa Esperanza, de San Martín, y luego a una vivienda en la calle Kiernan. Allí estuvo poco tiempo, pero el suficiente como para que los investigadores encontraran ADN de la nena. Se cree que Gómez trabajó en la logística para definir que esa casa era apta para tener cautiva a la víctima.










