Una mujer que decidió ponerle fin a una relación quedó atrapada durante años en una trama de acoso, amenazas y violencia digital. Las agresiones incluyeron decenas de llamadas telefónicas por día, ingresos permanentes a sus cuentas personales, difusión de imágenes en sitios pornográficos y comunicaciones intimidatorias que también alcanzaron a sus familiares. El caso terminó con la primera condena a prisión de cumplimiento efectivo por graves lesiones a la salud mental en la provincia de Buenos Aires.
La investigación fue llevada adelante por la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) N° 2 del Departamento Judicial Avellaneda-Lanús, a cargo de la fiscal Mercedes Dudan, con la intervención de Silveria Fernández, secretaria de la UFI N° 10. Es el mismo equipo de investigadores que lleva adelante la causa contra Gustavo Battista (52), el profesor de Geografía que se desempeñó en escuelas Secundarias de Ituzaingó, Morón y Hurlingham y que fue detenido en su casa de Villa Tesei a finales de mayo pasado acusado de Grooming (captación de menores por redes sociales con fines sexuales).
Pero en el caso de la condena, la víctima, Cintia Yanina García, fue quien aportó su testimonio para reconstruir el calvario que atravesó. Todo quedó retratado en un informe que hizo público la Procuración bonaerense y que Primer Plano Online comparte con sus lectores por la profundidad del hecho. Y porque también puede servir como ejemplo para que quienes atraviesen situaciones similares se animen a denunciarlas.
“Si estás viviendo un momento de acoso, no lo minimices: denuncialo, no te quedes con que no va a pasar nada. Yo tenía muchísimo miedo y así todo hice la denuncia. No hace falta que tengas un golpe: pedí ayuda a tu entorno. Después de mucho tiempo y con mucha ayuda logré que esta persona tenga su sentencia y la esté cumpliendo”, manifestó la denunciante, que se animó a dar testimonio frente a cámara.
La investigación que llevó a la condena
Según surge de su declaración incorporada a la sentencia, el hostigamiento comenzó en 2022, después de que se negara a continuar la relación con el acusado. Desde entonces, empezó a recibir decenas de llamadas diarias y correos electrónicos, mientras detectaba ingresos reiterados a sus cuentas de homebanking y plataformas de streaming. Los mensajes intimidatorios no cesaron y las agresiones también se trasladaron al plano presencial: el hombre llegó a arrojar piedras contra las ventanas de su vivienda.
La violencia digital incluyó la creación de perfiles falsos, la publicación de imágenes de la mujer en sitios pornográficos y el envío de comunicaciones difamatorias a su ámbito laboral, vestida apenas con ropa interior apenas, tal como recibieron sus jefes. Las amenazas no se limitaron a ella: también involucraron a sus familiares y, particularmente, a su hija.
Las consecuencias sobre su salud fueron profundas. García describió trastornos del sueño, ataques de pánico, ansiedad y aislamiento, un cuadro que fue respaldado durante el proceso por testimonios de familiares, personas de su entorno laboral y profesionales de la salud. Ahí radica lo novedoso de la condena: la víctima no tuvo marcas que pudieran ser tomadas como evidencias en su cuerpo. Sus padecimientos se probaron a través de la medicina forense y tratante de la mujer.
Fueron todos esos elementos incorporados en un voluminoso expediente los que llevaron al tribunal a condenar al imputado a tres años y seis meses de prisión de efectivo cumplimiento por los delitos de lesiones graves a la salud mental agravadas por el vínculo y por ser cometidas en un contexto de violencia de género en concurso real con coacciones y desobediencia a la autoridad.
Anatomía de una investigación
El caso fue presentado por la Procuración General del Ministerio Público Fiscal como parte de la saga ‘Anatomía de una Investigación’, una serie audiovisual que busca mostrar cómo se desarrollan las causas judiciales y qué elementos permiten alcanzar una respuesta de la Justicia. En esta oportunidad, la fiscal Dudan, Silveria Fernández y la propia víctima reconstruyeron las distintas etapas del expediente.

“Contar estas investigaciones en primera persona nos permite acercar nuestro trabajo a la comunidad y explicar cómo actuamos frente a situaciones que afectan profundamente la vida de las personas”, sostuvo Dudan, quien destacó la importancia de los testimonios y las pruebas para avanzar en causas de esta complejidad.
Fernández, por su parte, aclaró que este tipo de violencia que “no deja marcas” físicas permitió a la justicia “un abordaje íntegro de toda la problemática que venía a traer a la fiscalía a la víctima”. “Las lesiones no son solamente físicas: también se puede probar e imputar y procesar por lesiones psicológicas”, enfatizó.












