“No hubo un muerto porque hubo un ángel que decidió intervenir”. La reflexión pertenece a uno de los investigadores que trabajó durante toda la jornada de ayer martes en las pericias tras el arresto de dos delincuentes que robaron un auto en Castelar y fueron detenidos en colectora de Acceso Oeste y Del Prado, en Ituzaingó.
Como informó Primer Plano Online, en la balacera hubo sí una víctima inocente, que nada tenía que ver con la secuencia: es un chico de 14 años con autismo alcanzado por una bala que le perforó el pómulo del lado derecho después de que el proyectil atravesara el casco que llevaba colocado mientras circulaba en moto con su papá.

Esa fue la principal desesperación en la jornada, tanto de los policías como de los servicios de emergencia: brindarle rápida atención médica al chico, que fue trasladado en ambulancia al Hospital Posadas y luego derivado al Garrahan. Según pudo saber este medio, el menor necesitó de una cirugía de urgencia para sacarle las esquirlas del disparo y ahora deberá ser sometido a otra operación estética en la zona del maxilar y dentadura, en donde además deberán colocarle una prótesis.
El Ministerio de Salud bonaerense se puso al frente de la asistencia y coordinó su rápida derivación. De todos modos, lo más importante por contar es que el joven está “fuera de peligro”. Y que no exista riesgo de muerte “es un gran alivio”, consignó otro de los voceros de la investigación.
La situación de los dos detenidos y la grave imputación que enfrentan
En cuanto a los dos detenidos, Maximiliano Gabriel Reynoso (25, el conductor) y de Luis Guillermo Ruiz (33, acompañante), quedaron imputados por los delitos de robo agravado por el empleo de arma de fuego (la sustracción a punta de pistola del Toyota Etios a una mujer en la calle Arredondo al 2200 de Castelar norte); portación ilegal de arma de guerra; y homicidio criminis causa en grado de tentativa.

En la última acusación está la descripción de lo abrupta que fue la persecución y su desenlace: Reynoso le disparó a un metro de distancia dos balazos a un efectivo policial que manejaba el patrullero más cercano al auto en que intentaban escapar. “Uno pegó en el espejo retrovisor y el otro en el parante. Eso quiere decir que le apuntó directo a matar y a un metro y medio de distancia”, precisaron las fuentes.
En ese detalle se explica lo manifestado más arriba: en pleno mediodía, en las puertas de una estación de servicio y con delincuentes dispuesto a tirar a cualquier costo, que no haya habido un muerto es un milagro.
Además, el fiscal Lucio Rivero, de la UFI Descentralizada N° 2 de Ituzaingó, que trabaja en la investigación con el secretario de la Fiscalía, Federico Lompizano, venían siguiendo a uno de los detenidos: hay evidencias que los vinculan con la banda del ariete, que también cometió por lo menos dos entraderas en el distrito.










