Yoel Taiel Tambussi sopló simbólicamente las velas por su cumpleaños 21 el pasado sábado 28 de febrero en la Unidad Penal 2 de Sierra Chica, donde permanece detenido. Es que esperaba conocer su condena el viernes, y el veredicto fue postergado hasta hoy lunes por la tarde, pese a que la convocatoria inicial era para el mediodía.
Hace instantes Tambussi se enteró que pasará los próximos 34 años en prisión según lo resuelto por el Tribunal Oral Criminal N° 3 de La Matanza, a cargo de los jueces Eduardo Sánchez, Ramiro Larrañaga y Raúl Fernando Elhart. El asesino fue condenado por ser autor del homicidio de Gianfranco Di Luciano, ocurrido en la madrugada del 14 de abril de 2024 en el interior de boliche Teatro Woodstock de San Justo.
Crónica del juicio por el crimen de Gianfranco Di Luciano en el boliche Teatro Woodstock, en San Justo: el video que es evidencia clave https://t.co/zTna8qvkYd pic.twitter.com/NFJsLuaz6M
— Primer Plano (@primerplanotv) February 23, 2026
La justicia también lo halló culpable del asesinato de Rafael Indalecio Pardo (83), el jubilado al que le quiso robar el auto con tres cómplices y le disparó un balazo en el pecho en la localidad de Lomas del Millón. Además, por el intento de matar a un policía al momento de su arresto.
Ese primer hecho en la cronología es lo que agregó una cuota de dramatismo al juicio que culminó hace instantes con la lectura del veredicto. Al anciano lo mataron motochorros el día 18 de noviembre de 2023. Es decir, si Tambussi hubiera estado detenido como correspondía hoy Gianfranco estaría vivo. Por el crimen de Pardo también fue condenado en la misma sentencia Leandro Agustín Ezequiel Yardin (25), para quien la pena fue de 21 años de cárcel.
Ramos Mejía: fue a comprar a la farmacia y murió en medio de un ataque de motochorroshttps://t.co/5hHEZH4rit pic.twitter.com/FvpHpt2k7j
— Primer Plano (@primerplanotv) November 19, 2023
Gianfranco Di Luciano: la víctima a la que intentaron ensuciar
Como informó Primer Plano Online hace una semana, el debate se llevó adelante en dos audiencias. Las evidencias probatorias contra el principal acusado fueron demasiadas y contundentes: hay filmaciones que lo mostraron disparando desde una tarima lateral a la cabina del DJ del lugar, a quien le había pedido pasar unos temas musicales. Como el trabajador se negó, primero le apagó la computadora, luego tocó la botonera y por último disparó al aire. Con esos balazos mató a Di Luciano.
Francisco, el papá del muchacho, narró a este medio que “ya desde un primer momento quisieron ensuciar a mi hijo diciendo que tenía droga en su vestimenta, cuando jamás se drogó y hasta odiaba que yo fume cuando íbamos a la cancha”. “Hay un bache entre que pasó el crimen y que nos llaman: lo mataron a las 5.15 y nos enteramos por un amigo a las 10. Ni siquiera nos llamó la Policía. El cuerpo de mi hijo estaba manipulado y el celular se lo hicieron mil pedazos”, detalló.

Nada de eso se expuso en el juicio, y ese capítulo quedará sin una explicación formal. A pocas horas del crimen comenzaron a circulas las primeras versiones policiales y judiciales que daban cuenta de una discusión en el interior del local, cosa que nunca existió. Incluso a Gianfranco le encontraron 23 dosis de cocaína y tusi en el bolsillo interior de su campera que alguien plantó. Jamás se sabrá quién, aunque está clara la intención que tuvo.
Su familia descubrió la burda maniobra mediante el WhatsApp Web de la computadora que usaba el muchacho, que quedó abierto en su casa. El horario de muerte fue estipulado como a las 5.15 y a las 5.45, media hora después, le empezaron a llegar mensajes con frases como ‘me conseguís esto’ o ‘tenés aquello’. Lo querían presentar como un dealer.

El crimen de la prepotencia
La investigación policial avanzó rápidamente. Es que mediante testimonios, filmaciones hechas por celulares y cámaras de seguridad del propio local de esparcimiento identificar al autor de los disparos no fue misión imposible. Quien disparó fue Tambussi, conocido en el local porque siempre solía ir con dólares y hacer alarde del dinero que tenía.
Aquella noche tampoco pudo contener su incontinencia y se acercó al disk jockey a pedirle que lo dejara pasar unos temas. Para eso le llevó billetes, pero el dj se negó. Eso lo enfureció al asesino: primero mostró su desagrado apagándole la computadora y luego le toqueteó la botonera. No conforme con eso dejó fluir su prepotencia criminal: se subió a una tarima y arrancó a disparar. Mató a Gianfranco y arruinó a una familia entera: pudo haber cometido una verdadera masacre.

“Son tiros”, se le escucha decir a una chica absolutamente conmovida por la situación. Además del balazo al muchacho fallecido hubo otro joven herido en una pierna. Gianfranco, conocido como ‘El Colo’, trabajó como vendedor de autos, empleo al que había renunciado para irse de vacaciones con su familia “por última vez, porque empezaba su carrera de kinesiología y sabía que más adelante se le iba a complicar”.
De hecho, había empezado a cursar el CBC en la UBA y había superado una prueba que le tomaron en una cafetería para comenzar a trabajar. Ese fin de semana recibió la llamada que lo puso contento: le avisaron que el puesto era suyo. “El fiscal (del juicio, Carlos Luppino) y el tribunal estuvieron impecables. Se hizo justicia”, reflexionó Francisco, el papá de Gianfranco, ni bien supo del fallo, que escuchó en persona.
La detención de Tambussi y el intento de matar a un policía
Tambussi, como se escribió más arriba, fue identificado fácilmente por la evidencia recopilada en el boliche. Después de matar a Gianfranco huyó de la escena en un Ford Fiesta rojo junto a sus cómplices. Lo increíble es que, lejos de ponerse a resguardo por lo que hizo, se fue a una fiesta clandestina en el barrio Almafuerte (ex Villa Palito), donde finalmente fue localizado y detenido tras una persecución y un tiroteo a manos de la DDI La Matanza.
Al momento de su captura, se le secuestró la pistola Bersa Thunder utilizada en el crimen y se descubrió que se movilizaba en una moto KTM Duke 250 robada. Es decir, mató, se fue a otra fiesta, robó una moto y disparó contra los uniformados que lo capturaron. La pericia balística sobre esa pistola fue clave: confirmó que las vainas servidas encontradas en el boliche correspondían al arma que tenía Tambussi cuando se enfrentó con la Policía.












