Javier Krysco estaba en el lugar equivocado y a la hora señalada. Había regresado a su casa luego de su jornada laboral como pintor en una casa particular y, en medio el intenso calor de aquel día (6 de marzo) se subió a su moto y fue a comprar milanesas para la cena familiar. Pero nunca más volvió a su hogar.
Es que se cruzó con un delincuente que corría para escapar luego de cometer el robo en una pañalera, en la que atacó a culatazos a un hombre de 70 años y fue descubierto por su yerno Javier Leite (30), el conductor de la camioneta Amarok negra protagonista también de la secuencia criminal. Ese delito inicial ocurrió sobre la avenida Lisandro de la Torre al 500 y dio inicio a una verdadera cacería humana.
Como ya contó Primer Plano Online, el hombre embistió marcha atrás a la moto en que se movilizaban los malvivientes, de los cuales uno corrió hacia una esquina y el otro hacia la opuesta, en este caso en el sentido del tránsito. Leite decidió seguir a ese hombre, el de remera colorada: lo persiguió por casi tres cuadras y nunca lo perdió de vista. En el trayecto, el ladrón lo apuntó con lo que parecía un arma que nunca fue encontrada, al menos hasta el momento.
“Sacame de acá”: la amenazante frase del ladrón a Javier Krysco
El ladrón de la remera colorada se cruzó con Krysco en la intersección de Carlos Tejedor y Colón y lo obligó a frenar. “Sacame de acá”, fue la frase que le pronunció, amenazante, tras apoyarle un arma en la espalda. Javier aceleró y detrás suyo, como se observa en las imágenes que el programa periodístico Primer Plano presentó públicamente anoche a través de la pantalla del canal Somos, de Flow, apareció la camioneta detrás de ambos.
Instantes después los pasó por arriba: el ladrón murió en el acto pese a que en la filmación se observa cómo se incorpora y luego cae sobre el pasto de la vereda y el inocente nunca pudo ponerse de pie. Desde un primer momento tanto la Policía como la justicia informaron que Krysco estaba “fuera de peligro”, cosa que no era así: en el hospital Balestrini, a donde fue trasladado, los médicos le informaron a su familia que su estado era de “extrema gravedad”.
“Siempre estuvo grave. El traumatólogo me informó que Javier estaba muy grave y que su vida corría peligro porque estaba todo quebrado: las piernas, la pelvis, tenía comprometidos los pulmones”, señaló María Torres, la viuda de Krysco. Ana Laura, su hija mayor, agregó que al tercer día de internación había sufrido un accidente cerebro vascular y ya no había nada para hacer porque no respondía a los estímulos”.
El clamor por justicia de la familia de Javier Krysco
En medio de la conmoción por lo sucedido, la familia clama por justicia: asegura que sólo recibieron una comunicación telefónica del fiscal Carlos Arribas, de la UFI Temática Homicidios de La Matanza, y de una psicóloga que se puso a disposición. Después nada más: para la investigación Leite no cometió delito. Al menos no tiene imputación alguna por semejante hecho.
El viernes pasado fueron a la Fiscalía y se encontraron con el secretario de esa dependencia, que primero no encontraba el expediente y luego les informó que, según los elementos recopilados, no había nada que hubiera cambiado. Es más: les informó que el único video incorporado a la causa era el que se observa la camioneta embistiendo marcha atrás a los delincuentes que robaron en la pañalera.
Leite, el “justiciero”, tampoco se contactó con la familia ni siquiera para disculparse. Quizá interprete que, como tiene seguro, con un acuerdo económico todo pasará. Pero del otro lado hay una viuda dispuesta a que la muerte de su marido “no quede impune”. “Tengo la vida destrozada”, se sinceró entre lágrimas. “Él no tenía nada que ver. Fue a comprar milanesas, nada más”, cerró.
Como sea, el mensaje de la justicia frente a semejante caso deja mucho que desear: es una invitación a la ley de la selva, a pasar por encima el derecho penal y a los casos de tomar venganza cueste lo que cueste. Una sociedad sin marco jurídico que la ampare.











