La jueza Laura Mariel Pinto, a cargo del Juzgado de Garantías Nº 1 de Morón, dispuso la prisión preventiva de Carlos Alberto Robledo, el pastor evangélico detenido a principios de mayo pasado acusado de múltiples abusos sexuales de mujeres, mayores y menores de edad, que acudían a la congregación que lideraba en el templo de la calle Malarredo al 100 en Hurlingham.
Son, en total, 164 hechos los que le imputa la justicia tras la investigación realizada por la fiscal Marisa Monti, de la UFI Nº 5 de Morón. Según la descripción de cada caso, hay 23 abusos sexuales simples reiterados, un abuso sexual gravemente ultrajante, y 140 abusos sexuales con acceso carnal.
En todos tienen un agravamiento: fueron cometidos, según la acusación, por un ministro de un culto religioso. Las víctimas son 13 mujeres, todas asistentes habituales a la congregación que liderada Robledo, de las cuales 10 son mayores y las tres restantes menores de edad. El rango de tiempo se extendió por casi 24 meses en que las vejaciones se sucedieron hasta que una de ellas se animó a denunciar y ayudó a que el resto también lo haga.
Es más: para la justicia la instrucción no está cerrada, con lo cual no descartan que se puedan sumar más testimonios al expediente en trámite. Con los elementos reunidos hasta el momento, si se suman los años de pena máxima por cada hecho, Robledo debería ser condenado a más de 2202 años de prisión, algo que el Código Penal (CP) no autoriza. La condena más alta que puede imponer la justicia es la de 50 años.
“Cuando concurrieren varios hechos independientes reprimidos con una misma especie de pena, la pena aplicable al reo tendrá como mínimo, el mínimo mayor y como máximo, la suma aritmética de las penas máximas correspondientes a los diversos hechos. Sin embargo, esta suma no podrá exceder de (50) cincuenta años de reclusión o prisión”, indica el artículo 55 del CP.

Como informó Primer Plano Online, los ataques, siempre según lo plasmado en el expediente, fueron cometidos en el interior de la iglesia, a donde además el imputado residía. Allí Robledo, también conocido como ‘Tino’ convocaba a las víctimas, sobre las cuales infundía “temor reverencial” y un “fuerte dominio psicológico” para someterlas. Es por ambos tópicos que las jóvenes de la congregación terminaban cediendo a sus exigencias.
Cuando una de las denunciantes se negaba, el pastor “la obligaba diciéndole, entre otras cosas, que era su castigo” por los pecados cometidos fuera de la iglesia. Además, “la amenazaba diciéndole que iba a arruinar a su familia, todo por ser una hija de Dios que no quería dejar sus pecados, y que si se iba de la Iglesia se iba a alejar completamente de Dios, y si hablaba con alguien respecto a lo que él le hacía, la iban a tratar de loca y la llevarían a un hospital psiquiátrico”.










