Alrededor de 50 deliverys de Ituzaingó y Morón se juntaron ayer en distintos puntos de ambas ciudades para reclamar seguridad. Fue tras el robo que sufrió un repartidor el domingo por la noche entregando un pedido: le pegaron dos culatazos en la cabeza para llevarle la moto y el celular en Diego Aráoz y Estanislao López, de Castelar sur.
“Lo interceptaron entre cinco motos y le llevaron la suya, el morral con su documentación personal, y el celular”, contó a Primer Plano Online Evelyn Sosa, quien se erigió como una de las representantes de la protesta.
La manifestación que organizaron ayer fue en distintos puntos. Arrancaron por la plaza del Cañón, en pleno centro de Ituzaingó; desde ahí se trasladaron a Blas Parera y Rivadavia, límite de ambos distritos; después a Santa Rosa y Sarmiento; al puente Lebensohn y en la plaza San Martín de Morón. Hubo también una comitiva que se acercó a la comisaría 3ª de Castelar sur.
“¿Estamos esperando que maten a algún repartidor? Nuestra protesta es pacífica, y siempre dejamos carriles libres para que circule el tránsito. Pero la verdad es que no damos más”, agregó Evelyn, que es mamá soltera de un bebé de un año y ocho meses, paga alquiler, expensas, luz, gas, cable, seguro de moto, monotributo y abono del celular, estas últimas cuestiones sin las cuales no podría trabajar.
“Nos cansamos de salir a la calle con miedo todos los días, sin saber si volvemos a casa con vida. Para nosotros ayer fue un día de trabajo perdido, donde no facturamos, pero tenemos fe de que va a valer la pena y nos van a escuchar para darnos una solución”, reflexionó la repartidora.
LA PROPUESTA DE CAMPAÑA QUE QUEDÓ EN NADA
Sin identificar quién fue, los deliverys reflotaron una idea que les hicieron llegar como plataforma de campaña para las elecciones del año pasado. Según narró Evelyn, en esa esquina de Santa Rosa y Sarmiento les propusieron colocar un rastreador satelital en cada moto a cargo del Estado local. “Pero quedó en la nada. Pasó la elección y desaparecieron todos”, reveló la joven.

La queja de los repartidores también alcanza a la Policía, aunque distinguen que también están trabajando y no dan abasto muchas veces. “Están todo el tiempo haciendo operativos y nos piden todo el tiempo la documentación. Pero cuando los necesitamos no están. El chico asaltado el domingo alcanzó a tirar las llaves adentro de una casa, pero se llevaron igual la moto de tiro, empujándola. Si los policías hubieran llegado rápido la hubieran recuperado”, indicó Evelyn.
Por jornada laboral, los trabajadores están entre 10 y 12 horas recorriendo las calles para ganar, en un día calificado como positivo, alrededor de 20 mil pesos. Enfrentan la lluvia, la ola de calor de estos días y el crudo frío del invierno, y si no salen a pedalear o a circular en moto no cobran. Están de mañana, tarde y de noche dando vueltas para entregar pedidos y, entre tanta adversidad y con ningún tipo de derecho laboral, son presa fácil de la delincuencia.










