Joven con síndrome de Down necesita una cirugía urgente por una hernia en el ombligo

Joaquín tiene 33 años y es vecino de Isidro Casanova. Desde 2017 su familia tiene la recomendación médica para la cirugía, pero desde entonces no cuenta con respuestas en el sistema de salud: la malla que deben colocarle dificulta el procedimiento. El tema es que se acortan los tiempos: los intestinos están a punto de salir.

Una familia de Isidro Casanova está desesperada. Es que aguarda por la posibilidad de operar a uno de sus integrantes, un joven con síndrome de Down que padece una hernia en el ombligo por la que requiere cirugía urgente, pero no encuentra respuestas del sistema de salud público. Los tiempos se agotan y el último médico que lo vio hasta recomendó a su mamá y a su hermana que recurran a un abogado para presentar un amparo en la justicia.

Laura, la hermana de Joaquín, le contó a Primer Plano Online que el padecimiento del muchacho arrancó en 2017, y que todo arrancó con algo similar a “una bolita en el estómago”. En el hospital Paroissien, donde se atendía, los profesionales que lo atendieron le recomendaron a su mamá “que lo ponga a dieta”, porque estaba excedido de peso, más allá de que el diagnóstico era la hernia.

Desde entonces quedó en lista de espera. “Necesitaba cirugía y la colocación de una malla para mejorar su calidad de vida”, contó Laura, quien recordó que los médicos les hablaron de factores de riesgo a considerar como vómitos y fiebre. “Eso era una alerta para precipitar la cirugía, pero fuimos igual con cuadros así y no lo operaron tampoco”, indicó. A la demora inicial por la falta de malla abdominal contenedora le sobrevino la pandemia, y el tiempo pasó velozmente en paralelo al crecimiento del prominente desgarro.

Una cirugía para Joaquín

“Varias veces los médicos nos retaron porque no bajaba de peso. El tema es que la situación económica es difícil y a mi mamá, que es pensionada, le cuesta mucho darle otra alimentación que no sea hidratos de carbono y harinas. Pese al esfuerzo que hicimos bajó poco: siempre tuvo una vida sedentaria y a raíz de esta patología fue todo peor”, describió la hermana. Una realidad familiar comprensible, por cierto.

Después de la pandemia “fue todo más difícil”, contó Laura. Es que hasta conseguir turnos programados o atención en los nosocomios se complejizó. Una médica conocida de la familia le recomendó ir a hospitales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero a la familia se le hace casi imposible por los costos del traslado y porque alguien tiene que acompañar a la mamá, que sola con Joaquín no puede viajar.

“Nos recomendaron que pongamos un abogado para tramitar un amparo, y hablamos con uno, pero nos dijo que por más que él no nos cobre hay impuestos que pagar y eso es dinero, que no tenemos”, reflexionó la chica. Mientras, su hermano espera y otro profesional de la salud fue contundente: “es muy riesgoso lo que tiene porque los intestinos están haciendo fuerza para salir y la capa de piel que lo sostiene ya es ínfima”.

Además, ya no se trata de una cirugía de hernia: tienen que hacerle lugar en el estómago, donde ya todo se desacomodó, y reconstruir los tejidos del abdomen. Todo mientras además las dificultades de desplazamiento del muchacho son cada día más: camina una cuadra y se agota, no puede seguir. La respuesta que requiere su cuadro no puede esperar un día más.

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