El juicio por un crimen que conmovió a Ituzaingó y otra vez el ‘Boli’ Banegas sentado en el banquillo

Un crimen que estremeció al barrio San Alberto, en Ituzaingó, y un juicio que se demoró casi ocho años. Comenzó en los Tribunales de Morón el debate oral y público por el asesinato de Marcelo Godoy (43), el vecino que fue ejecutado de un balazo en la cara en medio de una entradera delante de su familia. Por ese brutal hecho está sentado en el banquillo de los acusados un conocido delincuente de la zona, que está cumpliendo condena en el penal de Ezeiza por secuestro extorsivo: se trata de Roberto Oscar ‘Boli’ Banegas.

La víctima era comerciante y junto a su pareja, Natalia V. regresaba a su vivienda de la calle Patagonia al 1900, esquina Los Matreros. En los asientos traseros viajaban la hija en común de la pareja, de siete años, y el hijo de la mujer, de doce en aquel entonces, al que Godoy criaba como si fuera propio. Una auténtica familia ensamblada. Aquella noche del 10 de agosto de 2015 habían ido al Plaza Oeste Shopping y eran cerca de las 22.30 cuando con el control remoto el conductor abrió el portón de la casa.

Lo que pasó en ese instante fue narrado de tal manera por Natalia V. y por su hijo que provocó lágrimas de conmoción en la presidenta del Tribunal Oral Criminal Nº 6, Andrea Bearzi; a los jueces que la acompañan, Alejandro Rodríguez Rey y Cristian Toto; y al fiscal del juicio, Marcelo Papavero. Su relato, interrumpido varias veces por el llanto, fue pormenorizado en torno a lo sucedido.

Jueces del Tribunal Oral Criminal Nº 6: Alejandro Rodríguez Rey, Andrea Bearzi y Cristian Toto (de izquierda a derecha)

Según reconstruyó la viuda, que fue pareja durante once años con el fallecido, antes de bajar de la camioneta vio por el espejo a un hombre en la parte trasera y a otro adelante, ya dentro de la casa: ambos les apuntaban. Ella se tiró al piso, oyó dos detonaciones, sintió calor en su cuerpo y empezó a gritar. Al instante se incorporó, no vio a nadie y le dijo al marido “ya se fueron”. Cuando giró la mirada hacia él se encontró con su esposo ensangrentado.

Godoy, al ver al delincuente frente a sí, atinó a meter marcha atrás, y ahí la camioneta chocó contra el portón. Es en esas circunstancias que los atacantes gatillaron. Una de las balas reventó el vidrio lateral del vehículo y las astillas le cortaron la mano a la mujer. Lo que la salvó a ella y a los menores, que estaban en el asiento trasero, es que no tenían puesto el cinturón de seguridad, por eso los tres se pudieron agachar.

La desesperación continuó. Natalia gritó para pedir ayuda y varios vecinos se acercaron. Como la ambulancia no llegaba y Marcelo agonizaba, fue un móvil policial el que lo trasladó hasta lo que por entonces era el ‘Hospitalito de Brandsen’. De ahí lo derivaron al Instituto Güemes, de Haedo, ya en ambulancia, en donde finalmente falleció.

Marcelo Godoy, asesinado delante de su familia de un disparo en la ceja en medio de la entradera a su domicilio

Luego de disparar, los asesinos se escaparon en un auto color gris de cuatro puertas. Según testigos había por lo menos una persona más en ese rodado, que esperaba a los malvivientes y arrancó a toda velocidad. El coche había quedado atravesado en la calle en medio de la entradera. Natalia le vio la cara a uno de los atacantes y, junto a la denuncia, hizo un identikit. Reconoció a los pocos días a través de fotografías a Banegas como el asesino de su esposo: pese a que tenía puesta una capucha, el rostro pudo observarlo gracias a la luminosidad que había en el garaje.

En el juicio también declaró el hijo de Natalia, que como se explicó más arriba era hijo de una pareja anterior de la mujer y no de Marcelo, pero se crió con él. Actualmente el muchacho tiene 20 años y un quiebre emocional que no logra borrar de sus ojos por aquel recuerdo. Su testimonio, al igual que el de su mamá, fue interrumpido varias veces por lágrimas y ameritó una felicitación de parte de la presidenta del tribunal. “Hacé terapia, te lo digo como madre”, le alcanzó a decir la jueza Bearzi con una empatía admirable.

El testigo Mario Cejas, uno de los relatos que el tribunal escuchó durante el juicio

Otro testimonio de valía en el debate fue el de Mario Cejas, vecino y amigo de la víctima, que también lloró al narrar lo que vio. Esa noche estaba con su perra pitbull a la que había sacado a hacer sus necesidades, y recordó que la mascota se le escapó por un instante, se frenó, la intentó tomar del collar y sintió frenar un auto, aunque aclaró: “nunca imaginé lo que iba a terminar pasando”. Ahí oyó una detonación, se escondió detrás de un árbol y vio a hombre corriendo hacia el auto. Después vio salir a un segundo y no tuvo dudas en marcar que era Banegas. También realizó un reconocimiento fotográfico en comisaría. Cejas también lloró al recordar el trágico hecho.

Como daños colaterales la familia dio cuenta de su salud emocional y psicológica de Natalia y de sus hijos, reveló que jamás pudo volver a su casa y que padeció por años ataques de pánico. El hijo mayor de Marcelo se fue a vivir a Australia luego del asesinato de su padre y el papá de Godoy se suicidó meses después del hecho: no pudo aceptar lo ocurrido y cayó en una profunda crisis depresiva.

QUÉ DIJO EL ‘BOLI’ BANEGAS

La segunda audiencia del debate comenzó con la declaración de Banegas, quien se declaró “inocente” de las imputaciones en su contra y acusó a la Policía de “tender una maniobra” para inculparlo del crimen. El ‘Boli’, como se lo conoce, está preso en el penal de Ezeiza purgando una condena por secuestro extorsivo. Al declarar aceptó responder preguntas de la Fiscalía y de su defensa, aunque se mantuvo al margen en todo momento del asesinato.

El acusado también tuvo sus lágrimas durante el debate. Fue cuando declaró su pareja, Aldana Rodríguez, quien aseguró haber estado con él mientras ocurría el crimen de Godoy. Reconoció incluso haber pasado por el lugar, observar el operativo policial, pero seguir su marcha. Juan Ordoñez, su defensor, pidió la absolución de Banegas y aseguró que tiene cómo probar que no fue el autor del crimen. Además, consideró que su cliente “es un perseguido de la Policía”.

El fiscal Marcelo Papavero tiene a su cargo la acusación contra Banegas

Después habló el imputado. “Yo no fui. No sé por qué me están echando la culpa. Me pueden tener a mí del barrio, pero no tengo nada que ver. Ese día estaba en mi casa, llamé a mi novia y la fui a buscar. Vivo a siete cuadras de donde pasó esto. Dos cuadras antes vive mi hija. Vi el operativo y al otro día le pregunté a mi suegro y me dijo que mataron al vecino. A los días me notificaron que estaba imputado por el crimen”, se defendió.

También reconoció que conoce al hijo de Cejas, que es “un amigo de toda la vida”, y se refirió a un supuesto testigo, llamado David Argañaraz, que según sabe vio todo lo que pasó pero nunca estuvo citado a declarar en el expediente. “Estoy detenido hace seis años y hace mucho que no lo veo”, aclaró el ‘Boli’.

Por último, también dieron su testimonio varios policías que participaron de las actuaciones y de la investigación. Uno de ellos, Marcos Amar, quien por aquel entonces era el jefe de calle de Ituzaingó 4ª, seccional de San Alberto, y fue quien tuvo a cargo la parte operativa de la causa, es decir, la búsqueda de pruebas. Según reveló conoce a Banegas por su intervención en una causa por secuestro extorsivo y fue uno de los uniformados que detuvo.

La acusación que pesa sobre Banegas es la de robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa, portación ilegal de arma de guerra y homicidio agravado criminis causa agravado a su vez por el uso de arma de fuego. En caso de ser hallado culpable la pena en expectativa es la de perpetua.

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