La mecha está corta. Hay una bronca social contenida que no necesita de mucha agitación para explotar. Y no es necesario estar armado para resistir frente al delito, con el peligro que eso implica. A cualquier hora, y en cualquier lugar del conurbano.
Ahora fue un vecino de Ituzaingó el que debió enfrentarse con esas situaciones que exploran en lo más profundo del ser. Resignarse o plantarse es el dilema al que se enfrentan quienes atraviesan situaciones desagradables por demás, sobre todo cuando se llevan el fruto del esfuerzo diario.
Carlos Amato es un agente de viajes que anoche salió de su casa, ubicada en cercanías de Lafayette y Pueyrredón del barrio El Pilar con un objetivo: además de trámites personales tenía que comprarle remedios a su cuñado y a su suegra. Llevaba el dinero en el bolsillo y, en una bolsita de nylon, las recetas y los carnets para no perderlos.

De repente, un Chevrolet Corsa frenó de golpe y dos sujetos, al estilo piraña, bajaron corriendo hacia él. Lo abordaron al grito de ‘choreale al viejo, choreale al viejo’ y Carlos no lo dudó: “cuando se me acercó el primero le metí una piña en la cabeza”, le contó a Primer Plano Online. El cómplice del ladrón lo atacó por atrás al vecino y le impactó en el rostro, bien de cobarde. Sin embargo, él también alcanzó a pegarle una patada para defenderse.
Delito golondrina y la reacción de la Policía
El vecino interpretó que, por la metodología que usaron para seguir su raid delictivo, los ladrones no eran del distrito. “Fueron tan boludos que se metieron por Lafayette, que es una calle sin salida. En eso volvieron de golpe hacia mí y me escondí atrás de un coche estacionado, porque podían estar armados y eso me dio temor”, reflexionó.
En la secuencia le llevaron los papeles para la medicación y 38 mil pesos. La banda continuó trayecto por Pueyrredón hacia José María Paz y desaparecieron. Una vecina que vio la escena y lo encontró sangrando se solidarizó con él y llamó al 911: un patrullero llegó a los pocos minutos. También se arrimó una ambulancia, cuyo médico le realizó curaciones.
“Hace 30 años que gobierna Descalzo y no hay una sola cámara de seguridad en la zona. Eso sí: plata para recitales y espectáculos sí que hay”, cuestionó el vecino. Además, mientras se sacaba la sangre de su rostro, le pidió a uno de los efectivos que le permitiera subir al patrullero para seguir la ruta de los malvivientes, pero los agentes le dijeron que eso no se podía hacer, y que a lo sumo podían acercarlo a la comisaría 2ª de Villa Ariza para radicar la denuncia.
La noche para Amato terminó en la seccional contando lo sucedido y dando los datos de lo que pasó. Por supuesto: de la banda no hay novedades.









