El inicio del clásico entre Morón y Chicago se retrasó cinco minutos por culpa de un gallo. El animal ingresó al campo de juego y eludió a todos los empleados que intentaron capturarlo mientras los equipos ya estaban dispuestos en el campo de juego.
Fueron varios los empleados del club anfitrión que intentaron capturar sin suerte al animalito, que, dotado de una envidiable habilidad, se escapó una y otra vez al grito del clásico «ole» de la parcialidad local. Ni el árbitro Pablo Dóvalo ni los jugadores podían creer lo que estaba ocurriendo aunque, sin más remedio, se divirtieron con el impensado y simpático espectáculo al que les tocó asistir antes de que sonara el silbato que dio inicio al clásico del ascenso que terminó empatado sin goles.
A causa de esta intromisión, el partido se inició cinco minutos después de lo que estaba previsto.









