Se cayó un árbol sobre su casa en Palomar y reclama ayuda del Municipio: sólo el gasista le pidió 15 mil pesos para arrancar la reconstrucción

Como tantos otros vecinos, Laura Sánchez de Fortt vivió como una tragedia personal el temporal que se desató el domingo pasado en la zona de El Palomar. De ese lugar, lo que trascendió por todos los medios de comunicación fue la desgracia de la Escuela Nº 5, a la que se le voló el techo y su estructura quedó dañada por completo, a punto tal que sus estudiantes debieron mudarse a la Base Aérea para continuar con el ciclo lectivo. Pero hubo muchas otras historias que también causaron un tremendo impacto por sus consecuencias directas.

Una de ellas es la de esta mujer que se prestó al diálogo con Primer Plano On Line. A modo de síntesis contó que pasadas las 3 del domingo 29 de abril sintió un bruto cimbronazo sobre su hogar, allí donde dormía junto a su marido e hijo. Cuando se asomó se encontró con algo que venía sospechando podía ocurrir hace tiempo: el árbol que ocupaba parte de la vereda de la casa contigua cedió ante la presión de los vientos huracanados y cayó encima de su propiedad, sobre la calle Neuquén 944.

“Veníamos haciendo denuncias en la UGC 6 de El Palomar. La última fue el año pasado, y pedíamos que saquen el árbol, que es viejo, no tenía raíces y de muchos años de vida. El vecino se negaba, y en la dependencia municipal me decían que ellos sólo podían derivar el reclamo a áreas verdes si el vecino firmaba que sí quería sacarlo. En la última tormenta el árbol cayó de lleno encima de mi casa. Anteriormente había reventado todos los caños de agua y tuvimos que hacer toda la instalación a nuevo. También había roto los caños de gas, vinieron los de Fenosa y los repararon. Pero ahora me arrancó el frente de la casa, rompió el medidor de gas y sólo un gasista matriculado para reparar todo me presupuestó 15 mil pesos. Rompió el techo, las maderas, las vigas, la medianera está suelta del golpe”, describió Laura.

En medio de la desgracia, estuvo cinco días con el árbol en su terreno. Recién el viernes pasado (anteayer) pudieron sacar los troncos que seguían atravesados sobre el jardín, precisamente donde aplastó el medidor de gas. Personal del Municipio lo cortó en rebanadas y pudo sacarlo de la propiedad, aunque los restos quedaron sobre la vereda. “Estoy pidiendo que por favor el Municipio me ayude. Me mandaron seis chapas y diez tirantes y ya está, pero necesito otra cosa: un gasista matriculado para que verifique las fugas y me vuelvan a habilitar el medidor, porque estoy sin gas en casa y tengo un nene de seis años al cual no le puedo cocinar”, cuenta Laura.

En medio del drama de una familia que no tiene capacidad de ahorro, porque trabaja el marido como operario y ella a veces prepara viandas para los compañeros de trabajo del hombre, los vecinos se acercan a llevarle comida caliente para el nene, porque tampoco ella se puede ir de la casa a lo de su madre para no dejar la vivienda sola. “Se acercó gente a ofrecerme ropa, plata, alimentos, hasta una cocina me trajeron. Y estoy muy agradecida pero no necesito nada de eso sino reconstruir mi hogar, pero no puedo solventar el gasto que implica pagar un albañil y los materiales”, narra.

Laura detalló a Primer Plano On Line que se fue a vivir a esa casa hace 20 años y el árbol ya estaba en la vereda. “Altísimo, pero sano”, recuerda. Con el paso del tiempo se fue deteriorando, partes se le fueron muriendo y se iban cayendo a pedazos. La vivienda de su vecino, el que se negó sistemáticamente a sacarlo, tiene 3 pisos, y el árbol los superaba en altura ampliamente. “De hecho, cayó sobre mi domicilio sobre la calle Neuquén y la copa terminó sobre Chaco, a la vuelta”, describió la mujer. En los últimos tiempos el vecino hasta cortó el diálogo.

Árbol en casa en El Palomar
La casa de Laura y las roturas que sufrió por la caída del árbol sobre su estructura

“Hoy pasó una chica, que me dejó una boleta y me dijo ‘esto es tuyo, en un rato lo vienen a descargar’. Yo no puedo salir de casa, porque me paro en el frente y me pongo a llorar”, describe. Efectivamente, a la hora llegó un camión que descargó un bolsón de arena y ladrillos. “Mi nene tampoco quiere salir porque dice que su casita está fea”, agrega. Y recuerda la rápida respuesta que recibió de los bomberos y de Defensa Civil, que a los pocos minutos acudieron al domicilio pero que no pudieron prácticamente hacer nada porque los cables chispeaban. “Nos dijeron que era un milagro que estuviéramos vivos, y que eso ante la magnitud de la desgracia, era lo más importante”, rememora.

El árbol atravesado en esa casa de Neuquén 944 se transformó durante casi cinco días en una suerte de atracción para la gente que pasaba por allí. Cuenta la mujer que fueron infinitas las cantidades de selfies que se sacaron personas en el lugar, a los que ella no conoce y veía desde la ventana. El jueves por la tarde apareció una moto roja en la casa de Laura buscando su dirección. Cuando ella se asomó para saber si era algún tipo de ayuda se sorprendió: le llevaba un aviso de que se estaba por caer un árbol. “¿Me estás cargando?”, le preguntó, y se negó a firmar la recepción de la nota.

Ahora, como en todo temporal, está intentando ver cómo organiza su vida para iniciar la reconstrucción. Y espera una mano del Estado para que todo llegue en el menor tiempo posible.

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