La siguiente es la crónica de cuando la función pública se lleva adelante con compromiso, más allá del lugar que se ocupe. Un comisario que conoce de temas sanitarios por ser también médico y una fiscal que se hizo cargo del llamado terminaron siendo claves para que 7 ancianos (6 mujeres y un hombre) sean rescatados del geriátrico del horror en Isidro Casanova, en donde estaban alojados en “condiciones deplorables”.
La intervención judicial se produjo luego de un llamado al 911 hecho por un adulto mayor que pedía auxilio tras haberse caído en la calle. El hombre se dirigió a la clínica Figueroa Paredes para recibir atención y luego fue hasta la comisaría para dar cuenta de lo que pasaba en el establecimiento en que estaba alojado, ‘El jardín de mis abuelos’, ubicado en Portugal al 2000, entre Fitz Roy y Bogotá de la mencionada localidad de La Matanza.


Cuando se dirigió a la dependencia policial informó que era él quien había realizado el llamado a la central de emergencias. Y narró que había logrado escaparse de ese lugar, contó los padecimientos que sufría e informó sobre la situación del resto de las mujeres que habían quedado allí. Al escuchar su relato, una comitiva de la Policía se dirigió al geriátrico: debían constatar esos dichos y denunciarlo si se comprobaba.
Fue el propio comisario-médico quien se puso al frente del procedimiento. Y quien se ocupó personalmente de hablar con la justicia luego de ver con sus propios ojos a las “ancianas atadas a las camas, en pésimas condiciones de salubridad y con colchones y baños que provocaban asco de sólo mirar”. Tal cual esa fue su descripción.
El allanamiento fiscal de urgencia en el geriátrico del horror
El uniformado decidió hacer saber a la justicia de la situación y se contactó con la Fiscalía de turno, a cargo de Andrea Palín. La funcionaria tomó la palabra del policía y determinó la realización de un allanamiento fiscal de urgencia, es decir, ir en persona a constatar el estado en que estaban alojados los adultos mayores. Mientras se contactó vía telefónica con el juez de Garantías Fernando Pinos Guevara, a quien puso en autos de lo que estaba por hacer.
“El lugar era un desastre. No sólo abuelas atadas a las camas, sino también no había ninguna medida de seguridad para evitar que se lastimen. Mugre, sanitarios sin limpieza y nadie se había percatado que un adulto mayor se escapó”, precisaron voceros de la pesquisa. Ese hombre que logró huir también es una suerte de ángel guardián del resto de las ancianas.

Lo cierto es que la fiscal Palín dispuso que las personas alojadas en el establecimiento sean derivadas a otros centros de asistenciales similares. En paralelo mandó a notificar a los propietarios del geriátrico de la formación de la causa en su contra, en principio por averiguación de ilícito.
Además, intentan constatar si funcionaba con la correspondiente habilitación y comunicó la situación al Ministerio de Salud bonaerense y al Municipio de La Matanza para que instrumenten, si corresponde, la clausura.
“Los tienen peor que si fueran animales”
Una vez concretado el allanamiento y puestos a resguardo la totalidad de los abuelos, en redes sociales estallaron los comentarios y publicaciones en torno al geriátrico del horror.
“Si tienen a sus abuelos ahí sepan que van a pasar hambre, malos tratos, los tienen en las peores condiciones. Cuando llueve entra agua por todos lados sobre las camas mientras los dueños miran para otro lado, sin ocuparse del hogar y llevándose toda la plata”, publicó la usuaria Nazarena, quien dijo haber trabajado en limpieza.

“Los tienen peor que si fueran animales, atados comiendo fideos recalentados todos los días que parece comida de perro; los colchones un horror y las sábanas peor; todavía a las cuidadoras las tienen 12 horas todos los días y te dan franco cuando ellos quieren por 400 mil pesos. Hacen trabajar a menores de edad explotándolos. Cuando los familiares los van a visitar ven otra realidad: los desatan y cambian sólo para la visita”, completó en su posteo.









