Maitena Garófalo tenía 14 años. El miércoles pasado salió rumbo a la escuela con su hermana, como todos los días, sólo que nunca ingresó. Su mamá se enteró de la ausencia y radicó la denuncia pasado el mediodía. Según determinó la autopsia, a esa hora la chica ya estaba sin vida: se había ahorcado de un árbol en un descampado de General Las Heras.
Agustín Mercado (17) sufría problemas de salud mental y estaba en tratamiento desde hacía tiempo. El viernes de la semana anterior no resistió más vivir: se paró delante de una formación del tren Belgrano sur, a metros de la estación Merlo Gómez, y murió arrollado. Lo vieron unos chicos que jugaban a la pelota en un terreno cercano; lo confirmó luego el motorman de la formación ferroviaria.
Organismos internacionales confirman que hay más de 700.000 suicidios al año. Es la cuarta causa de muerte en el mundo en el grupo etario de 15 a 29 años. Por cada hecho consumado hay 20 intentos
Dos vidas truncas, a las que no se pudo salvar pese a los permanentes intentos de sus familias. Y lo más impactante: no llegan a ser parte aún de los 113 casos registrados por el Boletín Epidemiológico Nacional, que hasta fines de marzo computó además 2501 intentos de suicidio que no tuvieron resultado mortal. La pregunta, lógica, es qué está pasando para que vivir sea un dolor y morir la solución.
“Qué nos pasa como sociedad es una muy buena pregunta que yo creo que no tengo la respuesta. Seguramente pasa de todo: no estamos escuchando lo suficiente a los a los chicos, no nos estamos escuchando como adultos. Es muy triste, francamente, y da bronca”, reflexionó Javier Pinto, titular de la fundación Enebro, dedicada a la prevención, contención, acompañamiento y posvención del suicidio, adicciones y dolores emocionales profundos.
Cómo llegar a corazón y mente de quien necesita ayuda
En una entrevista con Adrián Noriega y Norman Díaz en el programa Primer Plano por canal Somos, de Flow, el referente institucional planteó que “como sociedad no podemos normalizar el sufrimiento” que padece la población. Hay diversas escalas, claro está: quedarse sin trabajo, no tener proyección de futuro, no resistir el bullying en edad escolar, la soledad de las redes sociales y el impacto de la tecnología. Todo junto en una coctelera arma un combo letal.
“Me hago cargo de esta bronca, porque venimos trabajando en red con muchas organizaciones, con dispositivos de salud y sigue pasando”, expresó. ¿Cómo llegar hasta esos corazones que quizá no saben o no se animan a pedir ayuda? “Hablando, porque hablar genera vida, comunicar bien genera vida”, insistió Pinto, quien también se refirió al “efecto papageno” producido en la persona que escucha el mensaje de esperanza y puede romper el cerco para pedir ayuda en medio de una crisis suicida.

“A esa persona hay que acompañarla con un equipo y tratar de resolver todo aquello que lo llevó a esa crisis suicida. Y la familia es fundamental en ese proceso: no soltarle la mano es clave y cambiar eso que está funcionando mal”, subrayó. Y la convicción editorial de Primer Plano Online: más allá de los algoritmos, que bloquean palabras como suicidio, si a una persona le sirve este artículo, entonces su objetivo ya está cumplido con creces.
Hay muchos teléfonos de ayuda para enfrentar una crisis:
-135: línea de asistencia al suicida
-107: SAME
-911: Policía
-0800-222-5462: para situaciones que se necesite orientación sobre salud mental (Ministerio de Salud bonaerense)
-115-741-9398: Fundación Enebro










