Juicio por el crimen del mecánico de motos Ariel Mariano Charrutte en Ituzaingó: pidieron prisión perpetua para los dos sujetos que llegaron detenidos al juicio, que se lleva adelante ante el Tribunal Oral Criminal N° 6 de Morón.
Se trata de Daniel Luquez (28) y Juan Edgardo Rodríguez (33), quienes se encuentran privados de su libertad desde poco después del sangriento episodio. Si bien el sindicado como autor material es uno (Luquez), como la acción fue conjunta la Fiscalía solicitó idéntica pena para ambos.
La calificación del caso fue homicidio criminis causa, en un caso tentado y en el otro consumado, además de robo agravado por el uso de arma de fuego, portación ilegal de arma de guerra y disparos criminis causa. Medio Código Penal encima les espetó la fiscal Graciela Biassotti. Ahora, los jueces Alejandro Rodríguez Rey, Andrea Bearzi y Cristian Toto darán a conocer la sentencia el próximo 23 de septiembre.

Charrutte tenía 34 años, alquilaba un local ubicado a metros de la esquina de Beltrán y Pintos, en Ituzaingó, en el que reparaba motos, aunque su arraigo de siempre y domicilio estaba en el barrio San Juan de Castelar sur. Era papá de 4 hijos.
“Esperamos hace mucho tiempo que haya justicia”, señaló a Primer Plano Online Susana Norma Díaz, la mamá del mecánico. Ella participó de las 4 jornadas que tuvo el debate junto a sus otros 4 hijos y amigos de Ariel. El único instante en el que la mujer decidió no estar en la sala fue en el momento en el que declaró Luquez, el acusado de haber disparado.
Recuerdo de una tarde noche sangrienta
La noche del 27 de septiembre de 2023, Charrutte y un amigo de apellido Zapata, testigo presencial de lo ocurrido, salieron a correr a dos delincuentes que le habían robado la moto a un vecino kiosquero. Ese rodado se lo llevaron a empuje porque no tenían la llave.
Los justicieros salieron a bordo de una moto a seguirlos y los alcanzaron a las dos cuadras, en la esquina de Bertolé y Caaguazú. Cuando los ladrones vieron que se venían contra ellos se despojaron de la moto que habían robado, la dejaron tirada y uno de ellos sacó un arma de su cintura. Con una puntería certera, el balazo que disparó ingresó por la frente de Charrutte, que manejaba la moto de un cliente y de inmediato cayó desvanecido.
En esas circunstancias, los asesinos se acercaron caminando hasta Ariel y su amigo, le pusieron el arma en la cabeza al acompañante y lo obligaron a irse corriendo antes que le gatillen. Zapata se alejó unos metros y observó cómo los malvivientes movieron el cuerpo del mecánico, incorporaron la moto y se fueron con ella. Ese rodado fue abandonado en la localidad de Libertad, en Merlo.
Un testigo que declaró en el juicio narró esa secuencia: el momento en que la moto frenó su marcha de golpe y fue dejado por sus ocupantes. Es más: reveló que los vio caminar y cambiarse de ropa. Su testimonio fue clave para la investigación. No sólo sirvió para recuperar la moto robada a Charrutte sino para identificar a los sospechosos.
La reconstrucción de la huida y el arma homicida
Personal policial logró, a partir del hallazgo de la moto, realizar una reconstrucción de cómo escaparon los asesinos y hacia dónde se fueron. Con las imágenes captadas por cámaras de seguridad, los investigadores recorrieron barrios de Merlo y lograron establecer quiénes eran en base a la identificación aportada por vecinos de la zona.

Con esos elementos, la fiscal que investigó el caso, María Laura Cristini, solicitó la realización de 6 allanamientos, de los cuales dos arrojaron resultados positivos. A Luquez lo detuvieron en una vivienda de la calle Azara de Parque San Martín, mientras que a Rodríguez en un domicilio de Gabriela Mistral, de esa misma localidad. Ese segundo detenido intentó escapar por varias cuadras corriendo, hasta que lograron reducirlo.
En la casa de Luquez, asimismo, incautaron un revólver calibre .38 Special con numeración suprimida y 19 municiones de ese mismo calibre. El cotejo balístico realizado con el proyectil extraído del cuerpo de Charrutte y con el alojado en la campera de Zapata fue positivo: fue el arma homicida. Además, hubo 4 reconocimientos posteriores a las detenciones de ambos y otros dos en audiencia de debate.
“Si bien el que disparó fue Luquez, Rodríguez colaboró en todo momento para el resultado muerte, en los robos y en la huida. Es evidente que consintió la acción, donde se demuestra el dolo (su intervención) en el homicidio”, fue el planteo de la fiscal Biassotti en su alegato. Ahora, la última palabra la tendrá el tribunal.















