“La niña del campanario”, la novela que le pone voz a un feminicidio infantil acallado durante 47 años

La violación y muerte de Ana María Rivarola de tan sólo ocho años ocurrida a mediados de los setenta en la Iglesia San Marcelo -ubicada sobre la ruta 202 en la localidad de Don Torcuato, partido de Tigre- fue un hecho traumático no sólo para la familia de la pequeña, sino también para la sociedad de esa época. La nena era alumna del colegio católico perteneciente a dicha parroquia.

Sonia Almada, la autora del relato de no ficción “La niña del campanario” entrevistada por Primer Plano Online, recuerda que tenía la misma edad que la víctima cuando escuchó al señor que llevaba el pan al almacén de su familia contando aquella noticia estremecedora: “encontraron una nena muerta en la escalera de la iglesia”. 

La frase que la inundó de terror también la llevó a comprender por primera vez que los abusos sobre los cuerpos podían llevar a la muerte. Y fue la motivación de su lucha sin tregua para visibilizar las violencias contra la infancia y adolescencia, que transformó en bandera desde hace más de treinta años. Ella es psicoanalista, Master en Violencia hacia niños y mujeres y Derechos Humanos de la UNESCO; fundadora y directora de Aralma y fue coordinadora general del primer y segundo Congreso Mundial “Infancia sin Violencia”.

Sonia Almada durante la firma del contrato con la editorial ‘La docta ignorancia’ para la publicación de “La niña del campanario”

“Hace aproximadamente tres años, mientras estaba escribiendo un libro sobre la voz de los niños – tan difícil de ser escuchada-, me volvió a la memoria ese crimen- explica Sonia. Yo no sabía siquiera el nombre de la nena y me costó mucho averiguar porque al principio no encontraba dato alguno. Ni mi mamá que aún vive en aquel barrio recordaba la anécdota del panadero”.

“A través de las redes tampoco obtenía respuestas. Hasta que al finalizar un programa de televisión al que fui convocada para hablar sobre violencia sexual hacia la niñez y adolescencia -en el marco de la visibilización de la temática tras el caso de Thelma Fardín-, conocí al doctor en Criminología Raúl Torre quien también había participado en la emisión. Entonces le comenté sobre el crimen del que estaba averiguando y él, pensativo, expresó: ‘Ah, la niña del campanario…’ develando ante mi asombro que ese había sido el primer caso en el que había trabajado como policía”.

Intercambiaron números de teléfonos, se reunieron y gracias a él -a quien le dedica un capítulo entero del libro- logró empezar a reunir  los testimonios que requería.  Aparecieron los distintos personajes, se armó una cadena de contacto en contacto que desde sus evocaciones dieron carnadura al relato hacia el descubrimiento de la verdad.

Gracias a los datos recopilados por los colectiveros de la línea 203 donde trabajaban el papá de la niña asesinada, Almada logró ubicar al cuñado de Anita. Entrevistándolo a él y luego a su hija, se fue reconstruyendo la trama familiar más cercana.

Es un relato de no ficción con un análisis reflexivo desde la perspectiva del psicoanálisis atravesado por una lectura política de la época. En aquel tiempo -Perón había muerto en julio y el hecho ocurrió en septiembre- uno de los supuestos que corrió bastante fuerte es que había sido un asesinato de montoneros (quienes no operaban matando niños ni violaban antes de asesinar). También se sospechó como victimario a un enfermo mental. En el libro se exponen cada una de las teorías que fueron desplegadas entonces.

La obra pone de manifiesto el destrato “normalizado” hacia las mujeres y los niños

La obra será publicada en papel por la editorial La Docta Ignorancia. Dirigido al público en general, de fácil lectura, además de atrapar a los amantes de las historias con estas características, abriga el objetivo de poner sobre el tapete ese lugar de destrato “normalizado” hacia las mujeres y niños que llama la atención desde el modo de contar de algunos personajes. Argumentaciones, complicidades, silencios que invitan a la reflexión profunda para comprender y desactivar las miradas que persisten en un mundo “adultocéntrico y patriarcal” – como define la prolífica e internacionalmente premiada escritora de Castelar Maria Rosa Lojo, autora del prólogo de esta obra.

Un prólogo que titula “Campanas Inaudibles” expresando, entre otros conceptos: “La escena del crimen posee todos los elementos de una tragedia saturada de reverberaciones simbólicas. Encontraron a Anita en el segundo descanso se la escalera que llevaba al campanario dentro de la capilla. La habían ahorcado con las mismas sogas que se utilizaban para cerrar los bancos en las bodas y en los funerales”

“Yo lo contextualizo como feminicidio porque es un crimen de Estado”- asegura la licenciada Almada quien se basa en un concepto introducido en el lenguaje  por la antropóloga y feminista mexicana Marcela Lagarde. Según explica ella, el feminicidio comprende el conjunto de delitos de lesa humanidad que reúnen crímenes, secuestros, desapariciones de mujeres y niñas ante un colapso institucional. O sea, no es un varón en la soledad de su hogar quien descuartiza, quema o aniquila la vida de una mujer (Femicidio), sino que hay un Estado detrás que permite, por acción u omisión, que este delito suceda. El feminicidio habla de la impunidad estructural que genera y habilita la posibilidad de ese asesinato, no da garantía a las mujeres y las niñas, y no crea las condiciones de seguridad para sus vidas, ni en la comunidad, ni en la casa, ni en los espacios de trabajo, ni en el espacio público”, concluye.

Para quien desee profundizar en su trabajo puede encontrarla en sus cuentas de redes sociales: almadasoniaok

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