Son por lo menos dos las víctimas que denunciaron el accionar de una mujer de 70 años que estafaba por plataformas digitales con la venta de cadenas de oro. Para la justicia, de todos modos, hay más personas perjudicadas, que esperan que a partir de la confirmación de que ya fue identificada se animen a contar sus experiencias.
La operatoria era simple: Liliana Beatriz Villarruel (así es su identidad real) presentaba publicaciones con ofertas a través de la red social Marketplace con el perfil de ‘Beatriz Rosales’. Supuestamente tenía en su poder a la venta las alhajas en 18 kilates a un valor de 900 mil pesos, muy por debajo del real de mercado.
Así la contactaron dos personas, con las que acordó sendos encuentros. El primero de ellos fue en la vía pública, sobre la calle 24 de Octubre al 800 del centro de Ituzaingó. La vendedora llegó, se presentó y mostró una faz inofensiva y amable. Sin embargo, detrás de esa actitud estaba escondido su verdadero rostro, que quedó al descubierto cuando el comprador descubrió que el producto era falso.
Villarruel, que había llegado en auto acompañado por un sujeto que actuaba de guardaespaldas, no se quedó de brazos cruzados. Convocó a su cómplice, que se acercó a la víctima con un arma dentro de una bolsa y le exigió que ponga el dinero que tenía para la operación ahí dentro. “Poné la guita acá que estamos armados”, fue la intimidación que oyó el cliente, que hizo caso sin oponer resistencia. De inmediato se fueron a bordo de un Chevrolet Corsa negro.
La segunda estafa y el insólito pedido a la justicia
El segundo episodio sucedió días después al mediodía en el interior del local Mostaza de la calle Zufriategui al 900, también en el centro de ese distrito. Allí la anciana acordó un encuentro ahora con una mujer interesada en la compra de una cadena de oro también en 18 kilates. Pero ahí no fue un robo sino directamente una estafa.
Es que Villarruel le entregó a la víctima una baratija de circunstancia a cambio del pago de 880.000 pesos, que le abonó en efectivo en el local gastronómico. Luego se retiró y al rato constató que era falsa, por lo que de inmediato radicó la denuncia.
La fiscal María Alejandra Bonini, de la UFI Descentralizada N° 2 de Ituzaingó rápidamente hilvanó ambos casos y constató que se trataba de la misma persona por los datos aportados por ambos compradores. Luego de corroborar quién era en verdad ‘Beatriz Rosales’, la funcionaria solicitó la realización de un allanamiento en su domicilio, en donde la sospechosa fue detenida.
En la casa de Villarruel la Policía secuestró un celular, que ahora está siendo peritado por la justicia para constatar si consiguió concretar más encuentros con eventuales víctimas, que quizá no denunciaron por vergüenza. La mujer quedó procesada en una causa por estafas -una en grado de tentativa- y robo agravado por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no puede tenerse de ningún modo por acreditada.
Sin embargo, por su edad, por la falta de antecedentes penales y por la calificación legal recuperó su libertad. Aunque lo más insólito de todo fue que, una vez que se fue a su casa, presentó un escrito para solicitar a la justicia autorización para realizar un viaje a Cataratas con su pareja para descontracturarse. Obviamente, el planteo fue rechazado.











