Michelle Ulivi es ingeniera química, se graduó en Estados Unidos y volvió a la Argentina. Nació y se crió en Hurlingham y decidió, impulsada por su papá, ir a probar suerte por el mundo. Estuvo siete años afuera del país y regresó para apostar a un proyecto familiar con el que hoy les va bárbaro. Actualmente está a cargo del área de producción de los chicles Bluper, una golosina que causa sensación y que se vende a todo el territorio nacional. Es un producto de la empresa Confitel, instalada en el Parque Industrial La Cantábrica, en Haedo.
“Soy de Hurlingham de toda la vida, crecí ahí, y cuando terminé el colegio me fui a estudiar Ingeniería Química a Estados Unidos. Mi papá es de allá y siempre nos empujó para ir afuera a tener otras experiencias y una educación distinta. Cuando me recibí me fui a Inglaterra por amor trabajé en una multinacional un par de años, y mi papá siempre quiso que lo vengamos a ayudar, porque él nos quiere dejar la empresa a nosotros y es una gran oportunidad tener algo propio que podamos hacer crecer”, contó Michelle en una entrevista con Primer Plano Online.
La joven profesional recibió un llamado que la hizo cambiar su horizonte. “Vengan que tengo este proyecto para empezar, pero yo solo no puedo” fue la frase que escuchó de su papá y que la invitó a pegar la vuelta a su patria, el oeste del conurbano bonaerense. “Costó un montón, porque no sabíamos nada de fabricar chicles. Yo tenía 24 años y un poco de experiencia, pero no tanta”, rememora. Emprendió el proyecto, lo abrazó como algo familiar y arrancó.
Primero con la instalación de la planta, luego con la multiplicidad de pruebas que amerita la puesta en marcha de una línea de producción completamente distinta, debido a que anteriormente se dedicaban a fabricar juguetes. “Hacíamos juguetes chiquititos que le vendíamos a fabricantes de golosinas para que las rellenen. Entonces pensamos en hacer lo mismo, golosinas con juguetes, hasta que llegamos a la conclusión de que era más negocio hacer la golosina sola”, reveló.
“El de sandía es el mejor de todos”, afirmó sobre los sabores de los chicles que producen a gran escala. Ella está al frente de la línea de producción, mientras que su hermano se dedica a la parte comercial, de ventas y marketing. “Hay mucho trabajo por suerte, estamos tomando más gente porque no damos abasto y cada vez la fábrica nos queda más chica. Estamos todo el tiempo moviendo las paredes, las máquinas. Por suerte estamos muy bien”, se sinceró.
La empresa vende a mayoristas grandes de todo el país. Cuentan con clientes en Ushuaia, en Jujuy, en Salta, que a su vez luego revenden los productos a comercios de cada región. Bluper tiene por ahora formato chicle y próximamente tendrá la variante en versión pastillas.
“¿Por qué decidiste volver al país?”, la consultó Primer Plano Online. “Estuve siete años afuera y quería venir a ayudar a mi papá, ser parte de un proyecto propio y también extrañaba, la familia tira mucho. Creo en el país: hay muchas oportunidades acá, y lo que yo veo en nuestro rubro es que hay una cantidad increíble de cosas que se pueden hacer, porque no están los productos que se ven afuera”, describió.
“Cada vez que viajo o que me traen muestras de golosinas me vuelvo loca y ya las quiero fabricar, porque acá no las hace nadie. Pero bueno, todo lleva mucho tiempo, trabajo y pruebas, lo que no quita que hay muchas posibilidades de hacer cosas nuevas”, concluyó.









