Maxi Villa, el adolescente de Ramos Mejía con parálisis cerebral que ganó dos medallas de oro en atletismo

Lo primero que te puedo contar de mi hijo es que es un amor de persona. Vive luchando con muchas dificultades desde chico, por ejemplo, siete operaciones de oído, y sabe que nada es imposible. Con esfuerzo todo tiene sus frutos”.

Laura Ferrari es la mamá de Maximiliano Villa. Su hijo, de 16 años, acaba de ganar dos medallas de Oro y una de Plata en los Juegos Parapanamericanos en Bogotá, Colombia, después de competir contra los mejores de su categoría. Ella no necesitaba las preseas para hablar del muchacho y que su pecho se infle de orgullo, pero sabe que en la cabeza del adolescente lo que acaba de conseguir es un logro inconmensurable.

Tiene mucho por delante. Ahora me dice ‘mamá, voy a ir al Mundial’ y yo le creo, porque lo que se propone lo consigue”, le cuenta la mujer a Primer Plano Online en una charla telefónica. A Maxi le detectaron una parálisis cerebral de chico, que le afectó la parte motriz principalmente, y ya un poco más grande los médicos advirtieron que la columna se le empezó a desviar.

Ahí apareció mamá, para exigirle que dejara de estar tanto tiempo frente a la computadora y eligiera un deporte para practicar. “Había probado con otras disciplinas, pero no encajaba, lo dejaban de lado porque camina en puntas de pie. Incluso cuando lo llevé para que arranque en atletismo tuvimos que esperar que llegue el profesor y se quería ir, pero lo convencí de que espere y ahí están los frutos”, agrega Laura.

Maxi mostrando una de las medallas de oro que se trajo de Bogotá

Mamá, “súper orgullosa” de su hijo, le reconoce la voluntad de superación y esa impronta de ponerse nuevos desafíos por delante. Por caso, recuerda el día que le dijo que quería estudiar en la Escuela Técnica Nº 4 de San Justo y arrancó, con adaptación. “Ya está en quinto año”, cuenta, y también destaca que Maxi viaja dos horas de ida y otro tanto de vuelta en colectivo hasta el kilómetro 35, en Virrey del Pino, para su entrenamiento, que también realiza en el Polideportivo Balestrini.

Marisa Torres fue su descubridora en este deporte. “Tiene un don especial”, le dijo a Laura sobre Maxi. Adrián Botaro, su entrenador, lo ayudó a perfeccionar su manera de prepararse para competir. “Nadie sabía que tenía esa virtud y ahora está encantado”, define la madre. El chico ya había ganado los Juegos Bonaerenses y los Evita.

La vuelta de este campeón de la vida no estuvo exenta de sorpresas. Viajó con la Delegación Argentina a competir, sin compañía de familiares, bajó del avión y se subió a un colectivo desde el aeropuerto de Ezeiza hasta su casa. Pero tuvo una gran recepción armada por sus allegados: papá, mamá y su hermana de diez años, además de sus abuelos, de los cuales el materno tiene antecedentes en el atletismo y fue clave en impulsarlo a practicar la disciplina.

Los Bomberos Voluntarios de Ramos Mejía pusieron sus autobombas para trasladarlo hasta su casa y que el barrio entero salga a saludarlo y a felicitar su logro. Sin entender mucho de lo que pasaba, Maxi bajó de la camioneta y caminó entre el humo de las bengalas, papelitos de colores y la bandera argentina envolviendo sus hombros. Y las medallas colgando de su cuello, al grito de “dale campeón”, que le devolvían quienes lo esperaron.

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