Un efectivo policial que se hizo pasar por comprador consiguió la clave para el procedimiento. Se acercó hasta el lugar, ubicado sobre la calle Calderón de la Barca, entre Tafí y el Rio Matanza, atravesó una de las postas de seguridad y llegó hasta el punto de venta, no sin antes ser requisado y recibir las instrucciones de rigor. Siguió caminando entre la arboleda y se puso en la fila.
Su observación fue nítida: vio cómo una joven se acercó a quien contaba dinero en gran cantidad, le dejó una bolsa de nylon con la sustancia a vender y se retiró hacia una suerte de carpa. Las operaciones se hacían bajo el formato de pasamanos, y en esa lona azul detrás se guardaban armas largas, como para dejar en claro quién manda en el terreno.
Con esos elementos reunidos, y una investigación que se inició de manera anónima a cargo del Juzgado Federal Nº 2 de Morón, cuyo responsable es el juez Jorge Rodríguez, y la Secretaría Nº 5 en manos de Lorena Reynoso, la Estación de Policía de La Matanza dispuso un procedimiento especial para desbaratar a la organización delictiva que, además de su actividad comercializando pasta base, cocaína y marihuana, tenía amenazado al barrio.
El allanamiento concluyó con la detención de 11 personas y el secuestro de gran cantidad de armas de uso civil y de guerra, chalecos antibalas, dinero, vehículos y estupefacientes (6357 envoltorios pequeños de pasta base, marihuana y cocaína, 7944,6 kg de pasta base, 5282,7 kg de cocaína y 2989,88 kg de marihuana).
“Hasta ese lugar, a la vera del Río Matanza, llegaban distintas personas para adquirir los alcaloides, quienes se dirigían hacia un sector de arboleda donde eran recibidos en una primera posta por personas armadas que los revisaban y hasta les sacaban las vestimentas. Luego pasar a una segunda instancia donde entregaban el dinero. Luego de un momento recibían los estupefacientes para finalmente retirarse del lugar”, precisó una fuente de la investigación consultada por Primer Plano Online.
EL PUENTE DE MADERA
Sobre el curso de agua existe un puente de madera precario, que une ambas márgenes del Río Matanza. De un lado es La Matanza y del otro Ezeiza. Para llegar a esa altura por el lado del partido del sur del conurbano deben recorrerse varios kilómetros a campo traviesa, es decir, no hay caminos ni forma de llegar en vehículos. De ahí la complejidad del procedimiento, que se terminó concretando por agua.
La actividad ilegal de esta organización era ejecutada por varios vendedores, quienes respondían a distintas líderes. Existen, además, en todo el terruño diversos jóvenes conocidos como soldaditos que vigilan el territorio para evitar sobresaltos. La mayoría de ellos están armados, como si fuera un verdadero ejército. “Durante las vigilancias encubiertas se oyeron detonaciones”, agregaron los voceros.
En la investigación, todavía en curso, quedaron establecidas las identidades de los líderes de la banda narco, los proveedores, organizadores y vendedores, muchos de ellos pertenecientes a la barra brava del Club Social y Cultural Deportivo Laferrere. Son los mismos que semanas atrás fueron protagonistas de un video donde se los observaba blandir armas de fuego desde un colectivo en la previa de un partido de su equipo.










