Santiago Silvoso manejaba borracho, a una velocidad alta para el lugar que transitaba (Pampa y Obligado, en la zona de la costanera porteña), se anticipó a otros vehículos en zigzag y pasó en rojo el semáforo por el que transitaba Macarena Mendizábal en su propio auto, pero que manejaba un amigo. De por sí, esa descripción acumula agravantes, pero mucho más si se toma una referencia: se trata de alguien que era corredor profesional, con licencia habilitante, con lo cual la representación del daño que causó debió haberlo considerado.
Pero no lo hizo y truncó una vida. La de una jovencita de 21 años, que cursaba el 4° año de Psicología en la Universidad Católica Argentina (UCA), entrenaba patín artístico cinco horas diarias y había sido dos veces campeona nacional, y los viernes iba a ayudar a un Hogar de chicos, en Florida. Esa era Maca hasta el 5 de abril de 2015 cuando el destino le cruzó a Silvoso en su camino. Ahora, es una mujer en estado vegetativo, que hasta respira asistida por máquinas y es atendida por alrededor de 15 profesionales a diario.
Ese cuadro de situación, para la justicia implicó tres años de prisión efectiva al responsable por “lesiones gravísimas culposas”, es decir, no tuvo intención de provocar semejante daño, más cuatro años de inhabilitación para manejar. De ahí en más la impotencia de la familia y la decisión de apelar, como se expuso en el momento del fallo, el martes pasado.
A 48 horas de otro puñal que recibió en su humanidad, la mamá de Maca, Adriana Aruj, visitó los estudios del programa periodístico Primer Plano Recargado para contar lo que no se vio de la sentencia: el regreso a casa, el reencuentro con su hija y la frustración de sentir que no pudieron conseguir, como familia, una condena acorde al irreparable daño que padecieron.
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“Volví a casa, la abracé y le prometí que vamos a seguir peleando. No me da menos dolor que haya una sentencia, porque tengo un dolor de mamá que está acá adentro (se señala el corazón) todos los días. Una vida casi perfecta que tenía mi hija truncada: en un segundo alguien me la arrebató, y por eso voy a seguir luchando hasta el último día”, reveló Adriana.
Los Mendizábal decidieron que apelarán el fallo de la jueza María Cecilia Maiza. Y que avanzarán con el reclamo en la órbita civil, para compensar algo de la inversión familiar que requiere mantener a Macarena con vida. Adriana lo sintetiza con el argumento de que “mamá y papá no somos eternos, y si algún día no estamos ella seguirá necesitando de sus tratamientos”. Es que allí radica otra parte de la historia: la compañía de seguro de Silvoso no se hizo cargo de la tragedia que provocó su cliente porque estaba alcoholizado.










