Rubén González se define como “un perseverante del agua”, pero pertenece a una categoría de elite a la que pocos pueden llegar, dado que es un nadador de aguas abiertas y desde el 2013 un especialista en aguas frías”. Actualmente es guardavidas en el Club SITAS, de Palomar, y también entrena en la pileta de La Fuerza Aérea. Si bien siempre lo acompañan amigos del club, de la vida y tiene apoyos, no cuenta con sponsor alguno que pueda costear económicamente a nuestro atleta argentino.
Orgulloso por el logro obtenido, Rubén contó cómo fue realizar la epopeya de cruzar a nado las Islas Malvinas en el Estrecho de San Carlos entre la Isla Soledad y Gran Malvina y, como si fuera poco, sumo la compañía de su amiga británica Jade Perry: juntos lograron completar una travesía de casi 5 km, en una hora y media, con 9° de temperatura en el agua y sin traje de protección. Fue el pasado el 13 de marzo, lo que le permitió darle una connotación admirable y ejemplificadora a la “Causa Malvinas”.
“Nado desde chiquito y siempre estuve conectado con el agua e innumerables competencias y torneos, pero me cansé de mirar el cronometro, segundos antes, segundos después. Siempre supe que podía estar más allá de los tiempos. Nadé en aguas abiertas y luego vinieron otros desafíos. Quería hacer algo trascendental, nadar en aguas frías, con temperaturas por debajo de los 0 grados”, contó.
Rubén detalló en la entrevista que su entrenamiento “nunca para, y se va intensificando”. Por lo general, para este tipo de travesías le demanda no menos de un año de preparación. “En el invierno nadie en la costa argentina, en lagos de Viedma, en Bariloche y en mi casa en una pileta con hielo”, señaló. Hace bastantes años que nada en aguas frías: primero fue el Canal de Beagle, Lago del Desierto, Glaciar Perito Moreno en Lago Argentino. Su entrenadora es María Inés Mato.
Sin dudarlo, describió que el viento es el peor enemigo para las aventuras en aguas abiertas y frías. Pero en su desafío malvinero contó con el respaldo de Jade, “una gran amiga” a la que conoció hace unos años y también nada en esos mares helados. “Fue la primera vez que dos personas cruzaron juntas y sin traje de neopren. El cruce tiene un mensaje simbólico por los dos países que habían estado en conflicto. Yo lo hice como homenaje a los héroes de Malvinas, a los que se quedaron allá y a los que volvieron”, sintetizó Rubén.
El docente de La Matanza contó también que no tuvo familiares directos involucrados en la guerra, pero que siempre su padre le habló de Malvinas y por eso se sintió involucrado en la causa. Y concluyó en “tal vez en otro estrecho de Malvinas” a la hora de elegir su próximo desafío.











